19.8.26

Diario de un verano (3-IV): Sleepless Nights


 Escribo esto tras una de las peores noches en Palma. Noche infernal, la llaman, al parecer en meteorología, cuando las mínimas no bajan de 30º. Este verano marca un antes y un después en cuanto a cómo notamos los efectos del cambio climático. Los anteriores fueron puntualmente duros, pero éste sólo ha dado tregua unos 10 días, que yo recuerde. Yo, que era una persona a la que molestaban las corrientes del aire, ya no puedo vivir sin estar delante de un ventilador. Necesito que esto pare ya. 

Hasta principios de agosto había llevado un buen ritmo lector: he conseguido quitarme de encima una parte importante de la pila de lecturas pendientes que había acumulado. No obstante, después de unas treinta lecturas -con sus correspondientes reseñas, que podéis leer en Iconotropía-, ahora me tocaba enfrentarme con las lecturas más largas, complejas o farragosas de esa pila, con lo que mi ánimo ha decaído un poco.  

Además, llevado un poco por la psicosis homérica que hubo a final de junio, empecé la lectura de la Odisea. El verano pasado, ya lo he comentado alguna vez, leí la Ilíada con profunda delectación. Ahora voy leyendo la Odisea, y aunque me está gustando, y descubro muchas cosas que no sabía (que, al igual que la Ilíada, no cuenta las cosas como uno se imagina), no me está fascinando igual que su hermana mayor. Quizá es por la traducción (me encanta la de Emilio Crespo de la Ilíada en Gredos), no lo sé, o por las expectativas. De momento voy por el canto VII y espero, al menos, terminarla antes de finalizar el año, porque antes de terminar el verano lo veo complicado.

No ha sido (¿está siendo?) un verano de "hacer muchas cosas" en el sentido de salir, ver gente y tal. A veces me pregunto si el problema soy yo si tengo que ser el que proponga a los amigos para quedar. No me molesta tomar la iniciativa, pero sí me mosquea el tener que hacerlo siempre. Hay que hacerse a la idea de que las amistades muchas veces no son simétricas. O, qué coño, tampoco es eso. Lo que pasa es que no conocemos en el fondo a los demás. No sabemos qué problemas tienen, en qué situación están, cómo lo llevan, y quizá no decir nada de quedar no es malicia, ni olvido. Es simplemente la vida aplastándote as usual.

Una última locura. Mi pareja no es de realizar gastos superfluos, es más, es una persona minimalista, espartana y verde. Pero tomó la iniciativa en meternos en los vinilos. Y aquí estoy, con un tocadiscos ("tornamesa" se usa mucho ahora, no lo había oído en mi vida. ¿Es un neologismo hispanoamericano o qué coño?), y nuestros primeros vinilos. Una nueva afición cara, delicada y que requiere espacio. Y como voy sobrado de espacio con los libros, cómics y juegos de mesa... Pero bueno. Problemas del primer mundo los llaman.

[Suena: Sleep - Dopesmoker

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