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19.8.26

Diario de un verano (3-IV): Sleepless Nights


Escribo esto tras una de las peores noches en Palma. Noche infernal, la llaman, al parecer en meteorología, cuando las mínimas no bajan de 30º. Este verano marca un antes y un después en cuanto a cómo notamos los efectos del cambio climático. Los anteriores fueron puntualmente duros, pero éste sólo ha dado tregua unos 10 días, que yo recuerde. Yo, que era una persona a la que molestaban las corrientes de aire, ya no puedo vivir sin estar delante de un ventilador. Necesito que esto pare ya. 

Hasta principios de agosto había llevado un buen ritmo lector: he conseguido quitarme de encima una parte importante de la pila de lecturas pendientes que había acumulado. No obstante, después de unas treinta lecturas -con sus correspondientes reseñas, que podéis leer en Iconotropía-, ahora me tocaba enfrentarme con las lecturas más largas, complejas o farragosas de esa pila, con lo que mi ánimo ha decaído un poco bastante.  

Además, llevado un poco por la psicosis homérica que hubo a final de junio, empecé la lectura de la Odisea. El verano pasado, ya lo he comentado alguna vez, leí la Ilíada con profunda delectación. Ahora voy leyendo la Odisea, y aunque me está gustando, y descubro muchas cosas que no sabía (que, al igual que la Ilíada, no cuenta las cosas como uno se imagina), no me está fascinando igual que su hermana mayor. Quizá es por la traducción (me encanta la de Emilio Crespo de la Ilíada en Gredos), no lo sé, o por las expectativas. De momento voy por el canto VII y espero, al menos, terminarla antes de finalizar el año, porque antes de terminar el verano lo veo complicado.

No ha sido (¿está siendo?) un verano de "hacer muchas cosas" en el sentido de salir, ver gente y tal. A veces me pregunto si el problema soy yo si tengo que ser el que proponga a los amigos para quedar. No me molesta tomar la iniciativa, pero sí me mosquea el tener que hacerlo siempre. Hay que hacerse a la idea de que las amistades muchas veces no son simétricas. O, qué coño, tampoco es eso. Lo que pasa es que no conocemos en el fondo a los demás. No sabemos qué problemas tienen, en qué situación están, cómo lo llevan, y quizá no decir nada de quedar no es malicia, ni olvido. Es simplemente la vida aplastándote as usual.

Una última locura. Mi pareja no es de realizar gastos superfluos, es más, es una persona minimalista, espartana y verde. Pero tomó la iniciativa en meternos en los vinilos. Y aquí estoy, con un tocadiscos ("tornamesa" se usa mucho ahora, no lo había oído en mi vida. ¿Es un neologismo hispanoamericano o qué coño?), y nuestros primeros vinilos. Una nueva afición cara, delicada y que requiere espacio. Y como voy sobrado de espacio con los libros, cómics y juegos de mesa... Pero bueno. Problemas del primer mundo los llaman.

[Suena: Sleep - Dopesmoker] 

30.7.26

Diario de un verano (3-III): Nel mezzo dell'estate

 


Estamos prácticamente finalizando julio y llegamos al ecuador de las vacaciones estivales. A pesar de que buena parte del mes ha sido difícil de aguantar, con una ola de calor, el final de mes dio una semana de respiro, que empezó ahora hace 9 días y que parece que está a punto de ser sustituida por una nueva ola. En casa compramos, donde no tenemos aire acondicionado, compramos ventiladores de techo para los dormitorios y fue como ver la luz al final del túnel. Al menos podemos pasar las noches sin desfallecer de calor.

A pesar de todo, y de este calor que ha caracterizado la mayoría del mes, me ha sorprendido que haya sido tan productivo a nivel personal. Sé que no debería valorar este tiempo de descanso en términos de productividad, pero sí, lo hago. Lo más importante: he leído, hasta ahora, unos 25 cómics, la mayoría pendientes de la pila de "trabajo", y reseñar la mayoría de ellos, ¡he vaciado una balda entera de una kallax!, y aunque en ningún otro ámbito he avanzado tanto -salvo, quizá, en el de seguir publicando: dos podcasts, algún vídeo, y muchos, muchos posts-, me siento satisfecho de esta primera parte. He conseguido también pasar desapercibido por esto mismo en casa y no recibir los habituales "estás siempre delante de la pantalla", aunque sí algún "no hacemos nada nunca" (falso, llevo la cuenta de todo). 

Julio también ha marcado una extraña marca batida: la de partidas de juegos de mesa, y es que he jugado muchísimo con mis hijas, sobre todo con la pequeña. Muchas otras partidas son solitarios o versiones digitales, pero, aunque las eliminásemos, sigue habiendo mucha partida.

La escritura de Invocaciones está un poco en punto muerto. Las noches solo en el dormitorio, yo solo y el calor, se revelaron decisivas para la finalización de Ritos nocturnos, pero montar un nuevo poemario, a sólo un año de finalizar el anterior (que, por otra parte, me ha llevado veinte años) no iba a ser tan fácil. Tengo ya material, pero hace falta pulirlo y, sobre todo, que llegue a un volumen crítico. Lo que me gustaría de verdad (aunque sea un poco imposible) sería publicar invocaciones junto a Ritos nocturnos, y ampliando el poemario (como José María Álvarez hizo con Museo de cera), porque veo que el conjunto es muy afín y uno no se entiende sin el otro, no hay una ruptura temática ni estilística. Y esa es otra: si no está terminado aún no es sólo porque no tenga momentos de inspiración en soledad para que los versos surjan, sino porque me noto muchas veces falto de inspiración, dando vueltas sobre los mismos temas, usando los mismos argumentos, y siendo demasiado continuista, copiándome a mí mismo (hasta un punto exagerado). Veremos si puedo salir de este hiato: a la poesía no le puedes meter prisa.

Finales de mes también fue el momento de la multitudinaria manifestación en Palma contra la masificación turística, que acabó con cargas policiales contra los manifestantes, con un empleo de la violencia totalmente desmesurado e ideológico si me apuráis. Estuve allí (¿podéis encontrarme en la imagen de arriba?). Un clamor y un malestar que en las Islas no va a hacer sino aumentar si no se le pone freno ya a la depredación de los recursos para el goce de unos pocos y el beneficio de aún menos.

Espero dos cosas de agosto: que el clima nos respete un poco y nos deje existir, o que si tiene que ser jodido, que pase pronto (¡dios, la que nos espera en los próximos años! No deja de preocuparme atormentarte), y que pueda ser igual de productivo que el julio.

Suena: Demon Head - Book of Changes. 

11.7.26

Diario de un verano (3-II): segunda semana

 

Después de dos olas de calor prevacacionales, hemos tenido unos días de "tregua", pero todas las predicciones indican que lo terrible está por llegar. Concretamente, la semana que viene. Me siento en cierta forma aliviado porque vamos a montar unos ventiladores, y con ello espero que la estancia en casa sea más fácil de soportar. Cuando hace tanto calor, entre que uno pierde todas las fuerzas, que no tiene ganas de hacer nada, que ponerse al frente del ordenador (realmente, el único sitio en el que puedo gestionar mis actividades) es un suplicio, y que encima el resto de la casa está pendiente de lo que haces, poco se puede avanzar.

Eso sí, me propuse sacarme encima el cerca de medio centenar largo de lecturas que tengo pendiente y que arrastro de hace meses. De momento, a día de hoy, he ido cumpliendo, y si no las he reseñado todas, al menos he ido a ritmo de una-dos por día, de manera que si todo fuera bien y a ese ritmo (lo dudo, pero estaría bien), a final de agosto podría haberme quitado la nada despreciable cifra de 40-60 lecturas. Lo he dicho ya varias veces: cuando tienes que leer por obligación, ya no es tan divertido como parece. Pero peor sería estar en la obra con este calor. [Voy publicando mis lecturas en Iconotropía]

Querría aprovechar para quedar más con mis amigos, pero el calor mismo me atenaza, eso y el hecho de que siempre he tenido una duda reverencial en pedir mi propio tiempo en casa. Siento que no tengo derecho a ello, y prefiero pedirlo cuando mi pareja ha disfrutado de alguna salida porque siento que así al menos estamos a la par. Pero esto es realmente un problema para mí. No me gusta escuchar luego según qué tipo de comentarios o de reproches "en broma". La semana que viene mismo podría tener varias quedadas y mi inquietud principal es saber si estoy pidiendo demasiado. Para quien no me conozca personalmente, que sepa que por lo demás no soy un tipo con una gran vida social. No suelo quedar mucho, no me gustan los deportes, no quedo para ver el fútbol ni voy al gimnasio. Por mi mismo carácter, tampoco me gusta viajar. 

Me aíslo en mi mundo. No pongo las noticias, porque sólo espero encontrar fútbol, terremotos, malas noticias desde EEUU, incendios y que va a hacer mucho calor. Al final me tomo como "mi propio videojuego" sentarme delante de la pantalla a escribir todo lo que tengo pendiente.

Me paro a pensar en mi situación laboral. Estoy a medio camino de mi vida como trabajador, y la perspectiva de la docencia se hace cada vez más incómoda. La IA ha acabado de destrozarlo todo. Firmemente creo -derias de señor mayor aparte- que el futuro pasa por personas que dominen primero el mundo analógico y luego el digital. No me veo otros 20 años dando clases a este ritmo, con estos contenidos. El humanismo y la cultura interesa cada vez menos, pero no es el pataleo socrático de siempre: hemos dejado que todo nuestro ocio gire en torno a pantallas que vamos deslizando. Hoy mismo he leído un artículo que descargaba de culpa a los móviles y decía que lo que necesitaban los niños era más juego libre y sin supervisión, también digital. Lo apoyo y lo comparto, al menos parcialmente. En lo digital no. Bueno, sí: juego libre y sin supervisión, hasta cierto punto, con juegos sin conexión. Lidiando contra la frustración en 8 y 16 bits. Lo estoy haciendo con mis hijas. No sé cómo resultaremos objetivamente como padres, pero desde luego seguro que lo haremos mal para ellas. 

Seguiremos.

Suena: Hole Dweller - Flies the Coop II. 

26.6.26

Diario de un verano (3-I): Antes de que todo empiece


Vuelvo como en los últimos años a crear un mini diario en el que contar algunas impresiones de esta época de canícula. Y esta vez lo empiezo antes del inicio del "verano", esto es, antes de julio, antes de haber empezado las vacaciones, buscando planificar esta temporada e intentando poner ilusión en una desiderata que me empuje a tener un verano productivo.

La verdad, no sé qué esperar de este verano. El calor extremo se ha presentado en forma de ola de calor antes de terminar junio (de hecho, aquí seguimos, castigados por temperaturas anormalmente altas para esta época, rezando por un respiro, por esos días de prestado que otros años he mencionado). Cuando llega ese calor no me apetece hacer nada, más que vegetar. Es una sensación horrible la de esa "improducción", la de ver el tiempo pasar sin "aprovecharlo" de algún modo. Hasta ahora este año está resultado flojo a nivel de resultados: pocos libros, pocas películas, pocos cómics, ¡poco rol, pocas partidas!, cero videojuegos, menos música... ¿Qué coño estoy haciendo con mi tiempo, dónde se van las horas? No tengo ni idea.  

Me gustaría ponerme al día con las lecturas, sobre todo de cómic. También me gustaría ponerme a prueba y ver si sale la continuación de Ritos nocturnos en estas noches de dormir solo en el piso de arriba. Me tienta sumergirme en un videojuego que tire de mí, pero soy consciente de que es algo a lo que hay que entregar muchas horas, horas que no tengo... Me gustaría, ahora que me he probado a mí mismo haciendo unos diez mil pasos al día de forma sostenida al ir al trabajo, intentar hacer algo de ejercicio y ¡glups! bajar de peso. Aunque no será con afán romántico, porque la falta de intimidad de pareja cada vez la llevo con más desapego por mi parte. 

En fin, es tarde y temo estar haciendo demasiado ruido tecleando mientras el resto de la casa duerme. Seguiré contando mi verano aquí. 

Suena: Opeth - Morningrise. 

18.11.25

Vuelvo a cargar contra la IA, Tiktok y en general contra el turboconsumismo mediático

[AVISO: esta es un reflexión que seguramente reitera cosas que ya he dicho previamente. El lector está avisado de mi obsesión, indignación e irritación con los fenómenos que comentaré.]

Hace poco me llegaba un estudio científico que resumía sus conclusiones de esta manera: cuanto más cortos son los vídeos que los usuarios consumen en redes, mayor es el daño a la actividad cerebral de aquellos. [No es éste, pero aquí tenéis una buena explicación en español] No es la primera vez que menciono, creo, esta característica de los medios actuales: la atomización máxima de los contenidos. Primero fue pasar del texto a la imagen, de la lectura al vídeo, y finalmente, éste, cuanto más breve mejor. Reels, historias, shorts... Cada vez más breves: 2 minutos, 1 minuto, 30 segundos... Shorts de ¡10 segundos! DIEZ SEGUNDOS. ¿Qué le estamos haciendo, voluntariamente, a nuestros cerebros? ¿Acostumbrarlo a ráfagas ultrarrápidas de información por lo demás trivial? La capacidad de concentración ha sido totalmente aniquilada. ¿Queremos que en clase permanezcan atentos una hora, 45 minutos, media hora? Hace tiempo que la didáctica nos dice que hay que hacer pausar, cambiar de actividades, limitar los períodos de lectura/estudio/explicación... Hace tiempo ya se indicaba, digo, mucho antes de esta debacle cerebral a la que asistimos actualmente. Ahora es infinitamente peor. En los muchos viajes en bus que hago desde que no tengo coche, observo perplejo cómo la atención de la gente ha sido robada por estos engendros mecánicos: la mayoría está viendo flashes de vídeos que pasan a la velocidad de la luz, cada uno de ellos sin relación con el anterior, sin sentido narrativo, sólo pulsos de bits destinados a satisfacer nuestra dopamina, memes, cancioncillas, bailes estúpidos, intentos desesperados de interacción y clickbait (pose femenina sensual y texto "si me vieras entrar en tu habitación así, ¿qué me harías?").

La escuela, la educación, tiene que enfrentarse a esto sin armas. Los más optimistas querrán entrar en este juego, que los docentes nos adaptemos a los tiempos y que creemos materiales didácticos acorde con esta nueva sociedad hiperveloz cuando no tiene que ser así; no, me niego. Estamos haciéndole el juego a las grandes empresas que han apostado por hacer dinero por toda esta tecnología, todo este contenido que nos hace más idiotas, y les da igual. Les da absolutamente igual. Nos quieren consumidores, imbéciles, atentos sólo a la nueva novedad del mercado. Se está intentando imponer por cualquier medio el conjunto vacío mental, la nula capacidad crítica, la distancia reflexiva cero. Cada año, en clase, se hace más y más difícil leer textos, pero hace un par la capacidad de lectura y de comprensión ha caído en barrena, porque los alumnos y alumnas no leen, no leen en absoluto, el libro se convierte, cada curso más, en un animal mitológico. Pueden contarse con los dedos de dos (o una) manos los que llegan con hábito lector a secundaria. Se ha perdido totalmente el hábito, leer ya es una práctica arcaica, aburrida, obsoleta, de perdedores, ideada sólo para matar de aburrimiento a una sociedad ultrarrápida que no puede perder el tiempo en leer dos veces unos pensamientos que escribió un matao hace doscientos años. Cortamos de raíz con todos nuestros lazos con el pasado, las palabras se desvanecen, y no son reemplazadas más que por memes. Esto es así. Todos los indicadores nos lo dicen, los testimonios de cualquier persona que trabaje con niños y adolescentes nos llevará a lo mismo; se trata de una verdad constatada ampliamente, quien lo niegue quiere engañarnos. ¿Cómo puedo yo combatir todo esto sin un apoyo familiar, sin una familia que comparta mis ideales humanistas, sin que tengan en común conmigo el infinito valor de (¡o por lo menos, maldita sea, el respeto por!) la cultura, los libros, el arte, la música, la filosofía. 

Cada año el humanista que hay dentro de mí muere un poco más cuando nuevas generaciones apenas, lean bien esto, pueden recordar haber leído (o escuchado) un cuento tradicional, o visto películas consideradas "clásicas" (ya no hablo de joyas del cine, me basta el catálogo de Disney de los últimos 30 años), nada, el vocabulario es cada vez más parco, y en cada lectura que hacemos del libro de texto cada año las dudas con las palabras que desconocen son más. Las palabras, y en consecuencia el mundo, se distancian cada vez más de ellos. ¿Qué puedo hacer yo delante de esto? 

1ª Conclusión: Tiktok, los shorts y en general las redes que ofrecen vídeos ultrabreves son un cáncer para nuestro cerebro y nuestra forma de entender el mundo.

Implicación: ¿La simplificación a la que forzosamente someten estos contenidos hiperbreves la realidad de los hechos es culpable del auge de ideologías de extrema derecha, que muchas veces van acompañadas por otro tipo de creencias de naturaleza mítica, o por lo menos, irracional, como el movimiento antivacunas, el terraplanismo, los chemtrails, los negacionistas del cambio climático, etc? 

Y a ello añadámosle a la combinación las IAGs. No dudo de que ahora mismo, y en el futuro, tendrán aplicaciones maravillosas que nos permitirán ocupar nuestro tiempo en tareas creativas, y se ocupen de labores pesadas o tediosas, maquinales, repetitivas, que no queremos hacer. Pero, ¡otorgarle el poder de crear algo artístico, joder, en qué estamos pensando! Toda vez que las IAGs no son originales, tienen que basarse en el expolio del trabajo robado a l@s artistas que con mucho esfuerzo y aprendizaje lograron, ellos sí, crear objetos artísticos. Quiero IAs que me generen informes reales, precisos y correctos sobre la información que les doy, o me localicen información dentro de ingentes cantidades de texto, o que me solventen dudas muy concretas de reglamentos muy intrincados. NO quiero que las IAs me hagan una imagen de Ulises en las playas de Troya al atardecer, ni quiero una foto mía con Scarlett Johansson, ni un avatar al estilo Ghibli... Nos han vendido la IA como un juguete con el que distraernos y hacer tontadas. Quiero a una IA trabajando en la secuenciación del ADN para encontrar vacunas para enfermedades incurables, la quiero desentrañando una manera de que el cáncer sea una enfermedad reversible, quiero una IA a la que se entrene para que de una vez sepamos si el manuscrito Voynich era una broma de bibliófilo o contenía algún mensaje oculto.

What Luddites can teach us about resisting an automated future | MIT  Technology Review 

Ahora mismo en Educación nos encontramos en un momento muy complicado, en el que algunos sectores han optado por abrazar esta nueva época y jugar con las nuevas cartas que la tecnología ofrece. Para este sector, los reticentes, los humanistas somos más o menos luditas chapados a la antigua con miedo al cambio. Creo que es un error de enfoque. Ahora mismo es demasiado pronto como para poder analizar con lucidez y perspectiva los errores que podríamos estar cometiendo a futuro introduciendo alegremente las IAs en educación. De cualquier forma, son herramientas al abasto de todo el mundo de las que ya están haciendo uso y abuso. Es urgente un protocolo de buenas prácticas, pero soy escéptico en este sentido. El mal ya está hecho. Uno no puede poner ningún tipo (NINGUNO) de trabajo para hacer en casa que no sea susceptible de ser hecho por la máquina. Está todo perdido. Los alumnos ven en las IAs la oportunidad que ninguna otra generación tuvo hasta ahora de que te hagan todo el trabajo rápido, fácil y casi sin que se note. Por el camino, sin darse cuenta, pierden toda la capacidad crítica, de trabajo, de reflexión, de creatividad, lo que es en suma un proceso de aprendizaje basado en el error, la reiteración, el esfuerzo. El mal se deja ver ya en todos los niveles: secundaria, bachillerato, universidad. En la universidad, ChatGPT es el rey de los trabajos. 

Contra toda esta inmediatez, este mundo de las respuestas rápidas, la información espontánea, donde todo tiene que conseguirse en segundos, tenemos que rebelarnos. Preguntarnos quién está espoleando esta filosofía de vida. ¿Somos nosotros mismos? ¿O es el consumismo quien nos lleva a una vorágine insostenible desde todos los ángulos? ¿No es acaso la cara más cruenta y salvaje de un tardocapitalismo que intenta agotar sus últimos cartuchos, algo así como morir matando?

 

Para finalizar, una nota personal, casi baladí respecto a todo lo que he dicho hasta ahora, pero indicativa de algo (de qué, no lo sé). En las últimas semanas, he encontrado una notable paz interior, cada noche, al irme a la cama leyendo la Historia de Heródoto. Una lectura que empecé un poco por obligación se ha abierto a mí como una ventana a otra época, exigiéndome una atención y una paciencia pero recompensándome con una grandísima paz mental y una satisfacción lectora que no había tenido en mucho tiempo. Heródoto es algo así como un protohistoriador, y su "investigación" sobre Grecia y el Próximo Oriente me devuelve a un horizonte en el que nada de lo que he hablado más arriba existe y en el que me siento cómodo y como en casa. Su libro no tiene nada que ver con la agitación del s. XXI de la que hablábamos. Se convierte en un bálsamo en el que sumergirse, en un verdadero antídoto, un acto de rebeldía, de revolución, de disidencia. Sólo quien haya tenido esa sensación, creo, me entenderá.

 

Bibliografía:

· Efecto del consumo de videos de formato corto en las funciones ejecutivas en adolescentes.

·  Advertencia de la Sociedad Española de Neurología sobre el excesivo uso de redes sociales (2025). 

· Michel Desmurget presenta una tremenda cantidad de datos, estudios y bibliografía en La fábrica de cretinos digitales y Más libros y menos pantallas, libros ambos que recomiendo.

15.8.25

Diario de un verano (2-III): sexta semana

Gozamos de un clima inusual durante aproximadamente diez días, luego volví el calor lentamente apretar hasta estos días, en los que es furioso, insoportable. Estamos en medio de una nueva ola de calor: la nueva normalidad del verano. No hay quien haga nada. Me repito, da igual: no tengo ánimos para hacer nada. Un día habitual consiste en levantarse relativamente pronto, sacar a los perros mientras aún no haga calor, acompañar a la peque a la escuela de verano si toca, ir a hacer la compra o lo que sea, comer; la primera mejor parte del día viene entonces: caer rendido quizá media horita en la cama con un sueño profundo y reparador, no como el de la noche, que normalmente es ligero y lleno de despertares. La tarde es difícil de pasar, pero hay que intentar mantener el perfil bajo (ut supra diximus). Finalmente, cuando el sol baja del todo vuelvo a sacar a los perros, cenamos, y viene el segundo mejor momento del día: ponerse un vaso de algún brebaje con hielo que amodorre mientras ponemos algo en la tele. Este verano estamos viendo la serie de la BBC The Durrells, que adapta la trilogía de Gerald Durrell donde cuenta la estancia de cuatro años de su familia en Corfú durante los años 30. Una serie blanca y entretenida; me ha llevado a coger de la biblioteca el libro La meva família i altres animals, del propio autor, aunque me irrita un poco el tono colonialista del escritor.


Las marcas de lecturas (y de "hacer cosas", vamos, de las que aquí hago seguimiento) van lentamente avanzando y seguramente al finalizar el verano serán las habituales. Va lentamente cocinándose mi próximo poemario, sí, siguiente, porque pensaba que Ritos nocturnos sería mi primera y última incursión en este género, aun más teniendo el escaso -nulo- feedback de los lectores, pero hete aquí que me he encontrado en esas noches en las que duermo solo arriba a causa del calor anotando versos como hice el verano anterior con la etapa final de Ritos. De momento no son poemas acabados, sino más bien apuntes, ideas para trabajar, fragmentos para versificar... Y ya tengo el título: me lo dio mi apreciado profesor Toni Bernat Vistarini cuando me presentó en Can Sales: Invocaciones. Tiene todo el sentido. 

Sigo sin jugar a rol -llevo todo el año así-, agosto y su calor ha impedido casi toda la actividad en juegos de mesa o wargames... Leí Germania de Tácito en una edición bilingüe de la biblioteca y me picó el gusanillo que ya había estado meditando, de coger los libros de Latín de bachillerato y ponerme a refrescar la traducción de textos: Germania parece asequible para un nivel sencillo. Pero de nuevo me refrena el calor. 

Ya apenas quedan 15 días de estas 9 semanas de vacaciones. Sin este largo parón, francamente, yo no podría seguir trabajando.

27.7.25

Diario de un verano (2-II): cuarta semana

I hope so : r/memes 

Llevamos hoy cuatro días  en el que las temperaturas se han derrumbado y nos han dejado soñar con otros veranos posibles. Mientras -leo en redes- en el norte de Europa y en muchas partes del mundo hay una gran ola de calor -se ha llegado a 50º en Turquía-, al menos en Mallorca gozamos esta semana de una tregua dichosa. Las predicciones dicen que las siguientes semanas seguirán suaves, y yo me aferro a ellas. (Ya hablé de mi idea de "tiempo prestado" en cuestiones climáticas el año pasado). 

Sólo hace relativamente poco -un día, dos- me siento mejor. Llevo desde inicios de mes con una severa ansiedad (falta de respiración, dolores intermitentes en el pecho, etc.). Al principio pensé que era por el viaje que hacía mi pareja e hijas, y por el que me quedaba solo unos días en casa. Estuve bastante bien esos días, pero al volver ellas todo se reanudó e inclusó aumentó. Fui a la farmacia a tomarme la tensión y estaba bien. Releo el diario del año pasado y veo que hay cosas que son fruto del calor (la pérdida de fuerzas total durante las mañanas de intensa canícula, tras volver de media hora de pasear perros, por ejemplo), pero todas estas molestias... No sé exactamente de dónde vienen y a veces me intranquilizan mucho. Pero luego veo que si estoy ocupado (como las horas que dediqué a grabar y montar el podcast de Dos Flanquean Juntos) todo eso desaparece... Por tanto, ¿todo es somatización?

Pero la verdad es que el cambio de tiempo me permite el lujo de incluso estar de mejor humor, y de ver las cosas de otra manera. Es increíble lo asqueroso que es el verano húmedo de Mallorca. Quisiera pasar toda la estación en el norte, o, si tuviera que quedarme, que desapareciera el 50% de la población y del turismo. Es increíble cómo hemos normalizado en la isla la saturación de las carreteras, de las playas, de las calles, del número de vehículos. Cuando vas a otro sitio te das cuenta. Todo por el maldito dinero de unos pocos hijos de puta.

Mis lecturas avanzan muy penosamente: estoy leyendo poco a poco, pero disfrutando mucho, la Ilíada; también Por qué leer los clásicos de Italo Calvino, pero no me está convenciendo (el prológo en cambio, es magistral).  Tengo decenas y decenas de cómics pendientes de leer, y de reseñar (y eso puede que sea uno de mis factores de estrés), pero estos días he querido apartarlos para leer algo que realmente me viniera en gana, y he agarrado el Spiderman 2099 integral 1, y me lo he zampado en una tarde y una mañana. Y no es una obra maestra, pero me ha gustado. El verano sigue adelante.

2.7.25

Diario de un verano (2-I): primera semana

Arranca un nuevo verano en Villa Cisne, y al contrario del año pasado, en el que las primeras semanas de julio dieron un respiro, este año el calor aprieta desde mediados de junio, y con pocos visos de que afloje. Eso me entristece y me paraliza, me quita toda la energía. Exacerba cualquier molestia física que tenga y me deja sin ganas de hacer nada. Encima, estar en casa es un suplicio con dos niñas chinchándose y dos perros soltando pelo constantemente. Cada día es una repetición de cualquier fin de semana, en el que sacar a pasear a los perros a primera hora, preparar el desayuno, retirarlo, limpiar la cocina, barrer el piso... y agonizar un rato después de gastar todas las energías, y apenas son las 9 de la mañana. 

Y la rabia. La rabia en cuanto me pongo a darle vueltas a cómo se planifican nuestras ciudades, o las correcciones que éstas deberían estar siendo pensadas para contrarrestar los horribles veranos que nos quedan. Hoy ya no se pueden pensar más calles de determinada anchura sin árboles. No pueden pensarse parques basados en el cemento. Fíjaos en la foto de este pequeño parque cerca de casa: con una zona de arena y juegos... impracticable la mayoría de horas de sol de verano. Tenemos demasiado asfalto y poca madera. Hay que repensar urgentemente nuestras ciudades, nos va la vida. 

13.3.25

Una nueva Edad Oscura (¿y un nuevo Renacimiento?)

Costa Rican Contemporary Sculpture in Focus: Edgar Zúñiga Jiménez at MÍRAME  Fine Art | Newswire

[Soy consciente de que esta entrada es un análisis muy de cuñado, y de que la Edad Media no fue tan oscura como la historiografía nos hacía pensar. Tomadlo como lo que es: la opinión de un humanista finisecular]

Hace años que vengo advirtiéndolo en plan abuelo Cebolleta: el día que internet pete lo perderemos todo. Sólo ahora empezamos a ver la progresiva dependencia de todo lo que está online. Películas o series que dejan de estar disponibles en la web y cuya edición física ya ha desaparecido. Incompatibilidad con formatos más antiguos. Dejan de fabricarse los últimos bluray grabables (noticia de hace poco). Videojuegos que ya no son compatibles con los sistemas operativos actuales (y quien dice videojuegos, dice documentos). 

Ejemplo 1: quise ponerle a mi hija mayor, a la que le están comenzando a gustar las canciones de Michael Jackson, el episodio clásico de Los Simpson donde Homer conoce a un chalado que se cree el cantante. ¿Os acordáis, verdad? Es el 3x01, Papá, loco de atar. Muy bien, pues: en Disney+ ese episodio fue retirado (por los cargos que en su día afrontó el difunto cantante). Y para encontrar ese episodio entero... Bueno, aún no lo he encontrado. Sí, hay fragmentos en Youtube, pero el episodio, íntegro, en castellano, no está disponible en ninguna parte (o yo no he sabido dar con él). Me parece alucinante.

Ejemplo 2:  hace un par de semanas me desvelé y me puse a ver una película en Filmin. Dudaba entre Fuga de Alcatraz y Un día de furia. Al final ganó la película de Michael Douglas. Hace pocos días, volvió a pasarme y fui a ver Fuga de Alcatraz. No pude, había partido del catálogo. Al parecer ahora está en otra plataforma (que no pago). Pues bien, terminé viéndola en Ok.ru, pirateada por alguna alma caritativa que tuvo a bien compartirla ahí.

A esto, sumémosle la pesadilla fascista en la que se está sumergiendo EEUU con Trump, con intervenciones y saqueos de datos personales, cierre de páginas científicas y de organismos vitales como el Centro de Control de Enfermedades, borrado de publicaciones con ciertas palabras clave (del contexto que la derecha llama woke)... Un fantasma que amenaza con recorrer Europa y todo el mundo.

Vamos de camino a un apagón digital, en el que inevitablemente perderemos todos aquellos datos y obras que por una razón u otra dejaron de estar disponibles en la red.

Por eso es sumamente importante un repositorio de datos, grandes archivos en los que almacenar (online y offline) y proteger obras que de otro modo se van a perder, ya sea por la malicia, el olvido, o la inconveniencia turbocapitalista.

En este panorama al que vamos de cabeza surge como instrumento vital la "piratería", aquella práctica contra la que tanto nos advirtieron y que hoy parece empezar a salvar todas aquellas cosas que dejan de estar disponibles pero que alguien, con buen tino, decidió guardar hace 10 años en el fondo de un disco duro externo o un dvd grabable. Ante la gran cantidad de títulos que dejan de estar disponibles, los internautas se defienden, con nuevas formas de compartir: en los Drive de Google, en grupos de Telegram... O aún más: estoy viendo un movimiento que aboga por volver a las redes p2p (emule) o a un sistema que no me gusta tanto (torrents), aunque fuera su natural evolución. Volveremos sobre nuestras bobinas de películas guardadas, os lo advierto.

Pero hay más. Relacionado con esta Edad Oscura en lo que toca a la conservación del patrimonio cultural, científico y tecnológico, nos encontramos con otro tema: el albor de la era de la IA. El saqueo por parte de estas IAG que han esquilmado sin permiso ni legalidad un gran conjunto de obras artísticas nos devuelve un regurgitado casposo y cutre, absolutamente inoriginal, previsible, aún -en 2025- muy reconocible por los patrones que sigue (aunque mejora a velocidades insospechadas). Si anteriormente era difícil encontrar imágenes libres de uso, o mejor dicho, libres de las marcas de aguas de las grandes empresas que se apropiaron de miles y miles de imágenes libres, ahora el problema se agrava con la tremenda cantidad de basura en forma de imágenes creadas con IAG.

El gran problema: en un mundo en el que rápidamente la gran mayoría de la población terminará usando estos sistemas de IAG (ahora la mayoría gratuitos, en cuestión de meses y años, todos de pago), el estándar de qué esperar de un libro, una ilustración, un cartel, y más adelante, una canción o una película cambiará. Lentamente tragaremos con las convenciones de lo que nos ofrece la IAG y entraremos en su juego. Su estética se convertirá en canon. Normalizaremos sus productos y los tendremos en todas partes. Restaremos importancia a las imágenes de personas con seis dedos o indefectiblemente bizcas. Aceptaremos el movimiento errático y pesadillesco de los vídeos montados por IAG baratas. Hoy son los ganadores de los carteles de los carnavales de la ciudad; mañana serán los de las películas (el caso reciente de la película de los 4F, que Disney ha negado que sea IA: imposible) o álbums enteros; pasado mañana el porno y las películas. Porno personalizado en el que seremos los que diremos qué escenas queremos ver y con quién, incluso con nosotros protagonizándolas. Películas clásicas en las que podremos cambiar a los actores por nuestros favoritos. Discos apócrifos de The Doors o Queen, algunos incluso con el beneplácito de la banda (Kiss los primeros). 

Aceptaremos esta era descafeinada, edulcorada, en el que la puntilla la pondrá el ultracapitalismo, que aportará su grano de arena con la saturación del mercado, que impida prestarle la suficiente atención a cada producto como para verle las costuras. Lo mismo que ahora, pero acentuado: consumo ultrarrápido, cultura de usar y tirar, arte efímero con un fin exclusivamente crematístico. Pretenden hacernos creer que la IAG es una nueva era de popularización o socialización del arte, argumentando que aquellas otorgan el poder de crear a quien no tiene ni las herramientas ni los conocimientos para ello, que será como una tercera revolución de Gutenberg. Pero la realidad es que todos estos planteamientos  son una mera excusa para que empresas vendan sus productos, es decir, capitalismo disfrazado de libertad.  A OpenAI y a todas las empresas que se han metido en IAGs no les interesa la libertad del ser humano. Les interesa empezar a cobrar dentro de unos meses o años por sus herramientas, cuando ya creamos que no podemos pasar sin ellas. Ahora todo o casi todo es gratis, a un click o una suscripción de distancia. Pero dentro de poco no lo será, oh, claro que no. Pero mientras tanto habremos aceptado un nuevo estándar de calidad ínfima, habremos aceptado imágenes de personas con manos de muñones, con movimientos anatómicamente imposibles o que desafían las leyes de la física, textos llenos de lugares comunes y torpezas... Todo ello sin reflexionar, claro, que lo que se nos ofrece está cortado por un patrón, por un sesgo, que no controlamos, pero que en el fondo es una forma de imponer una ideología, una forma de ver e imaginar el mundo. Estandarización, homogeneización. Todo lo contrario a la libertad.

Ambos factores (la desaparición analógica y digital de los bienes culturales pre-IAG, y su sustitución por productos de ínfima calidad creados con IAG) darán lugar a una nueva Edad Oscura, en la que nos sumergiremos voluntariamente, sin casi ser conscientes, perdiendo referentes vitales acaso para la supervivencia del ser humano. Seamos francos, si hace años que los niveles de cultura decaen, ¿qué esperamos para el futuro? Toda ayuda, apoyo o suplantación que hagan las máquinas en nuestros procesos mentales es un paso más hacia una futura discapacidad mental. Así os lo digo.

Pero de esta Edad Oscura sin duda, y esta es la única nota positiva de esta reflexión, ha de surgir un nuevo Renacimiento. Un Neorrenacimiento en el que un buen día, o tras el apocalipsis y caída del sistema ultracapitalista, salgamos de este círculo vicioso y reconozcamos aquello que habíamos olvidado. Y que vuelva a valorarse el talento individual, los libros que olvidamos, el saber que fue ignorado. Un momento en que la autoría humana vuelva a ser reconocida, los grandes artistas reivindicados. Y se valorarán, si aún existen, las personas que conocen, que saben que aquello existió si aún viven, las personas-libro de Bradbury. Me explico: será el momento en que alguien le diga a ese grupo de música "mira, mejor que esta portada hecha con IAG, es ésta que te he hecho, o este cuadro del XIX que es perfecto para lo que quieres expresar". Personas que sepan recurrir a nuestra fabulosa Historia del Arte, que pongan de nuevo sobre la mesa el valor de artistas de todas las épocas y que habíamos "olvidado". Redescubriremos no sólo ya a los antiguos griegos y romanos como en el primer Renacimiento, sino a aquellos que lo protagonizaron, o a los grandes pintores del barroco, o a los músicos eternos, a los grandes escritores de todas las épocas. O a alguna oscura banda que, a día de hoy, está haciendo bolos por oscuros garitos de Seattle con una llama prometeica en su interior. O a los textos que una joven, conmovida por Safo o por Concha Méndez, ha empezado a escribir. Quiero tener fe en que la pesadilla en la que nos vamos sumiendo casi con placer algún día terminará.

26.1.25

¿El principio del fin de las redes tal como las conocemos?

No soy el primero en hacer crónica de la deriva que han hecho en los últimos años las redes. Twitter, la red social a la que me uní hace la friolera de 17 años, tras ser comprada por el ególatra bebé-hombre psicópata-multimilloranio de Elon Musk, fue empeorando mes a mes. He perdido la cuenta de downgrades que el sitio sufrió: de ser un ágora virtual en la que microbloguear, compartir enlaces, reflexiones, o incluso crear nuevos géneros litearios, Twitter (con su transformación en X) se convirtió en un estercolero tomado por bots y trols. Algunos de esos cambios: empezando por la negativa de la autentificación (check azul) hace muchos años, se pasó a que ésta fuera de pago. Además, se disoció una cosa de otra: por un lado puedes pagar por tener una cuenta de check azul, pero no tienes por qué demostrar quién eres. El resultado fue que la red se inundó de cuentas de pago que suplantaban o parodiaban cuentas reales. Con el check azul también llegó la monetización de la red, y ahí es cuando todo se vino abajo. Una masa de cuentas de pago llenó la red de contenido vacío, reacciones trol o publicaciones polémicas con la única intención de sacar dinero. Pero hubo mucho más: limitación de mensajes/día, limitación de privados, anulación de uso de Tweetdeck (cliente para gestionar varias cuentas a la vez) para cuentas no premium, intromisión en el TL de cuentas que uno no seguía, cambios automáticos de la línea "Siguiendo" a "Para ti", cuentas que uno misteriosamente dejaba de seguir sin tocar o nada (o que te dejaban de seguir), publicidad indiscriminada, cambio de filosofía en las cuentas bloqueadas (ahora sí pueden ver tu contenido, aunque no puedan interactuar contigo), estadísticas de pago, uso de comunidades de pago... Y, por si no lo he dicho ya, lenta e inexorable toma de la red por parte de cuentas de ideología neoliberal, ultraderecha y afines (por si no bastaba con la fauna terraplanista, antivacunas, anticovid, anti agenda 2030, etc.), favorecida por un algoritmo que premia la manera de pensar de su dueño. Muchos empezaron a migrar. Durante meses lo consideré, abrí cuentas en las redes alternativas, pero no me decidía a dar el salto. Eran muchos años y muchos seguidores, y eso pesa. Como en una relación tóxica, cada día aguantabas el enésimo empeoramiento de la situación, maldecías, y seguías ahí un día más. Pero las cosas empezaron a ponerse feas de verdad cuando Musk se reveló como parte integrante del futuro gobierno de Trump, candidato a la presidencia de EEUU. Y Trump ganó (posiblemente por la brutal campaña de publicidad que las redes le proporcionaron: TikTok, Facebook, Instagram... y X). Muchas cuentas oficiales de entidades importantes, universidades, periódicos, editoriales, etc., empezaban un éxodo. Personalmente mi puntilla fue ver la foto de Zuckerberg, Bezos y Musk en primera fila en la toma de posesión de Trump. 20 de enero: ahí decidí dejar X definitivamente. Horas más tarde, Musk hacía su inexcusable saludo fascista en una de sus primeras reacciones a la toma de posesión. Ya había tenido suficiente.

El discurso de Elon Musk

Sé que pensaréis, eres un ingenuo. Quedan muchas otras redes y son igual o peores (ya las he mencionado). Y tenéis razón. No voy a quedarme en X para "luchar". Es como un bar o un parque que te gusta mucho porque has pasado mucho tiempo ahí y conocido gente interesante, pero progresivamente es tomado por un montón de neonazis, y poco a poco la gente que te importa desaparece. Uno ahí no tiene nada que hacer. Lamentablemente es su coto y su cámara de eco. De ellos y de los que por ignorancia, ingenuidad o malicia siguen ahí. Pero, Josep, ¿sigues en FB, en IG...? Y la respuesta es sí. No tengo que justificarme. FB es para la familia y grupos de gente muy concreta: la verdad es que no interactúo más allá de eso. No leo el muro, no miro las actualizaciones. Publico alguna cosa, escribo o comparto enlaces en los sitios adecuados, y ya está. En IG lo mismo: mi cuenta personal es muy modesta y personal, no le importa a nadie. Y mi cuenta sobre juegos de mesa es más un sitio donde publicar e irse, no estoy muy al tanto de lo que dicen los demás. He terminado usando muchas de las redes como un contenedor donde dejar lo que hago, y ya está.

He leído ya la reacción de varias personas que han decidido, con este cambio obligado, repensar su papel en las redes. ¿Tiene sentido, tal como está, estar presente en las redes, nos lleva a algún sitio? El público está cada vez más disperso, y excepto las personas que mueven miles y miles (o centenares o millones) de seguidores, los que publicamos en las redes con algún afán (en mi caso, de divulgación), hemos visto como cada vez los lectores son menos, las interacciones merman, las estadísticas bajan y uno no puede estar constantemente tiranizado por las redes. Acabas trabajando para ellas. Esa esclavitud no la quiero. Me gusta escribir y no dejaré de hacerlo; saber que lo que uno escribe lo leen muy pocos es siempre un mazazo y motivo de consideración de dejarlo, pero repito, no podemos ser esclavizados por ello. 

Tal vez, sólo tal vez, el viraje que han tomado los acontecimientos, con una gran parte de las redes moviéndose hacia posturas que no respetan los derechos fundamentales, que ponen en cuestión valores como la ciencia, la igualdad de los seres humanos, la democracia o la emergencia climática, llevará a una parte significativa de sus usuario de buscar nuevas (o viejas) formas de comunicarse. Una de las cosas que he leído es que quizá volvamos a la época de los blogs, de los feeds y de los boletines por correo. Personalmente me alegraría de ello, porque soy una persona que se maneja con las palabras. Me gusta leer y escribir. No me gusta Youtube como herramienta, no me gusta la preponderancia de la imagen en IG; ni siquiera tengo ni he tenido ni tendré Tiktok, me negué desde el principio a entrar en ese sumidero, consciente de que es donde ahora está el meollo de la acción. Me gusta leer y escribir, repito. Quiero posts, quiero artículos, quiero reflexión pausada, quiero comentarios, quiero gente pensando lo que escribe, quiero reflexiones argumentadas, llenas de significado.

Ya he escrito en otras ocasiones lo cansado que estoy del ritmo que nos impone el capitalismo y el mercado, en mi caso en el ámbito de las novedades literarias. Estoy cansado de la dictadura de las novedades, de tener siempre una pila enorme de lecturas que hacer para reseñar, cuando no es eso lo que quiero leer realmente, tener que leer y escribir contrarreloj, y lo peor: sentirse mal por no (poder) hacerlo. Estoy cansado de tener que llamar la atención constantemente de los lectores, de buscar la interacción y el engagement, de luchar contra las malas prácticas del clickbaiting que han abrazado hasta los "mejores" medios de comunicación. Todo el mundo parece haber entrado en la era Tiktok, en la que lo único que vale es un estímulo rápido, vacío, que apele a lo más básico (normalmente a un pecado capital: la ira -"mira qué dice este imbécil"-, la lujuria -"mira qué vídeo sube esta puta zorra"-, la gula -"mira qué brutal esta pizza de hamburguesa"- o una mezcla...), con el fin de vendernos algo, de una vista, de una interacción que alguien monetizará, una era en la que nosotros somos el producto. Conforme escribo me voy cabreando. Estoy hasta los cojones.

Ha llegado la hora de repensar cómo relacionarnos, qué ofrecer, qué esperar. Los tiempos nos lo ponen en bandeja. ¿Lo conseguiremos?

17.8.24

Diario de verano (V): 7ª semana

IB3 Notícies | Nova onada de calor de l'estiu que, a diferència de la  resta, durarà més

Es irónico que en una de mis entradas anteriores hablara del buen tiempo y poco después cayeran sobre la isla tres olas de calor, una tras otra. Sólo en los últimos tres días el buen tiempo (es decir, el mal tiempo) nos ha dado un respiro. Desde el miércoles ha llovido y las temperaturas han bajado haciéndonos soñar de nuevo con el paraíso.

Durante todo este tiempo no he dejado de tener achaques. Si durante el mes pasado fue el lumbago, que iba y venía, tras las olas de calor, de nuevo insoportables, ha sido como un cansancio extremo, una debilidad que me impedía hacer cualquier cosa. Tras volver de pasear a los perros y desayunar, lo único que me apetecía era tumbarme y no hacer nada, las fuerzas me abandonaban. Hoy me he sentido mejor, pero esos días de fatiga extrema me han hecho preocuparme, a ver si voy a tener algo. Mi hipocondría siempre va un paso por delante.

Todo lo que pude avanzar la maldita primera semana de vacaciones lo he deshecho en estas últimas. En parte, me digo, la culpa la tiene en buena medida ese calor extremo que te impide hacer nada: no estás a gusto en ningún sitio, no te apetece leer, ni escribir, ni hacer una santa mierda. Menos "trabajar". Me he limitado a cumplir los mínimos en casa y a esperar que pasase este horrible calor. Y, por el contrario, en seguida que refresca y el suave viento frío que se mueve anima a hacer cosas; es como la promesa de un tiempo mejor.

Hoy, por ejemplo, he tenido los ánimos de volver a escribir, trabajar en Papel en Blanco y leer un poco. No sé si cumpliré con los números objetivos que tenía pensados para el verano, pero me digo que es el puto calor, que qué culpa tengo yo.

23.7.24

Diario de verano (IV): 3ª semana

Qué es el efecto “isla de calor” y por qué hace que las temperaturas sean  mucho más altas en las ciudades

En la tercera semana de julio preferí mantener un perfil bajo, no soliviantar a nadie en casa y en la medida de la posible seguir mis cosas en las horas muertas cuando todo el mundo descansa. Nada que destacar: perdí el empuje de trabajo de la primera semana, pero a cambio, supongo, habré hecho otras cosas. Uno de mis propósitos de verano era salir a caminar de mañana, antes del calor, con o sin perro, para mantener un poco el peso, y hacer el siempre requerido ejercicio. Lo hice bien durante dos o tres días, pero luego el cansancio me venció. Sigo sacando a los perros un buen rato, pero no me meto una hora de paso vivo hasta el cementerio cercano. Y es que nunca, nunca, he conseguido, por mucho que me esforzara, en llegar a establecer una rutina física que fuera la que luego hiciera al cuerpo pedir esa rutina. Debo quedarme en el umbral de esa dependencia hormonal o algo. Pero bueno, igual es lo mismo que me pasa con el café o la cocacola, que nunca (o al menos hasta hace relativamente poco) me han sobreestimulado, ni la valeriana me ha relajado, ni una ducha por la mañana me ha ayudado a activarme.

Durante el mes de junio y buena parte de julio gozamos en la Isla de un tiempo maravilloso. No fue hasta la segunda semana de julio que llegó la primera ola de calor del verano (mientras escribo, empezando la cuarta semana, llevamos tres días algo tórridos). Es algo que, viviendo con la ecoansiedad actual, y la crisis climática, no me podía creer. Me explico: el verano pasado fue terrible. Terrible. Y eso que pasamos una de las peores olas de calor fuera la Isla, en las maravillosas tierras asturianas. Y ésta era la idea que tenía yo para este verano; ya sabéis, lo de "este va a ser el verano más fresquito de los que te quedan por vivir". No sabéis con qué alegría he disfrutado de la suavidad de las temperaturas de este mes y medio. Aún hoy considero que no hemos llegado a las cifras de calor atroces del año pasado. Vivir para experimentar que la anterior frase no tenía por qué ser una verdad revelada me ha llenado de amor por la vida. Lo digo completamente en serio: siento que vivimos de prestado todos estos días de buenas (normales) temperaturas. Siento que ya no son lo normal, sino una anomalía dentro del gran patrón que nos lleva a la mierda. Me alegra sobremanera tener días de viento fresquito en verano; siento que no me lo merezco. Siento que se va a acabar en nada y volveremos a hundirnos en el infierno climático. Porque, amigos, vosotros y yo podemos hacer muchas cosas por el clima (en esta casa se recicla, se reutiliza, se come poca carne, no hay aire acondicionado, no se viaja en avión y hace tres años que no tengo coche), pero si los gobiernos (instigados por la gente), las grandes empresas, y los que llevan el mundo no hacen grandes cambios, nosotros, curritos, poco vamos a aportar. Esto es así. Creo realmente que estamos condenados, que no sé qué mundo dejaré a mis hijas, que quizá debería haber pensado mejor si traerlas al mundo (no me arrepiento de ello, pero veo con temor el futuro que les espera).

Tampoco sé si esta bonanza atmosférica es en realidad la antesala de algo aún peor que esté por venir, porque, como ya he dicho, apenas me creo que no esté asándome de calor y luchando por respirar. Cada día de fresco de tramuntana es un regalo al que dar gracias a la vida. ¿Se me va mucho la pinza?

20.7.24

La falsa meritocracia: carta a una ex alumna

Esta semana vi resucitar en Twitter/X una vieja polémica que cada tanto asoma la patita en la red social: la famosa idea falacia de que esforzándote mucho llegarás a donde quieras. Que la clave es soñar muy fuerte, no perder nunca de vista tus objetivos y luchar por ellos, luchar y luchar, y seguro que conseguirás lo que deseas.

Esto, querido lector, es muy bonito y muy wonderful, pero no es cierto. Al menos, no es cierto en su totalidad. Esta manera de pensar tan del sueño americano, del self-made man, del éxito por el propio esfuerzo que nos han querido vender, aparte de ser una glorificación del sistema capitalista (tienes que trabajar hasta conseguir lo que quieres; por tanto, si no lo consigues, no has luchado lo suficiente, eres un vago o un flojo), es una mentira que ignora algunas partes de la ecuación.

Es cierto que si tienes un objetivo y una meta tienes que luchar duro para conseguirla. Pero sólo eso no basta. Los casos en los que eso basta son excepciones. Y ni tan siquiera tengo claro que lo sean, porque, veréis, cuando uno llega a triunfar en algo, o en conseguir aquello que buscaba, raramente lo hace solo/a. Es ingenuo pensar que todo lo has conseguido tú, sin una ayuda, sin un apoyo. 

Porque vamos a ser realistas: cuando tienes dinero, cuando vienes de una familia acomodada que se puede permitir tus caprichos de dejar de estudiar, cambiar de estudios al primer obstáculo que encuentres, o montarte tu negocio de emprendedor sin tener que pedir dinero al banco ni arriesgar nada, así es mucho más fácil triunfar. Dinero llama a dinero, y no sólo eso: dinero significa que muchas veces esos contactos que te ayudarán a escalar ya los tienes. 

Y otro factor a tener en cuenta escapa completamente a nuestras manos: es el azar, la suerte, el estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. En esto no tenemos en absoluto ningún control, y si ese factor de la ecuación va a pesar mucho en nuestro objetivo, y no está de nuestra parte, podemos despedirnos. Esto es injusto, pero es así.

Hace tiempo hablé todo esto con una chica a la que aprecio mucho, ahora ya ex alumna. Y se lo dije en estos términos: tú eres buena alumna, una gran estudiante, tienes capacidad, inteligencia, curiosidad (¡muy importante), sentido común... Llegarás donde quieras. ¿Pero sabes lo que tienes que hacer? Conocer a mucha gente. Hacer un montón de cosas. Solo tejiendo ese tejido social a tu alrededor te podrás asegurar de que, llegado el momento, podrás contar con alguien para que te eche una mano en tus objetivos. En este punto, siempre me acuerdo de la frase lapidaria de Jacinto Benavente, "en este mundo mejor que crear afectos es crear intereses". 

Hace muchos años, en un curso de verano, un miembro de la RAE nos venía a decir esto mismo. Todas la personas que él conocía que habían conseguido ser alguien en el mundo de la cultura, habían empezado haciendo cortometrajes caseros, fanzines, asociaciones, revistas de alumnos... Habían ido tejiendo esa red. Los compañeros de larga trayectoria son impagables. 

Esa charla off the record en un curso de verano sobre yo qué sé que era (creo que sobre español como lengua extranjera, pero han pasado más de 20 años) es lo único que recuerdo de ese curso. Y desde entonces he intentado cuantas veces ha estado en mi mano a la gente con talento que me ha rodeado. No por recibir algo a cambio en algún momento, sino por algo ligeramente parecido: porque esa ayuda es la que me hubiera gustado recibir a mí en mis proyectos.

Y, de todas formas, tampoco eso significa que vayas a conseguir "triunfar" automáticamente. En el fondo, ya hemos dicho que es una suma de circunstancias. Pero esa ayuda siempre puede inclinar la balanza.

V., si tienes que quedarte con algo de lo que te contado durante los cuatro años que me tuviste como profesor, recuerda esto: ya que no tuvimos la suerte de nacer en familias ricas, no pierdas nunca la curiosidad, embárcate en mil proyectos, tengan remuneración o no, experimenta, conoce gente, sobre todo si es lo más diversa posible, investiga, crea, sé generosa con los demás. No te garantizo nada. Pero creo que es la mejor forma de construir un futuro rodeado de personas que creerán en ti y a su vez, quizá, también te brindarán el mismo apoyo que tú les diste.

19.7.24

Diario de verano (III): Nihil novum sub sole

Sunset On Pier Ruins by Photo Art By Mandy

Qué triste converger en una edad en la que sientes en tus carnes todos los malditos tópicos y te das cuenta de que no eres especial en absoluto. Tus miedos, tus manías, tus obsesiones, las cosas que te maravillan, que odias, que te dan absolutamente igual, todo lo ha sentido ya cada generación anterior a la tuya y ahora simplemente el tiempo te está poniendo en tu sitio. Sería en vano ahora escribir una novela, o un poema, que hable sobre cómo la vejez se cierne sobre uno, o sobre la frustración de la carne propia al contemplar los cuerpos jóvenes: para eso ya tenemos lo que nos dejó Quevedo, Kavafis o Brines. Muchas veces me debato entre la sensación de inutilidad absoluta que tendrían mis palabras, y la imperiosa necesidad de aún así dejar constancia de ellas, porque hace tiempo que sé que esto no lo escribo para nadie más que para mí. Todo otro lector es puramente accidental.

14.7.24

Diario de verano (II): 2ª semana

Voy a empezar con una afirmación polémica. Las mujeres buscan en su pareja a su padre. Esto puede que sea un mito o una idea del inconsciente colectivo, pero en mi caso es cierto, y además porque esa persona lo ha verbalizado ella misma (no con esas palabras, sino poniéndome en comparación). Todo lo bien que me había sentido en la primera semana se deshizo como un castillo de naipes al llegar la segunda, porque por lo visto, como siempre, me meto en mi mundo y si por mí fuera no saldría de casa en todo el verano.

No voy a defenderme ni a criticar la otra postura, porque además de airear cosas que son personales, sería inútil: sólo alguien que estuviera dentro podría tener la suficiente información como para juzgar de forma objetiva, sin dejarse llevar por lo que yo o la otra persona dijera y cómo lo dijera.

Sí que tengo que decir que lamento ser como soy, en ciertas cosas, y cómo lamentablemente me criaron al respecto. He intentado esforzarme pero siempre llego al mismo punto. He vivido muchas situaciones tóxicas que repito sin ser consciente. No ayuda que mi cabeza sea un caos. ¿Es posible que sea un caso de TDAH -leve- sin diagnosticar?

En la primera semana pude adelantar mucho la escritura y lectura de muchas cosas pendientes; no así esta segunda, en la que he optado por mantener un perfil bajo y no soliviantar a nadie. He hecho algunas cosas, pero he tenido la sensación de liberación de la primera. Me he dado contra un muro, porque pensaba que el verano sería como la primera semana. Sin duda pequé de ingenuidad y no estuve atento a las señales.

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Pasaron otras cosas: algunos engranajes se movieron (para bien), y supe de una terrible pérdida, de uno de mis maestros espirituales, el poeta murciano José María Álvarez. Qué pena no haberle podido conocer en persona (más allá de verlo recitar y que me firmara algún libro). 

Quien pudiera vivir su vida: una vida llena de lujo, mujeres, arte, música, poesía, alcohol, viajes sin preocupaciones, recitales.


6.7.24

Diario de verano (I): 1ª semana

He sentido la necesidad de dejar por escrito mis impresiones después de unos días fuera del trabajo. Estamos a sábado y mañana terminará la primera de las ocho merecidas semanas de vacaciones. El miércoles me di cuenta de que llevaba tres días y era como si llevase dos semanas, ¿y por qué? Porque la noción del tiempo, con el cambio de actividades me había sentado magníficamente.

Por las mañanas, como me despierto muy pronto, saco a los perros, o mejor dicho AL perro grande, el que puede pasearse y no al revés (que él te pasee a ti, yendo de árbol en árbol). Esas mañanas en las que, con el fresquito de las primeras horas, hago ejercicio (marcha rápida, y ocasionalmente algo de carrera), a veces con un podcast o con música de fondo, me están sentando bien. Cuando vuelvo parece que han pasado horas, cuando no son ni las ocho. 

Intentando no soliviantar los ánimos en casa (que consideran que paso demasiado tiempo delante de una pantalla), me he propuesto recuperar el ritmo de lectura, que este año ha caído en picado por cosas de la vida. No sólo tengo una montaña, literalmente, de cómics pendientes, sino también otro pequeño montón que ya he leído pero del que aún no he escrito. Así que, utilizando las horas de más inactividad de la casa, he vuelto a activar un poco más Papel en Blanco, escribiendo o programando al menos un artículo por día. La parte que se resiente es la de jugar alguna cosa, pero no puede abarcarse todo: o lees y escribes, o juegas.

Así que me siento bastante contento de esta primera semana: me he quitado de en medio una cantidad razonable de lecturas, he tenido una productiva reunión de trabajo, he ido a la librería a gastar los dineros, he resistido valientemente todo el junio y una semana de julio sin comprar ningún juego de mesa ni gastar inútilmente en las rebajas de Steam, he hecho más ejercicio que en una semana corriente de trabajo, he podido descansar un poquito cada mediodía, y me he podido dedicar a mis cosas, que es lo que realmente me ha liberado del estrés mental que llevaba.

Amebas: Qué son y qué provocan

Siento la necesidad también de expresar esto: en lo tocante al trabajo, acabó un curso muy duro en el colegio, por dos cosas: por las tensiones internas en la dirección del centro, y por la dificultad en la gestión de algunos de los grupos. Y es que una de las cosas que más me ha desgastado ha sido uno de los grupos, en cuyo paso por secundaria se ha demostrado completamente impermeable al entusiasmo que pongo en mis clases. Una clase en la que no había demasiadas actitudes malas, pero que a fuerza de pasividad y extremo desinterés, hasta el punto de posicionarse contra mí, me desanimaron completamente. El trabajo de profesor es sin duda muy ingrato.

No dejo de pensar que son adolescentes y, por tanto, muchos no son plenamente conscientes de lo que están haciendo, o repensarán su actitud con el tiempo. Pero eso no habrá evitado el sufrimiento o el desgaste que provocaron.

Liberado de estas cargas, esta primera semana me ha sentado de maravilla, y espero que sólo sea la antesala de estos dos meses de verano.

5.4.24

Sólo unas líneas para usar el blog como diario personal, como otras veces, y dejar algunas impresiones actuales. Estamos a principios de abril y termino las vacaciones de Semana Santa. Lo hago habiendo avanzado en algunas de las cosas que, normalmente, la semana laboral me impide proseguir. En esta semana y media he podido sentarme y, aún con la amenaza del "estás todo el día delante del ordenador" como una espada de Damocles encima de mí, he publicado diez entradas en Papel en Blanco, dejada una programada, he hecho difusión de los últimos quince días de publicación; he enviado dos páginas a Ultima Hora, esperando con ello retomar la periodicidad quincenal en el suplemento dominical; con ello, he recuperado también la publicación en Iconotropía como contenedor de mi trabajo divulgativo; he publicado en El Desafío de las Águilas; he limpiado los correos e intentado recuperar contactos; le he vuelto a dar un espaldarazo al proyecto de cómic; he avanzado un poco en el diseño de Que Pac Qui Deu; he hecho la declaración de la renta; he podido leer varias lecturas pendientes y entre eso y poder escribir, he aliviado algo la carga de la pila absurda de libros por leer que tengo. He cerrado un marzo de partidas bastante bueno, sobre todo en lo que respecta a wargames; he cumplido alguno de mis objetivos lúdicos para este año. He arreglado la ludoteca y la discoteca, y he purgado una caja de cartón grande de material que ya no quiero. He sacado los perros cada mañana a dar la "vuelta larga" para intentar, al menos, hacer algo de ejercicio. No he comprado, además, ningún juego en marzo, y se supone que este mes llegarán algunos. Me siento bien por el trabajo que he avanzado, y además me he sentido bien haciéndolo. Ojalá tuviéramos vidas en las que nos pudiéramos dedicar a aquello que nos gusta, nos llena y le da sentido a todo.

27.12.23

Cerrando 2023: resumen

Como cada año, hago un poco de balance de lo que ha sido este año y cómo se ha portado 2023 en lo personal.

Este año se ha movido entre varias aguas con respecto a mis números. He leído muchos menos cómics, pero más libros. La tendencia de los últimos continúa en una pescadilla que se muerde la cola: tengo menos tiempo y por tanto leo y escribo menos sobre cómics; al no hacerlo, (supongo que) las editoriales han ido perdiendo el contacto conmigo, o yo con ellas, de manera que leo y escribo aún menos... Y así estamos. Pero ¿sabéis qué? No me importa. El cómic cada vez me interesa menos. Ni he podido seguir escribiendo cómics -los dibujantes siguen dándome esquinazo y yo ya no estoy para perseguirlos/las: ¿quieres hacer un cómic? Si quieres, vamos allá. ¿No quieres? Pues no pasa nada. No vamos a ganar el Premio Nacional, después de todo-, ni lo que leo me entusiasma. Voy viendo las novedades y tampoco me llaman la atención muchos de los títulos. Tengo una particular desconexión con el género de superhéroes, sobreeditado por ECC y Panini: el 95% del material nuevo no me interesa, y luego están las constantes reediciones de material clásico, que o ya he leído o ya tengo, o tampoco es para tanto.

He jugado menos partidas de juegos de mesa, pero a más wargames. Tiene sentido, porque las partidas a wargames siempre implican muchas horas, pero estoy contento con el resultado.

He visto más películas, pero menos temporadas de series. El año pasado nos concentramos bastante en series, pero el factor principal de este cambio es que hemos dejado de ver muchísimo la tele en casa. Hay días enteros en que no la encendemos. Y con los recortes de gastos, dejamos la única plataforma que pagábamos (Netflix), aunque a finales de año nos metimos en Filmin, que me gusta mucho más por su fondo clásico y antiguo.

He jugado poquísimo a rol, y aún menos con adultos, y menos aún presencialmente. Esto sí que lo echo mucho mucho de menos.

En música, he superado las dos-tres peores marcas anuales, y por poquito no la cuarta. Pero como veremos, de novedades, pocas.

En cuanto a escribir, el nivel de posts también ha bajado mucho, y es que sencillamente no encuentro el tiempo. Estoy muy contento de que Papel en Blanco, como en 2022, ha encontrado por fin su camino con un equipo de redacción de lujo compuesto por Sarah Manzano, Eduardo Irujo, Nacho Pillonetto, Aitor Poza, Enric Pujadas, Lucía Baudet, Gudrun Palomino, Dalia Alonso y Marcela Fernández. Ellos han tirado de la web cuando yo no he podido. Estoy muy contento de tenerlos en el barco. Ya puedo decir con orgullo y alegría que Papel en Blanco no sólo soy yo, sino que es también esta maravillosa familia.

Mi trabajo en El Desafío de las Águilas sigue en marcha, porque es lo que, como ya he dicho otros años, es lo que más me motiva actualmente. Desgraciadamente no tengo el don de la ubicuidad y donde no he estado a la altura es en Bebé a Mordor, pero por suerte, en su staff hay gente mucho más motivada y preparada que yo para hablar de libros y cómics LIJ.

De los proyectos que auguraba para 2023 ninguno se ha cumplido, y es que no hay como tan siquiera hacer una velada mención ilusionante como para que no llegue nada a termino. Por lo que para 2024 no tengo ninguna esperanza concreta, al menos que quiera compartir aquí.

¿Qué esperar de 2024? No tengo la más remota idea, hoy la redacción de este balance me pilla un poco apático. Simplemente lo viviremos y veremos qué trae. Feliz Año Nuevo.

8.12.23

La salvación por la poesía

Esos poemas grabados en mi memoria, ¿están ahí, son memorables porque son intrínsecamente buenos? ¿O porque sus palabras se han simplemente grabado a fuego en nuestro interior, y como una letanía u oración, sabemos que tienen que ser así y no de otra forma, que no podrían ser de otra manera? ¿Simplemente nos hemos acostumbrado a esas palabras, su pronunciación es un ritual, una manera de sentirnos cómodos en una parcela de palabras que ya conocemos? Volver a esos poemas tan queridos es de alguna manera como sentirse en casa. A mí me gustaría poder transmitir ese escalofrío que me producen esas palabras encadenadas, que juntas producen un embrujo (¿no son acaso las fórmulas mágicas lo mismo?). Esos poemas como “Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable” o “Yo sé un himno gigante y extraño” o “Qué joven eres, Dios mío, qué joven eres”, o “En un viejo país ineficiente, algo así como España entre dos guerras”, o “Me gustas cuando dices tonterías” o “Recuerde el alma dormida”, o “En tanto que de rosa y de azucena”, o “¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?” o “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo”, o “Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo, no sé!”, o “Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte”... Algunos ejemplos que me vienen a la cabeza. Sí, son fórmulas mágicas, antiguas combinaciones de palabras que se han vuelto sagradas. No sobra ni falta nada. Me gustaría poder transmitir lo maravilloso de ese trabajo de orfebrería, cómo sus autores fueron capaces de cifrar en palabras pensamientos y sensaciones tan potentes que consiguieron albergar vida en su interior. Estos poemas están vivos, son ya una entidad independiente de sus creadores, son ideas que flotan en el éter y que han conseguido incorporarse de alguna forma. Alcanzar esto es conseguir el mayor éxito como ser humano. Debe de ser una fantasía platónica, pero lo pienso de forma irrenunciable. Ni ahora ni antes este prodigio impresionó a mis alumnos. No al menos a la mayoría. ¿Por qué entonces sigo intentándolo cada año? Transmitir esa conexión profunda, ese "escalofrío", es un desafío, especialmente en la enseñanza, donde cada estudiante reacciona a la literatura de manera única. Continuar intentándolo año tras año refleja la esperanza y la creencia en el poder transformador de la literatura, en la posibilidad de que, aunque sea para unos pocos, esos poemas puedan convertirse en algo más que palabras, en entidades vivas que enriquezcan y transformen vidas, tal como lo han hecho con la mía.

8.11.23

Now and Then

Now And Then”, la última canción de The Beatles

Ya habréis escuchado Now and Then. Hito en la arqueología musical gracias a las nuevas tecnologías, esta canción fue descartada en su momento del Anthology por el ruido que contenía. Para mi gusto, el resultado final es demasiado empastado: le sobran los arreglos orquestales,... pero la voz espectral de John y el mensaje tan bonito, es como... Uf, casi no puede decirse sin emocionarse. Es la mejor despedida del grupo, ahora que ya nos faltan dos integrantes, mucho mejor que aquel The End del Abbey Road, que ya era bueno, pero tenía un punto de resquemor para los que sabíamos en qué punto estaba la banda en aquel momento. Más de 50 años después de todo aquello, con el tiempo habiendo curado las heridas, cuando ya sólo quedan las leyendas, esta canción es como una tirita, es como ver una foto antigua de tus hijos cuando eran bebés. Es todo amor. Porque eso eran los Beatles, en el fondo: amor. Qué importan ahora las discusiones, las disensiones, los egos... Lo que nos queda es un legado de leyenda. Cuatro chicos de Liverpool que cambiaron el mundo, que llevaron a la música a un nuevo nivel. Cuatro amigos, compañeros, hermanos... El carismático y emocional John, el cerebral Paul, George el trascendente y Ringo la amistad personificada. A mí la letra de Now and Then me hace correr un escalofrío, me emociona hasta las lágrimas, y los (a veces demasiado burdos) videos de reunión imposible de los miembros con sus yos del pasado, a pesar de que a veces resultan inquietantes, me producen una honda tristeza y una profunda nostalgia. Una nostalgia de algo perdido, que en realidad, por edad, nunca viví.

Si no os ha emocionado la canción porque estáis muertos por dentro, queda el remate final. Parece ser que las palabras de despedida que Lennon le dijo a McCartney la última vez que se vieron fueron "Think about me every now and then, old friend". La historia la contó Carl Perkins y te pone la piel de gallina. Lo que deben de echar de menos Paul y Ringo a sus dos amigos no lo puede saber nadie.

Los Beatles: el histórico recital en la terraza llegó al streaming | TN





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