24.8.15

Diario de lecturas (IX)

Fui a la Biblioteca Can Sales, donde hacía mucho que no acudía, porque mi pareja quería coger algunos libros. Aproveché para revisar su sección de cómic y comprobé feliz que ha ido aumentando con los años hasta alcanzar dos pasillos. No suelo usar mucho las bibliotecas públicas, pero el fondo de Can Sales de cómic está realmente bien. Ya que estaba allí, aproveché para tomar en préstamo algunos cómics de los que había leído reseñas de mi compañero Jaume Salvà en su La maquinació temerària, de los que hoy quiero hablar mínimante, siquiera para tener una referencia personal para el futuro.
No he leído mucho a Daniel Clowes; tal vez todo lo que ha aparecido a partir de 2008, que fue cuando empecé a escribir en el periódico (Wilson, por ejemplo). Con anterioridad se me escapan sus obras, puesto que nunca llegué a él ni por amigos ni por propias lecturas; pero Salvà comenta varios de sus cómics en sus reseñas y decidí saldar la deuda con una de sus obras más reconocidas, Como un guante de seda forjado en hierro (La Cúpula, 2007). Y efectivamente, es ésta un mindfuck en toda regla, un cómic en el que el surrealismo sucio propio del autor se abre paso para contar una historia enfermiza y desquiciada sobre un puñado de personajes estravagantes, en la que el personaje protagonista es tomado por una trama de pesadilla. Un cómic complicado si uno no conoce ya el talante del autor. Como a otro que ya conocía, Sean Murphy, autor de Off Road (Dibbuks, 2006). La obra, que sigue a unos jóvenes en una salida en todoterreno por el campo, no tiene el menor interés a nivel de argumento. El autor de Punk Jesus o Hellblazer: Ciudad de demonios debuta con esta obra en un titubeante lápiez que le debe mucho al manga pero que ya presenta su peculiar estilo de líneas afiladas Es increíble cómo en un lapso de seis años, Sean Murphy ha sido capaz de evolucionar tanto y tan bien, convirtiéndose en uno de los mejores del actual mainstream
De Aude Picault había leído alguna cosilla (Travesía, Sins Entido 2010), pero no me había entusiasmado. Voy a ser sincero: cogí Papá (Sins Entido, 2010) porque me pareció un cómic fácil y rápido de leer. Y me encontré con un cómic que, en su sencillez, me cautivó. Picault se enfrenta en él a los fantasmas del suicidio de su padre, un tema que no es ajeno al mudo del cómic (que yo recuerde, así de pronto, me viene a la cabeza el extraordinario Funhome de Alison Bechdel). En su habitual estilo sencillo y minimalista, aunque a la vez barroco y lleno de líneas quebradas, Aude dialoga con su padre, busca razones, plantea su duelo, llora su pérdida de una forma muy sentida... Me ha gustado mucho, pese a la sobriedad de su propuesta.
Y para el final dejaba El misterio religioso (Zinco, 1995), de Grant Morrison y Jon J. Muth. Una obra que me sorprendió muchísimo porque nunca jamás había oído una sola referencia, imagen o portada de él, y eso a pesar de tener a dos autores importantes y a haber sido publicada hace veinte años en nuestro país. Que yo sepa, no ha sido reeditada nunca. Me la llevé con extraordinaria curiosidad. Y me encontré con un cómic de Grant Morrison en estado puro. El punto de partida: tras la representación teatral de un texto medieval, muere un actor. Concretamente el que hace de Dios. A la escena del crimen llega un agente para intentar solventar el misterio. Con esta propuesta (es decir, todo empieza con la muerte de Dios), Morrison escribe una novela gráfica corta en la que habla sobre la naturaleza de bien y del mal, del orden y el caos universal. El protagonista busca respuestas, pero el primer sospechoso interrogado le confirma que no las hay. El policía busca poner orden su mundo como justificación existencial, pero el orden no es posible en un mundo caótico como el que vivimos. Además, a eso le añadiremos que nada es lo que parece y que el protagonista oculta un secreto terrible. Una gran obra que, no sé por qué, ha quedado olvidada dentro de la carrera de Morrison, pero que es muy interesante, y a la que me gustaría dedicarle más tiempo en el futuro haciendo un análisis en profundidad. Algún día, quizá.

17.8.15

Referidos, algún día diré vuestros nombres (XI)

Algunas de las cadenas de búsqueda más disparatadas por las que los internautas han llegado a este blog en los últimos meses:

· cual es la profesion mas odiada
· peliculas de escupitajos en la cara
· los banpiros comoson enlarealida
· pesados bono noche hotel
· a mi no me mires yo vote a kodos

15.8.15

La niña del Louvre

He seguido, con una mezcla de curiosidad e indignación, las reacciones a un tuit de @davidHAjugadoco, donde aparece una fotografía tomada en el Louvre de París. En ella se ve a una niña de unos cuatro o cinco años usando un portátil a los pies de una estatua. El usuario comenta que la niña estaba viendo la película Big Hero 6 dentro del museo. Este es el tuit y ésta es la captura:

Hay reacciones para todos los gustos. Airadas e irónicas, las que más. Algunos claman por la ocurrencia de meter a la niña en el museo; otros se jactan de haber ido a París, hacerse una foto en la entrada del museo y no haber entrado, algunos señalan que evidentemente la niña estaría más interesada en ver la película que en los trozos de piedras que hay expuestas. Twitter favorece precisamente eso: el chascarrillo fácil, la digestión ultrarrápida, las respuestas mordaces, y a otra cosa.  En 144 caracteres tampoco da espacio para mucho más.
Mi primer pensamiento, y así lo retuiteé, fue que el problema no era que la niña estuviera viendo una película, sino directamente entrar en el museo con un portátil.
Pero luego le di más vueltas, de ahí que terminara descargándolo todo en este post. Para empezar: la presunción de que lo que nos dice el post sea real. Evidentemente da igual si estaba viendo Big Hero 6 o lo que fuera, eso es indiferente. Pero tenemos que fiarnos de lo que nos dice David. Primera consideración: el cuestionamiento de la veracidad de lo que vemos en internet (el chascarrillo que circuló ayer mismo sobre Sánchez Dragó teniendo relaciones sexuales en bares...  Todo muy divertido, pero por las pruebas que se aportan, podría ser todo un infundio).
Con todo, el hecho de que use el portátil es irrefutable (y no un mero portátil, es un Mac, ojo). Y aquí viene el problema que señalé yo al principio: ¿por qué entras en el Louvre con un Mac? De nuevo, la descontextualización de la imagen no nos lo permite saber (¿es un artista? ¿iba a trabajar con él dentro del museo?¿es un turista y no tenía donde dejarlo?), pero igualmente, ¿qué hace la niña usándolo? Y aquí me pongo en la piel de papá. Sí, puedes llevar a una niña de tres, cuatro o cinco años a un museo. Y le va a gustar. Sí, y si no es así es que has empezado a educarla muy mal, porque si a esa edad no tiene curiosidad, nunca la tendrá. Pero eso no quita que, al cabo de un tiempo, termine aburriéndose. Vamos, hasta nosotros nos llegamos a aburrir en los museos, confesadlo. Cuando yo visité el Louvre no tuve ni por asomo la intención de verlo todo, porque sería de locos hacerlo en una sola visita de un par de horas. Fui con unas amigas y seleccionamos las áreas que queríamos ver por intereses personales: una de ellas, cerámica antigua; yo, pintura del XIX. Pero con niños pequeños no puedes pretender que puedan estar dos o tres horas viendo obras de arte, es sencillamente imposible. ¿Y qué ocurre? Les das algo para que se entretengan. Alternativas: no vayas con los niños. O puedes ir, pero tienes que hacer descansos, sacarlos fuera, o algo así, yo qué sé. Este señor puede que le diera el portátil a la niña porque ésta estaba ya hasta el moño de estatuas romanas o ánforas griegas. No lo sabemos. ¿Era lo mejor? Cada uno sabrá.
Lo que me escama a mí de todo este tema son los comentarios que apoyan lo que hace la niña frente a la opción del museo, algunos considerando lo que he dicho más arriba, pero otros directamente descartando la opción: "el cine también es arte y también es cultura. Bastante más accesible para un chiquillo que un museo aburrido", dice uno. En algunas respuestas late en el fondo un desprecio por la cultura "canónica", una manifiesta ostentación de la ignorancia, que es lo que más asco me da de este asunto. Esta cuestión, como se ve, es cuestión de matices, y Twitter no hace más que señalar maniqueamente posiciones que tienen mucho más margen del que pensamos. Al final de darle vueltas mi conclusión es: claro que el cine es cultura, claro que la niña puede ver una película de Pixar, pero también claro que se puede ir a museos con niños pequeños, claro que una niña de cuatro años puede disfrutar de sus tesoros, y claro que terminará aburriéndose y pidiendo hacer otra cosa.
Claro que igual todo este asunto es intrascendente y en el fondo sólo un pasatiempo para crear polémica. El autor del tuit termina diciendo entre las reacciones "yo que subo chorradas para echarse unas risas y la peña se lo toma en serio". Pues nada. A otra cosa, siguiente tuit.

10.8.15

Diario de lecturas (VIII)

Voy aprovechando el verano para liquidar algunos de los libros que tenía pendientes desde su caza en la Feria del Libro de Madrid. Los cristianimos derrotados me ha gustado bastante. Llevaba mucho tiempo buscando un libro así: una historia de los movimientos heterodoxos del cristianismo, y el historiador y experto Antonio Piñero no decepciona. El libro no es un ensayo fácil, pero sí muy interesante, sobre todo para entender cómo las disensiones dentro del cristianismo fueron muchas y sonadas casi desde su nacimiento, pasando de ser una tímida rama marginal del judaísmo a tener una sola voz con el paso de los siglos y los concilios, que fueron puliendo la teología oficial y arrinconando las heterodoxias.

Encontré en la caseta de Reino de Cordelia a Luis Alberto de Cuenca; y como no tengo ningún libro suyo firmado, y quería hablar con él, aunque sólo fuera un momento, compré El cuervo y otros poemas góticos. Muchos de los poemas incluidos en esta antología romántica y emblemático-sublime ya los había leído, pero en esta ocasión venían unidos temáticamente e ilustrados por Miguel Ángel Martín (artista, por otro lado, que no es de mi interés). Como siempre, De Cuenca demuestra estar en excelente forma poética, y el conjunto, que apela a los monstruos clásicos bien como metáfora del yo o de la relación del yo con los otros, es fantástico. Destaca el poema que da título a la compilación, una relectura del clásico de Poe en clave metapoética.

Finalmente, otro libro corto: Edgar Allan Poe y otros ensayos, de Rubén Darío. Efectivamente, el texto, que reúne sus perfiles del autor de Baltimore, junto a los del Conde de Lautréamont, León Bloy y Paul Verlaine, forma parte de Los raros, título que nunca he conseguido localizar. Darío selecciona aquí a cuatro malditos, cuatro heterodoxos geniales en los que, obviamente, se ve reflejado. Poe, divino y satúrnico, borracho pero clarividente, es uno de sus referentes. Sus cuentos de terror están directamente inspirados en él y es posiblemente el primero, o al menos, uno de los primeros, en reivindicarle en la espera hispana. Posiblemente Darío se ve representado en esa fatigosa lucha que Poe llevó contra el alcohol, porque él la sabe también suya. Pero, al contrario que él (o que Bloy o Verlaine), Poe no era creyente, una pulsión que reconoce en el Príncipe de la Poesía parisino y que le acompañaría a él en sus últimos años. De Lautreámont, Darío también es uno de los primeros en defender su obra en español (cuando el nicaragüense escribe, ni siquiera se conocía su auténtico nombre, Isidore Ducasse), pero alerta de la profunda oscuridad que alberga en su interior. Y de Bloy admira su capacidad de disidencia, de luchar contra viento y marea, y ser libre para opinar vehementemente (esto es, hasta el insulto). Los cuatro perfiles son muy breves, pero permiten conocer un poco mejor, más que a esos escritores, al propio Rubén.

Ah. Y un extra, del que obviamente volveré en Iconotropía: la reedición de Pies descalzos (Hadashi No Gen), de Keiji Nakazawa  la historia de supervivencia de Gen Nakaoka en la Hiroshima de la bomba atómica. Esta es, creo, la tercera vez que leo este manga. Y siempre que lo hago consigue emocionarme hasta las lágrimas. Increíble testimonio para legar a las futuras generaciones, no sólo sobre el sinsentido de la guerra, sino también sobre la mezquindad del ser humano y su capacidad de sobrevivir.

22.7.15

Diario de los muertos: nos mudamos a RIRCA

He pensado que los posts que estoy escribiendo bajo el epígrafe Diario de los muertos, en el que hago unas apreciaciones básicas de un miniciclo de zombies que estoy haciendo de forma personal, encajan en el trabajo que estamos haciendo en RIRCA, así que voy a mudar las dos entradas que estaban ya hechas y las siguientes se publicarán allí directamente. Os animo a seguir el blog de RIRCA si os interesan las series, las películas y la investigación de estos productos audiovisuales. 

19.6.15

Volviendo a lo grande

Es habitual que, cuando somos fans de un grupo y éste saque nuevo álbum, nos decepcione. Sea porque su estilo ha virado a algo que nos desagrada o, por el contrario, porque se ha estancado y ha vuelto a hacer lo que siempre hace, las posibilidades de esa decepción son muchas. Yo creo que este sentimiento no tiene que ver tanto con cuán fan sea uno (¿cuanto más fan letal, más talibán?) sino más bien en si el grupo consigue dar un paso adelante combinando dos ingredientes básicos: quiénes son y qué quieren ser. Por eso siempre es un placer escuchar nuevos trabajos de bandas que uno ama y no sólo no sufrir una decepción, sino una agradable sorpresa, que lleva a la alegría primero y a la euforia proselitista después. En el último medio año, o así, he podido escuchar algunos nuevos álbumes que me han devuelto la fe (o la han mantenido) en algunos grupos que me gustan mucho. Veamos cuáles:

· Faith No More: Sol Invictus (2015). Se han hecho de rogar mucho; este disco y la consiguiente reunión de Faith No More se venía anunciando desde hace por lo menos dos años. Y hay que pensar que su último trabajo, Album of the Year, tenía, ¡argh!, dieciocho. Madre mía, dieciocho. ¿Y que han conseguido con Sol Invictus? Pues retomar su carrera como si apenas mediaran meses o años de su último disco, y no casi dos décadas. Y era difícil, vista la dispersión del sr. Patton en los últimos año. Pero suena definitivamente a Faith No More, sin encasillarse en géneros, sin repetirse pero siendo reconocibles desde la primera canción. 

· Opeth: Pale Communion (2014). Si habéis seguido la carrera de Opeth sabréis de que tanto a Mikael Akerfeldt como a su amiguito Steven Wilson de Porcupine Tree les ha dado, merced a sus gustos musicales, por rememorar/revivir el prog rock de los años 70. La cosa empezó en serio con el anterior Heritage de Opeth, siguió en Storm Corrosion, el álbum homónimo del proyecto paralelo que estos dos amigos crearon precisamente para dar rienda suelta a estas inquietudes, y finalmente ha acabado (ejem, bueno, "acabado"... de momento, quiero decir) con este Pale Communion. Dicen que a la tercera va la vencida y en este caso es cierto. De los tres álbums, Pale Communion es el más perfecto, el que mejor concilia la carrera de Opeth con ese amor por las atmósferas progresivas que intenta evocar Akerfeldt. Sigue sin haber guturales, pero no es otro Damnation: es un paso adelante a lo que Heritage representaba, pero depurado al máximo. Incluso el álbum se cierra con un bonus track (en ediciones especiales) consistente en una versión de Solitude de Black Sabbath.


· Ghost Brigade: IV - One with the Storm (2014). Ghost Brigade es un grupo que me ha ido ganando poco a poco. Sus dos primeros discos me parecieron buenos, pero Until Fear No Longer Defines Us me enamoró. Temeroso de lo que podría encontrarme, me enfrenté a One with the Storm para descubrir un disco compacto, sólido, del característico sonido de estos finlandeses, pesado, con riffs muy poderosos y una combinación muy buena de voces limpias y guturales. Su cuarto álbum sigue en la misma línea, pero manteniendo originalidad y frescura. No sabría precisar qué toca Ghost Brigade (en last.fm las etiquetas no se ponen de acuerdo: ¿doom, progressive metal, melodic death, dark metal?), pero me encantan, y este disco es genial.

· Paradise Lost: The Plague Within (2015). Y finalmente, Paradise Lost. En los últimos dos discos de estudio, Paradise Lost parecía luchar por encontrar de nuevo una fuerza que retomara la primera época de su carrera. Faith Divides Us, Death Unites Us y Tragic Idol devolvía a los mejores Paradise de los últimos años con un discos que, si bien eran más gothic metal que otra cosa, mejoraban en mucho sus anteriores trabajos. Pero no era suficiente para Holmes y cia. En The Plague Within vuelven al doom más característico, a los guturales primigenios (combinando con voces limpias, claro), en un disco con el que los antiguos fans llorarán de emoción.

18.6.15


Volví a ver El club de los poetas muertos por enésima vez. Esta vez se la puse a los alumnos de 3º de ESO. He perdido la cuenta de las veces que la he visto, empezando por la primera vez cuando todavía estaba en bachillerato, hasta hoy. Y, a pesar de que siempre encuentro cosas nuevas en las sucesivas revisiones, nunca ha cambiado mi opinión sobre ella.

Esta vez me ha parecido más deprimente que nunca, no sé por qué. La escena que más me ha conmovido ha sido aquella en la que el profesor Keating, tras el suicidio de Neil, recoge de su pupitre el libro que le prestó para la reunión del club (no he encontrado el plano, sólo este inmediatamente anterior al que corresponde la imagen de arriba). Entonces vuelve a leer el poema inicial, y se echa a llorar. Es una escena muy corta, pero muy sentida, y da una idea del sentido de la responsabilidad que tenemos los profesores para con nuestros alumnos. Este revisionado, como digo, me ha parecido uno de los más tristes que he hecho de la película. Nuestra libertad tiene un precio, y Neil encuentra la libertad en la muerte, incapaz de afrontar la realidad y el deseo. Esa pulsión de los extremos de la adolescencia es llevada a sus últimas consecuencias. 

Todos los adolescentes piensan en la muerte. Recuerdo leer unas lineas privadas de mi primera pareja en un cuaderno: "Muerte, eres la hermana de Morfeo, siento que me llamas..." Sólo son fantasías, coqueteos, ideas estrambóticas que nos bullen en la juventud. Pero ahí están; y necesitas ser mentalmente estable para no escuchar demasiado a esas sirenas. Neil prefiere evitar más enfrentamientos y termina con todo. Eso no era lo que Keating le había enseñado, pero la adolescencia es fuego: hay que ir con mucho cuidado de quemar a alguien o de quemarse uno mismo. Una vez más la responsabilidad del profesor, su compromiso ético.

[Tenía ganas de tener tiempo y escribir algo aquí, en plena libertad. Y esto es lo que ha salido.]

30.4.15

Diario de lecturas (VII): Sally Heathcote y la lucha por las libertades civiles

Hace poco, una profesora me comentaba una escena en una clase de secundaria. El debate entre alumnos había derivado a los programas de televisión; un chico comentó que espacios como uno muy conocido de Mediaset en el que dos gradas de jóvenes intentan "encontrar el amor" eligiendo entre sus pretendientes/as tratan a la mujer como si fuera un pedazo de carne en un expositor. Una chica le contestó airada que eso lo decía porque él era un machista. Cuando la profesora me trasladó la anécdota no pude evitar pensar en la reciente lectura de Sally Heathcote, sufragista, obra de Kate Charlesworth y el matrimonio Talbot, que hace poco editó La Cúpula. Qué irónico resulta que, cien años después de una lucha por unos derechos legítimos, una lucha dura y dolorosa, aún haya mujeres que no hayan entendido nada de la lucha feminista.
He de reconocer que, como lectura, Sally Heathcote me aburrió. O al menos, una parte importante de la lectura. Se me hizo muy larga y necesité varios días para terminarla. No por los hechos que cuenta, en general, ni por la moda que últimamente planea sobre la novela gráfica de documentar los detalles de cada página en un apéndice final, sino por que se hace una lectura farragosa. Creo que los autores han querido ser tan fieles a la realidad que han perdido dinamismo y agilidad: creo que hay demasiados diálogos, demasiados nombres, demasiada información, todo en un esquema de viñetas bastante rígido.
Pero lo que me interesó mucho de Sally Heathcote fue conocer los entresijos de la lucha por el sufragio femenino a principios de siglo XX, en una sociedad tan conservadora como la británica. Sabíamos de las mujeres que protestaban, y hacían pancartas, y sociedades (todos recordamos a las damas sufragistas de Mary Poppins), pero poco más. Con esta obra vemos que no todo fue repartir chapas y hacer mitines: hubo violencia y hubo destrucción de mobiliario público y ataques personales contra políticos y bombas y cárcel.

Lo que hoy llamaríamos terrorismo.

Y somos testigos de una lucha cruenta en pos de unos derechos que hoy se nos antojan naturales. Hubo boicot de actos políticos, detenciones violentas, prisión para muchas de estas sufragistas, y huelgas de hambre en las que muchas mujeres fueron alimentadas a la fuerza. El movimiento sufragista demostró que a veces hay que actuar por encima de la ley para lograr tus objetivos, y hoy podemos ponerles muchos peros a las actividades que desarrollaron, pero no a su resultado. Hoy en día el esfuerzo de estas mujeres (y de algunos hombres, también hay que decirlo) es una victoria por los derechos conquistados, y no otorgados de forma natural. Es un ejemplo de lucha.

Por eso Sally Heathcote es una lectura necesaria, aunque luego, por aquello del libre albedrío, uno haga después lo que quiera con ese ejemplo. La novela gráfica se cierra con una ironía sangrante, humor negro si queréis, con la conversación de una Sally anciana con su nieta, que acaba de cumplir los dieciocho: "¡Imagínate! ¡El año que viene podrás votar!", a lo que contesta con displicencia la nieta "Oh, no creo que me molesta, abuela". Sally también luchó por ese derecho de abstenerse de su nieta o por esa chica que, en un instituo actual, piensa que machista es quien abomina de Mujeres y Hombres y Viceversa.

4.4.15

Diario de lecturas (VI): el horror

El terror. Esa sensación, tan difícil de conseguir, que nos encanta encontrar en un libro. Hace mucho tiempo, alguien me decía que un libro no podía transmitir la sensación de miedo, no de la forma al menos en que lo hace una película. No, de esa manera quizá no, contesté. El cine tiene otras formas de hacerlo, porque además puede apelar a lo que ves y lo que oyes. Pero por supuesto que sí puede haber terror, y del bueno, en un libro. Es más, puede haber muchos tipos diferentes de terror entre las páginas de un libro. Recuerdo la poderosa sensación que me envolvió la primera vez que leí a Lovecraft en El horror de Dunwich. Una sensación claustrofóbica y amenazante me atenazó a la cama con aquellos lúgubres graznidos de los chotacabras. Recuerdo dejar un libro de Clive Barker de puro miedo, sin ya poderlo retomar, tal fue el impacto que tuvo en mí. Recuerdo la sensación de horror al leer El almohadón de plumas de Horacio Quiroga, a quien acertadamente se le ha llamado el Poe hispanoamericano.  O el desasosiego de los cuentos de W.H. Hodgson, o el de los de M.R. James... Y podríamos seguir. Hace poco pude volver a sentir esa sensación en dos lecturas. Primero, con Fragmentos del mal, de Junji Ito (ECC), un manga de uno de los autores más malrolleros del panorama actual, junto con Shintaro Kago. Ito presenta diferentes historias cortas, pero todas con un nexo común: el terror latente que esconden. Y lo hace de muy diferente manera: el espectro va desde el terror más psicológico, con la aparición de difuntos de la familia, al más morboso (la chica que quería ser diseccionada), macabro (el hombre de la cabeza pendiente) o surrealista... Toda una aventura esto de adentrarse en Junji Ito. Y la otra lectura -nada que ver con la anterior- fue La oscuridad de Lemony Snicket (Océano Travesía), un cuento infantil  muy corto sobre el miedo a la ídem que resulta exquisito. En él, hay un momento de descensus ad inferos del pequeño protagonista que es ciertamente inquietante y hasta cierto punto me hizo pensar si era adecuado para su lector. Pero la cosa se arregla enseguida y el autor consigue lo que quiere: hacernos partícipes de ese miedo para luego solventarlo. Dos lecturas muy diferentes que tocan a su manera el mismo género: ponerlos la piel de gallina y que, al acostarnos, nos preguntemos qué es esa sombra que nos ha parecido ver al fondo de la habitación.

3.4.15

Encuesta: ¿Eres de los que les gusta oler los libros?


Nueva encuesta en Cisne Negro que podéis contestar en el lateral derecho. ¿Eres de la secta de lectores a los que les gusta oler los libros? Sean recién impresos, sean llegados de una librería de viejo... ¿te han sosprendido alguna vez metiendo las napias entre las hojas de un volumen largamente ansiado? Esta es la tuya, contesta la encuesta. Hay tiempo hasta el 11 de abril.

6.3.15

(Tele)visiones del Mal definitivo

La idea: el Estado Islámico como enemigo definitivo, no ya de Occidente, sino de la Humanidad. Amparándose en una pretendida visión religiosa del mundo, pretende borrar del mapa, literalmente, todo lo que supone una oposición a su forma de entender la realidad. Niega una visión moderada de la religión musulmana, y niega la existencia, hasta la posibilidad de ella, a todo lo que no esté dentro de sus parámetros, ya sea del pasado o del futuro.

Aterran las imágenes de Nimrud destruida por la perversión de los terroristas, que hablan en términos medievales de culturas infieles, incluso en la cuna de su propia civilización. Llamarlos medievales es incluso ofensivo para aquellas dinastías de omeyas que alrededor del Mediterráneo difundieron la palabra de los sabios griegos e hicieron grandes avances científicos y técnicos, cuando los reinos cristianos eran apenas cuatro feudos de gente ignorante que evitaba darse un baño y cuya máxima idea de medicina consistía en combinar sangrías con oraciones.

Y, por supuesto, después, el terror definitivo, el que estos defensores de su moral tradicional realizan en videos de alta definición y con una puesta en escena que es la envidia de Hollywood. Imágenes de la barbarie más absoluta pensadas al milímetro desde una estética, ¡oh, la ironía! plenamente occidental, donde el terror se hace espectáculo y el espectáculo se rinde al terror. Es la hiperrealidad que anunciaba Baudrillard: empezó en el 11-S, cuando algunos testimonios del derrumbe de las Torres Gemelas a través de la televisión pensaban que estaban viendo una película, y llega hasta este punto, donde los más graves atentados contra la Humanidad son transmitidos como si de otro producto de ficción fuera.

¿Quién va a pararles los pies a estos bárbaros?

5.3.15

Forzando los límites del black metal - Reseñas extreñas mínimas (XIII)

Intentando conciliar la vida familiar con el trabajo, a uno cada vez le queda menos tiempo para sus aficiones. Siempre he tenido mucha inquietud en cuanto a la música y a descubrir nuevos sonidos, géneros o bandas. Cuando fui metiéndome en el mundillo del metal extremo, un proceso muy paulatino fruto de muchos años en los que mi gusto ha ido evolucionando y abriéndose a nuevas sonoridades, tenía la sensación de que entraba en un coto inmensísimo que no tenía límites, y cuanto más me metía, yo, que pensaba que sabía algo de música, más me daba cuenta de que no sabía nada en absoluto. Algo parecido me ocurrió cuando decicí meterme en los 1001 discos que hay que escuchar antes de morir. Y es que el manantial de la música es inagotable.
Pero la cabra siempre tira al monte, y de vez en cuando, a uno le da por volver a chequear qué es lo que va saliendo, cuáles son las novedades y tal. Algunas veces he ido repasando algunas novedades, pero me doy con un muro, porque lo que escucho no me interesa en absoluto, me suena trillado, aburrido o simplemente mediocre.
Cuando encontré la lista de Rate Your Music titulada Black Metal with a difference, pensé que había hallado un buen filón. De todos los géneros extremos, el black metal es mi favorito con diferencia, y a pesar de ser ruidoso, oscuro y diabólico, hay algo de acogedor en él que me hace sentir bien cuando lo escucho. Sí, me hace sentir como en casa. Raro, pero es así. Y si hay otra cosa que me gusta en el metal aparte del black, ésa es la fusión. Por eso, esa lista de bandas "with a difference" tenía por fuerza que contener cosas interesantes. Y no me equivoqué.
Las bandas listadas en dicha página (que complementé con esta otra lista, Weirdo Metal) son en su mayoría grupos desconocidos que han mezclado el black metal con otros géneros como el noise, el krautrock, o incluso el punk; y me han entusiasmado como hacía mucho tiempo que no había hecho ningún descubrimiento musical. La sensación de euforia por encontrar nuevos sonidos, y la certeza de que aún hay muchos más esperándome, me anima y me pone de buen humor. Me encanta esa sensación. He aquí algunas pinceladas de cosillas que he ido escuchando a partir de la lista mencionada:

11.2.15

Entrevista a Dayal Patterson en Metalinjection

-In your book, you cover a lot of difficult subjects and personalities. I imagine many listeners wrestle with the fact they enjoy Burzum and Dissection, but feel that pang in their conscience when they consider the person behind the record. Is this something you've wrestled with yourself?
-Interesting question. Enjoying a band’s music does not have a moral or ethical value in itself I think, but giving them your money probably does.
Muy interesante entrevista en Metalinjection a Dayal Patterson, al periodista y autor de Black Metal: Evolution of the Cult (un libro, de momento sólo en inglés, que os recomiendo fervientemente), que está preparando nuevas entregas de su libro, que supondrán un buen cuerpo teórico inicial sobre el black metal. Tenéis el enlace aquí.

31.1.15

Diario de lecturas (V)


Volví a leer, después de unos cinco años también, el Asterios Polyp de Mazzucchelli. Y volvió a parecerme una obra maestra a años luz de otras novelas gráficas. Tan, tan impactante que no tengo palabras para hablar de él. Sí, ése es el problema. No puedo pensar. Pensé en recurrir, al menos como base, a la reseña que hice en su momento, pero me encontré con que era un texto muy corto (limitado por el espacio del periódico), pero además, falto de contenido, de ideas, de espíritu para lo genial que resultaba la obra. No puedo pensar. Escribí una reseña lo mejor que pude para Papel en Blanco, pero seguía siendo superficial, vacua, no me convencía en absoluto, pero no tenía más tiempo. Leer esta entrevista a mi amigo Nadal Suau (quien precisamente tuvo retenido casi un lustro mi copia del cómic que nos ocupa) no me ayudó. Y realmente es que no sé si puedo hacerlo mejor. Siento que no puedo pensar, que no soy capaz de concentrarme, y eso me paraliza. Pero más allá de ese miedo, subyace otro peor: el de hacer el esfuerzo, intentarlo hasta el fondo y comprobar que, efectivamente, no soy un crítico sino un divulgador mediocre. Por eso a veces es más fácil dejarlo todo de lado y lanzarse a las blancas estepas de Skyrim o a los rascacielos inmaculados de Mirror's Edge.

26.1.15

El lado griego de mi mente (Hasta siempre, Demis)


Hoy es un día triste. Muy triste. Hoy todas las noticias parecían venir de Grecia. Primero, por la victoria de Syriza en las elecciones. Y luego, cuando he visto a Demis Roussos entre los trending topic, he querido pensar que era por algo bueno. Pero no. 

Demis Roussos ha muerto a los 68 años. 

Desde que tengo memoria, he escuchado las canciones de Demis en casa. En la primera adolescencia, cuando todavía estaba descubriendo la música, e iba tímidamente probando distintos géneros, Demis fue una constante. Machaqué de forma sistemática los dos cassettes que en casa había. Pero al igual que en abandoné otros tipos de música, a Demis nunca lo dejé de lado. Quizá, eso sí, me quedé estancado en sus primeros álbums. Pero no puedo evitarlo, son los que sin dudarlo mostraban el gran artista que Demis llevaba dentro.

Hoy quizá habrá chanzas sobre su peso y sobre el triki triki, que es lo único de lo que se acuerda la mayoría de la gente cuando se habla de él. Quizá habrá quien bromee con que el resultado de las elecciones griegas fue la causa de su muerte. Pero a mí todo eso no me hace gracia alguna. Ha muerto para mí alguien muy cercano, un amigo, uno de esos tíos postizos que todos tenemos. Llevo escuchando a Demis todas la vida, quizá incluso desde nacer, y tengo un montón de recuerdos asociados a sus canciones. Yendo de pequeño en el coche de mi padre, escuchando a Demis en uno de esos cartuchos de 8 pistas que sólo los más viejos recordaréis. Quedándome despierto hasta tarde haciendo los malditos trabajos de Educación Plástica con una cinta de Demis de fondo. Asociando nuestro tonto clan online de Delta Force con su versión de Carros de fuego en castellano. Bajando sus canciones en el vetusto Audiogalaxy, y luego en Edonkey, y luego volviéndolo a localizar en Spotify, y luego en Grooveshark. Casi llorando de alegría al bucear por Amazon y ver que sus primeros discos habían sido reeditados en cd, y comprándolos como si no hubiera mañana. Han sido muchos años en su compañía, y siempre he vuelto a sus canciones. Porque Demis tenía algo en sus composiciones que me llegaba muy adentro. No sé decir lo que era; si las letras tristes y melancólicas, su peculiar voz, o ese sabor inequívocamente mediterráneo de Aphrodite's Child y de sus primeros discos en solitario. Su primer largo On the Greek Side of My Mind (también llamado Fire and Ice en algunos países) es para mí su obra maestra, la condensación de ese estilo entre el folk y el rock progresivo que acogió sus mejores canciones. Hay algo en esas canciones que dibuja unos parajes del alma que me conmueve como muy pocos artistas han hecho. Y todo lo que me ha hecho sentir nunca se lo podré pagar. Sí, para mí ha muerto un amigo, un amigo que siempre estuvo ahí para mí. Hoy es un día muy triste.

Come with me, come with me and have no fear ...
And to its stories lend an ear...
For the tree spoke about ways that walk ...
On the Greek side of my mind ...

Αναπαύσου εν ειρήνη

Bonus track:
Lista de reproducción de mis canciones favoritas: Demis, my first music love en Grooveshark.

22.1.15

Diario de lecturas (IV)

Me comprometí con El Terreno Converses a dar una charla algún día sobre Rubén Darío en Mallorca (en una de sus visitas estuvo alojado en el barrio de El Terreno, donde trabajo), tema al que mi maestro Luis Fernández dedicó su tesis. Pienso que debería ir leyendo para poder hablar del tema, y terminó buscando el nombre de Luis en internet. Sabía de la edición de Olañeta de las obras de Darío relacionadas con la isla con un estudio suyo, pero no había pensado nunca en consultar qué más escribió. He terminado leyendo un artículo que publicó en 1993 junto a Joan Miquel Monterrubio (otro muy buen profesor mío) titulado Los medios de incomunicación. En él, ambos hablan de la función del silencio en nuestra sociedad, y cómo en algunas ocasiones es un silencio forzado como un instrumento de control, y en otras es un silencio que nos falta para conocernos a nosotros mismos. Reconozco en las divagaciones del texto, llenas de referencias al cine y a la literatura, el carácter disperso y soñador de Luis. Pese a que está escrito antes del advenimiento de internet, resulta clarificador en muchos puntos de cómo las nuevas tecnologías han profundizado en este silencio, aunque parezca lo contrario ("estamos ante un nuevo silencio que es extraño y contradictorio al mismo tiempo, ya que se produce la mayoría de las veces por una saturación de sonido. El ruido acaba gestando el silencio"). Me gustaría haber visto cómo Luis analizaba todo el fenómeno de las redes sociales en auge o del whatsapp, que paradójicamente parece acercarnos cuando nos aleja más.

En las propuestas que Luis da al final del artículo (ninguna demasiada concreta, ya que sólo es una aproximación), compruebo que algunas de las actividades que hicimos en su clase las llevaba gestando como mínimo 7 años antes. En una nota a pie de página encuentro una referencia a un libro (La depresión y el cuerpo) que ha terminado en mi biblioteca, ahora sé por qué.

Echo de menos a Luis cada día.

20.1.15

Diario de lecturas (III)

Algunos de los libros que tengo pendientes. Hay muchos más, pero reuní en un estante los que tienen prioridad.


Tengo un montón de lecturas pendientes, todas me hacen muchas ganas, pero juntas son un enorme bloque que me aturulla sólo de observarlo. Tengo pendientes dos novelas de mi compañero y amigo Santiago Sánchez, dos volúmenes de la biografía de Lovecraft de S.T. Joshi. Tengo también los dos tomos de Danza de Dragones (convendría leerlos antes de abril, cuando empiece la nueva temporada de Juego de Tronos). Dos novelitas de Hellboy de Cristopher Golden, Aniquilación en inglés, La casa de hojas, Los Libros de Sangre de Barker, terminar el libro Black Metal: Evolution of the Cult, entre un montón más. Y esto sólo en el estante de "prioridades". Diseminados por la biblioteca, aún hay más libros que esperan su hora. De momento he arrancado con La fuerza de su mirada, de Tim Powers.

[Hoy, en Papel en Blanco, escribo sobre Bestiario, de Stéphane Poulin, un curioso libro gráfico que recopila las ilustraciones de inspiración surrealista de este autor canadiense.]

18.1.15

Diario de lecturas (II)

Después de, como mínimo, creo, cuatro años de tenerlo retenido por un préstamo, volvió a mis manos la genial novela gráfica George Sprott, de Seth. Aproveché para releerla, y volví a disfrutarla como la primera vez. Lo que hace Seth en ella es impresionante: la biografía de un anodino presentador de una televisión local, antaño aventurero por el polo, se convierte en una historia poliédrica, llena de profundidad, una divagación sobre la vida y la muerte, los recuerdos, lo que dejamos en esta vida, los errores y la redención. Una narración fragmentada, pero magníficamente ensamblada por el impecable estilo del autor. Crear cosas así... 

17.1.15

Diario de lecturas (I)

No hay peor sensación que revisar los estantes de la biblioteca y comprobar cómo ha crecido, cuántos libros interesantes están pendientes de lectura (¡incluso algunos que fueron comprados y olvidados, y ahí siguen! ¿Cómo pude olvidaros?), y qué poco tiempo hay, y cuántos títulos tendré que anteponer por cuestiones profesionales. Me digo, este año tengo que hacer una lista de los libros pendientes de leer e ir recuperándolos. Como siempre, desiderata de año nuevo.

He empezado el año bien; si miro mis anotaciones, en 2014 sólo pude terminar un libro durante enero (El caballero de las botas azules, de Rosalía de Castro). Ahora mismo ya llevo cuatro, pero es verdad que algunos son muy breves. Pero, hey, si está encuadernado, tiene autor, editorial e isbn es un libro.

Uno de los que me ha entusiasmado por mi (nula) faceta de juntaletras ha sido Mientras escribo, de Stephen King (On Writing en el original). Un libro sobre el propio oficio de escribir que desvela algunas de las entretelas del maestro del terror norteamericano. Leyéndolo, se me despejan las dudas de si tiene negros o no. Simplemente, es un tío constante, con una rutina bien establecida. Es un trabajador. Me gustaría tener la mitad de su tenacidad para mis proyectos.

Publiqué en Papel en Blanco los consejos de un tal Austin Kleon para leer más. Mientras lo preparaba, estuve leyendo algunas de sus entradas de su blog, en concreto una en la que hablaba de cuál era su rutina mañanera: desayuno, paseo de 5 km con su mujer, ducha, meditación, escribir/hacer un poema, cosas de internet. No sabemos qué hace por las tarde, pero pensé, maldito bastardo, realmente o eres un desempleado o tienes la vida solucionada para poder hacer tu magnífica rutina matutina. Por lo demás, antes del post nunca había oído hablar de él ni me sonaban de nada sus libros.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...