En Vænir, de Monolord (2015):
Hay que pensar que este álbum sale después de que Paradise Lost entregase Lost Paradise (1990), otro estupendísimo hallazgo, y al año, Gothic (1991), otra pieza seminal para el metal extremo y que abriría una nueva veta de sonidos entrecruzados con el lirismo romántico y la pesadez más oscura (sí, el gothic metal). Ahora que lo vuelvo a escuchar, también noto que este disco me encanta porque está muy cerca del sonido los primeros de Therion (91-92), y su ambición es la misma. En As The Flower Withers encontramos rabiosas canciones aún muy death, pero el tono sombrío, los violines, las canciones largas e intrincadas, las letras tristes y simbólicas, construyen torres de la altura de The Return of the Beautiful, catedral musical de varias secciones en la que My Dying Bride da una lección de como yuxtaponer tempos extremos, o The Forever People, o The Bitternes and the Bereavement. Quizá difícil de entrar por su complejidad, te arrebata una vez que te hace clic en la cabeza. As The Flower Withers tiene el atrevimiento de un primer álbum, lleno de grandes ideas (sólo una canción podría dar lugar a la discografía entera de bandas imitadoras), que se perfeccionarán en el grandioso Turn Loose The Swans, que, sin embargo, se escora ya plenamente hacia el doom, ese doom tan gloomy y de romanticismo de chorreras que tan bien ejecuta la banda. Pero esas mezclas tan genuinas y dispares de doom y death como vimos al principio de los 90 en discos como los que hemos señalado, esas, como diría Bécquer, no volverán.
Este año, en el que he celebrado el 20º aniversario en Last.fm, sólo destaca por una cosa: porque rebasé el umbral del año anterior. Veamos la información que nos proporciona mi usuario de Last.fm:
Un vistazo a los 50 discos más escuchados:
A bote pronto, de ese top 50 apenas hay ninguna sorpresa, y no digamos ninguna novedad. Prácticamente todo son álbums de mi zona de cónfort; en la parte alta, muchos discos de ambiente para partidas (Skyrim, Merry Xmas Mr. Lawrence, Irish Rovers, Rambo III) o para descansar (los de canto gregoriano). La única entrada nueva (que no es nueva, porque es un álbum clásico en su género) es el Lost Paradise de Paradise Lost, un discazo doom-death que no había tenido la inteligencia de escuchar hasta ahora.
De la información que nos da Last.FM vemos:
Se han registrado hasta ¡mil! artistas diferentes en este año, y un total de 1.580 álbumes, aunque seguramente los hay duplicados por estar incorrectamente etiquetados. El ganador de ambas categorías es el álbum de Canto gregoriano del Coro de Monjes del Monasterio Benedictino de Santo Domingo de Silos, del que ya hablamos el año pasado.
Aquí volvemos a verlo:
Así pues, a pesar del volumen de los números (¡1.580 álbums, 1.009 artistas diferentes), hay que tener en cuenta que muchos de esos álbums pueden estar duplicados por su mala etiquetación, y que en realidad hay mucha tasa de repetición (como se ve en el gráfico superior, aunque no tanto como en la media de usuarios (¡malditas k-popers!).
En fin, me gustaría hacer un desglose más profundo, pero como nadie más que yo consulta esto, quede ya de esta manera registrada la actividad musical de 2025.
No ha sido un sábado negro, sino un martes. Esta tarde hemos sabido del fallecimiento de Ozzy Osbourne, el cantante y líder de Black Sabbath. Una noticia que me ha cogido totalmente por sorpresa y me ha dejado infinitamente triste. Sólo tenía ganas de coger el teclado para dejar algunos pensamientos. Mañana me imagino que quien más quien menos querrá opinar sobre el tema. A mí me apetece ahora simplemente recordar lo que ha significado para mí la música de Ozzy.
Black Sabbath es un hito en la música, es un género en sí mismo. (Hablemos aquí sólo de los Sabbath de Ozzy, la etapa de Dio también tiene sus momentos excepcionales). Para mí, los primeros seis discos de estudio (de Black Sabbath a Sabotage) más el último de reunión (13) son geniales. Son carne de la historia de la música. La fusión entre el blues y el rock, las atmósferas lúgubres y, finalmente, la pesadez de las guitarras y el bajo hicieron de Black Sabbath algo excepcional.
Led Zeppelin se quedó dentro de mí como mi grupo favorito desde esa edad en la que los descubrí; Deep Purple... Bueno, les tengo cariño y los escuché mucho en esa época, pero son, de los tres, los que menos me han interesado. Pero Black Sabbath... Son otra liga. Imposible no caer rendido con sus álbumes.
Yo apenas sé toca el bajo eléctrico, pero sólo por sentir las notas de Hand of Doom, Solitude, Into the Void o Lord of this World en mis dedos, valió la pena comprarlo y practicar en mi habitación.
Por eso estoy TAN, pero TAN contento de que pudiera despedirse a lo grande hace un mes en el concierto Back to the Begining, que parecía otra de esas pantomimas de último-último concierto-ahora sí ya de verdad como los Scorpions, pero sin embargo algo debía de olerse Ozzy para que lo prepara tan bien. He visto algunos segundos del concierto, Ozzy está claramente enfermo, pero su entereza, su arrojo, sus ganas, y sobre todo, el amor que el público le transmite debió de ser de las mejores cosas que se haya llevado con él.
Hoy acaba una era de la música. Buenas noches, dulce príncipe, y que vuelos de ángeles (del infierno) canten sobre tu descanso. Ozzy, vivirás para siempre en tus discos.
Musicalmente, este 2024 ha destacado porque he escuchado mucha más música que otros años (y eso que sólo tengo los datos que se pueden registrar informáticamente). Veamos la información de Last.Fm:
Con 13.969 escuchas, ha sido el mejor año desde 2013 (16.311), y creo que ha sido fundamentalmente por una mera cuestión laboral: mi horario laboral empieza a las 9h y estoy desde las 7.50 en el puesto, con lo que aprovecho para desayunar, adelantar trabajo... y escuchar música. Creo que eso ha sido definitivo a la hora de hacer tan buena marca.
Un vistazo a los discos más escuchados:
De nuevo, año tras otro se confirma que las novedades cada vez me interesan menos, y voy a tiro fijo a mi zona de confort, que por suerte es MUY amplia. Muchas de los primeros puestos, también hay que decir, están copados por bandas sonoras de ambientación, la mayor parte de las veces para jugar a rol o a juegos de mesa (Rambo III, Indiana Jones, Drácula, Heroes of Telemark, Call of Duty, música de la guerra civil americana o de su guerra de independencia...).

· Yehezkel Raz - Preludes (2019). Esta sí que puede ser considerada una escucha casual en su sentido etimológico, porque se disparó en Spotube tras escuchar el álbum Closing Times de Tom Waits, posiblemente porque la primera entrega de estos preludios de Raz tiene una pista con ese título. ¿Qué es esto? Es música clásica contemporánea. Raz escribe unas composiciones minimalistas al piano que me recuerdan en ciertos momentos a Chopin, por el lirismo que su sencillez a veces transmite. Tanto el Book 1 como el Book 2 [cuando edito esto para subirlo, veo que hay al menos 4 libros] son ciertamente álbumes de otoño (o invierno), para tener de fondo mientras lees o bebes un té bien caliente al lado del fuego. No puedo evitar, por otra parte, pensar que estas composiciones, podrían ser también la musica de fondo del menú de inicio de un videojuego cozy. Pero aquí entraríamos en disquisiciones demasiado sesudas sobre qué tipo de música vale la pena ser escuchada fuera de su contexto, así que concluiremos en que es una escucha muy agradable.

· A Swarm of the Sun - An Empire (2024). Recomendación directa de mi página de referencia Angry Metal Guy, este álbum venía introducido por estas palabras: "Imagine the best parts of Katatonia, Anathema, My Dying Bride and Agalloch all submerged into a minimalist post-metal miasma". Con estas palabras, tenía que escuchar el álbum. ¿Y qué nos encontramos aquí? Si digo la verdad, al ser mencionados estas bandas, no sé qué idea me había hecho de qué escucharía, pero no era esto. Porque An Empire es un disco de post-metal, en el que lo más importante es la creación de un paisaje sonoro. Largas composiciones que son parte de un todo, y así deben ser escuchadas. Claro, eso hace más difícil prestar atención al álbum en esta vida espídica que llevamos. Primer tema, This Will End in Fire, 7 minutos: delicado, una carta de presentación exquisita; segundo, Heathen, 12 minutos: un etéreo teclado va marcando una progresión que vira en el minuto 5 y llega a adentrarse en el reino del shoegaze; tercer tema, The Pyre, ¡18 minutos! Y sin embargo, si uno tiene la paciencia y el tiempo suficiente para dedicárselos al álbum, encontramos un grupo que se acerca más a Goodspeed You! Black Emperor que a los anteriormente mencionados, y que se especializada en una atmósfera que te envuelve y va in crescendo. Nada de guturales, sólo muy buena instrumentación, poderosa pero frágil a la vez. Un gran álbum que, repito, necesita que no lo consumas como fast food.
· Host - IX (2023). En la domus Cisne Negro somos fans del Host de Paradise Lost, le pese a quien le pese. Ampliación que puede soliviantar aún más si reconozco que, a pesar de ello, no somos muy de Depeche Mode. Bien, al parecer Nick Holmes y Greg Mackintosh no tuvieron bastante con aquel experimento que ahora está cumpliendo 25 años y que puso a los fans de Paradise Lost en guerra civil. Así que han resucitado aquel sonido synthpop-darkwave del Host en un sideproject homónimo, para poder así marcar distancia con unos Paradise Lost que, desde hace unos ("unos" quizá son ocho o nueve) años ha vuelto a la senda doom de sus inicios. ¿Y qué tenemos en IX? Pues una muy digna continuación de aquel trabajo electrónico. ¿Podríamos decir que entronca directamente? Sí y no, puesto que, al mismo tiempo que sigue el mismo patrón, se notan los 25 años en los que Holmes y Mackintosh han ido evolucionando como músicos, y como han ido del doom al metal gótico en la década de los 2000 y una vez más vuelta al doom en Paradise Lost. Aquí hay teclados y baterías programadas superochenteras (Tomorrow's Sky), pero también hay más guitarreo y batería real que en Host. Sin todo lo que ha sido Paradise Lost estos años, este IX no sería posible, por eso es interesante su escucha. Por cierto, atención a la Ultimate Edition, que contiene remixes muy meritorios, como el de My Only Escape de Rhys Fulber, muy maquinero e industrial; o el de Hiding from Tomorrow, que Lustmord lleva al terreno dark ambient).
Si tuviera que definir este 2023 musicalmente sería como continuista, es decir, he seguido la tendencia que se advierte en los últimos años y que consiste básicamente en que ya no hago escuchas masivas de novedades ni puedo presentar muchos álbumes de grupos desconocidos, ni hay grandes revelaciones o descubrimientos. Echando un ojo a los 25 discos más escuchados del año, vemos que tan sólo hay dos de 2023, y uno es un recopilatorio.
Es más, hay varios que se repiten si miramos la lista de 2022. En cabeza, el sublime trabajo de Glenn Gould en sus Variaciones Goldberg de madurez. Por detrás, muchos discos clásicos y muy eclécticos. Hay un poco de todo: hay bandas sonoras (escuchadas por cierto como música de fondo mientras jugaba juegos de mesa), hay jazz, hay progressive death, hay música clásica, están los titos Nick Cave y Tom Waits, y hay un repunte importante de los Beatles por, sí, ya sabéis, Now and Then. La única novedad, decía es el disco de Sofía, Canciones para saltarse por encima, porque es una persona que queda cerca (trabajo con su madre) y me ha encantado su synthpop mínimo y retro.
Y como decía el año pasado, no hay más: si en algún momento escucho algo, lo tenéis en mis Reseñas Mínimas que he reseñado bajo este tag. No creo tampoco que el 2024 corrija esta tendencia, así que sólo me queda anclarme en mis viejos vicios.
· Helga - Wrapped in Mist (2023). Siempre digo lo mismo, pero es cierto: es díficil que me entre un álbum a la primera audición. Sin embargo, éste lo ha conseguido. ¿Shoegaze con resonancias folk nórdicas, que bebe de los trabajos de Myrkur, con bellos paisajes musicales y arrebatos black? Suena bien, ¿no? Hay que, por lo menos, probarlo. En Wrapped in Mist encontramos un disco que representa el debut de este quinteto sueco encabezado por Helga Gabriel, que RYM extrañamente cataloga como post-metal, que dibuja unas melodías que entran muy bien, y saben jugar con momentos puntuales de salvajismo black. Como siempre, me remito a mi web de referencia, Angry Metal Guay, donde, en su reseña, dice: "folk atmospheres, post-rock, and fleeting black metal into a potent and unique brand. (...) The contents of Wrapped in Mist tend to fall into two camps:
one more experimental black/folk, the other more straightforward
shoegaze/pop. This proves to be something of a double-edged sword for Helga, but when it works the band balance a bevy of timbres and textures with grace befitting a much more mature outfit".