30.7.26

Diario de un verano (3-III): Nel mezzo dell'estate

 


Estamos prácticamente finalizando julio y llegamos al ecuador de las vacaciones estivales. A pesar de que buena parte del mes ha sido difícil de aguantar, con una ola de calor, el final de mes dio una semana de respiro, que empezó ahora hace 9 días y que parece que está a punto de ser sustituida por una nueva ola. En casa compramos, donde no tenemos aire acondicionado, compramos ventiladores de techo para los dormitorios y fue como ver la luz al final del túnel. Al menos podemos pasar las noches sin desfallecer de calor.

A pesar de todo, y de este calor que ha caracterizado la mayoría del mes, me ha sorprendido que haya sido tan productivo a nivel personal. Sé que no debería valorar este tiempo de descanso en términos de productividad, pero sí, lo hago. Lo más importante: he leído, hasta ahora, unos 25 cómics, la mayoría pendientes de la pila de "trabajo", y reseñar la mayoría de ellos, ¡he vaciado una balda entera de una kallax!, y aunque en ningún otro ámbito he avanzado tanto -salvo, quizá, en el de seguir publicando: dos podcasts, algún vídeo, y muchos, muchos posts-, me siento satisfecho de esta primera parte. He conseguido también pasar desapercibido por esto mismo en casa y no recibir los habituales "estás siempre delante de la pantalla", aunque sí algún "no hacemos nada nunca" (falso, llevo la cuenta de todo). 

Julio también ha marcado una extraña marca batida: la de partidas de juegos de mesa, y es que he jugado muchísimo con mis hijas, sobre todo con la pequeña. Muchas otras partidas son solitarios o versiones digitales, pero, aunque las eliminásemos, sigue habiendo mucha partida.

La escritura de Invocaciones está un poco en punto muerto. Las noches solo en el dormitorio, yo solo y el calor, se revelaron decisivas para la finalización de Ritos nocturnos, pero montar un nuevo poemario, a sólo un año de finalizar el anterior (que, por otra parte, me ha llevado veinte años) no iba a ser tan fácil. Tengo ya material, pero hace falta pulirlo y, sobre todo, que llegue a un volumen crítico. Lo que me gustaría de verdad (aunque sea un poco imposible) sería publicar invocaciones junto a Ritos nocturnos, y ampliando el poemario (como José María Álvarez hizo con Museo de cera), porque veo que el conjunto es muy afín y uno no se entiende sin el otro, no hay una ruptura temática ni estilística. Y esa es otra: si no está terminado aún no es sólo porque no tenga momentos de inspiración en soledad para que los versos surjan, sino porque me noto muchas veces falto de inspiración, dando vueltas sobre los mismos temas, usando los mismos argumentos, y siendo demasiado continuista, copiándome a mí mismo (hasta un punto exagerado). Veremos si puedo salir de este hiato: a la poesía no le puedes meter prisa.

Finales de mes también fue el momento de la multitudinaria manifestación en Palma contra la masificación turística, que acabó con cargas policiales contra los manifestantes, con un empleo de la violencia totalmente desmesurado e ideológico si me apuráis. Estuve allí (¿podéis encontrarme en la imagen de arriba?). Un clamor y un malestar que en las Islas no va a hacer sino aumentar si no se le pone freno ya a la depredación de los recursos para el goce de unos pocos y el beneficio de aún menos.

Espero dos cosas de agosto: que el clima nos respete un poco y nos deje existir, o que si tiene que ser jodido, que pase pronto (¡dios, la que nos espera en los próximos años! No deja de preocuparme atormentarte), y que pueda ser igual de productivo que el julio.

Suena: Demon Head - Book of Changes

11.7.26

Diario de un verano (3-II): segunda semana

 

Después de dos olas de calor prevacacionales, hemos tenido unos días de "tregua", pero todas las predicciones indican que lo terrible está por llegar. Concretamente, la semana que viene. Me siento en cierta forma aliviado porque vamos a montar unos ventiladores, y con ello espero que la estancia en casa sea más fácil de soportar. Cuando hace tanto calor, entre que uno pierde todas las fuerzas, que no tiene ganas de hacer nada, que ponerse al frente del ordenador (realmente, el único sitio en el que puedo gestionar mis actividades) es un suplicio, y que encima el resto de la casa está pendiente de lo que haces, poco se puede avanzar.

Eso sí, me propuse sacarme encima el cerca de medio centenar largo de lecturas que tengo pendiente y que arrastro de hace meses. De momento, a día de hoy, he ido cumpliendo, y si no las he reseñado todas, al menos he ido a ritmo de una-dos por día, de manera que si todo fuera bien y a ese ritmo (lo dudo, pero estaría bien), a final de agosto podría haberme quitado la nada despreciable cifra de 40-60 lecturas. Lo he dicho ya varias veces: cuando tienes que leer por obligación, ya no es tan divertido como parece. Pero peor sería estar en la obra con este calor. [Voy publicando mis lecturas en Iconotropía]

Querría aprovechar para quedar más con mis amigos, pero el calor mismo me atenaza, eso y el hecho de que siempre he tenido una duda reverencial en pedir mi propio tiempo en casa. Siento que no tengo derecho a ello, y prefiero pedirlo cuando mi pareja ha disfrutado de alguna salida porque siento que así al menos estamos a la par. Pero esto es realmente un problema para mí. No me gusta escuchar luego según qué tipo de comentarios o de reproches "en broma". La semana que viene mismo podría tener varias quedadas y mi inquietud principal es saber si estoy pidiendo demasiado. Para quien no me conozca personalmente, que sepa que por lo demás no soy un tipo con una gran vida social. No suelo quedar mucho, no me gustan los deportes, no quedo para ver el fútbol ni voy al gimnasio. Por mi mismo carácter, tampoco me gusta viajar. 

Me aíslo en mi mundo. No pongo las noticias, porque sólo espero encontrar fútbol, terremotos, malas noticias desde EEUU, incendios y que va a hacer mucho calor. Al final me tomo como "mi propio videojuego" sentarme delante de la pantalla a escribir todo lo que tengo pendiente.

Me paro a pensar en mi situación laboral. Estoy a medio camino de mi vida como trabajador, y la perspectiva de la docencia se hace cada vez más incómoda. La IA ha acabado de destrozarlo todo. Firmemente creo -derias de señor mayor aparte- que el futuro pasa por personas que dominen primero el mundo analógico y luego el digital. No me veo otros 20 años dando clases a este ritmo, con estos contenidos. El humanismo y la cultura interesa cada vez menos, pero no es el pataleo socrático de siempre: hemos dejado que todo nuestro ocio gire en torno a pantallas que vamos deslizando. Hoy mismo he leído un artículo que descargaba de culpa a los móviles y decía que lo que necesitaban los niños era más juego libre y sin supervisión, también digital. Lo apoyo y lo comparto, al menos parcialmente. En lo digital no. Bueno, sí: juego libre y sin supervisión, hasta cierto punto, con juegos sin conexión. Lidiando contra la frustración en 8 y 16 bits. Lo estoy haciendo con mis hijas. No sé cómo resultaremos objetivamente como padres, pero desde luego seguro que lo haremos mal para ellas. 

Seguiremos.

Suena: Hole Dweller - Flies the Coop II

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