15.1.24

The Black Metal Feeling

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Rescato este pensamiento del twittero Erik Quill porque me parece muy interesante y con una verdad íntima muy destacable, sobre todo la primera parte, por cuanto yo también pienso que el black metal es "algo más" que música. Y creo que es la razón por la que se dice que no es un subgénero del metal sino un género aparte, o que es la última vanguardia artística. Me gustaría desarrollar más esta idea algún día.

2.1.24

Cerrando 2023: cómics

Mi desafección por el cómic ha seguido durante este 2023. En primer lugar, porque he leído muchísimo menos: siempre he leído por encima de los 100 títulos por año, y éste sólo he llegado a 87. En segundo, y relacionado con lo anterior, ha habido mucho menos cómic que me llamara la atención, que pudiera reservar para la categoría de imprescindibles del año. No. En mis notas tengo marcados 7 cómics como muy buenos, y uno no es de 2023, por lo que no aparece en mi selección. Sin duda los que más destaco son los que he incluido en el post grupal que hemos publicado en Papel en Blanco y al que os remito para ver la selección. 

Y es que este año no he podido ni hacer las relecturas que me planteé en 2022, ni terminar grandes obras que tenía incompletas. El año anterior sí que tuvo una buena marca, aunque ya inferior a las cifras prepandemia (y pre-segunda hija, todo hay que decir).

No me atrevo a hacer vaticinios ni deseos para 2024 porque no tengo ni idea de por dónde irán los tiros. Me gustaría poder llegar a 100 títulos de nuevo, y en los primeros días de enero he empezado bien, con un título diario... Pero el problema de eso es que hay que reseñar o escribir enseguida sobre aquello que he leído, porque si se acumulan las lecturas hechas sin escribir, cada vez es más difícil hacerlo... Y eso es un problema.

Que 2024 traiga, de todas maneras, grandes lecturas que nos hagan vibrar como antaño.

1.1.24

Cerrando 2023: los libros

 


Este 2023 he leído 54 libros, diez más que en 2022 y que se queda muy cerca de la cifra de 2020, que fueron 53. Naturalmente, si alguien se maravilla por esta cifra, en la que no están incluidos los cómics, debo decir, para que quede constancia, que 15 de ellos eran de LIJ, y por tanto bastante breves, otros 8 de poesía y 4 bolsilibros. 

Uno de los factores que contribuyó a que mi cifra se incrementara este año fue que descubrí que podía leer en el bus (en el que he ido al trabajo todo el año) sin marearme; de esta manera, pude completar hasta 10 del total en mis viajes (aproximadamente una hora y media cada día). He leído un poco de todo y he seguido escorándome hacia el ensayo histórico. Tenéis mis impresiones en las entradas de diario de lectura en este blog, y el balance de mejores lecturas, en este artículo de Papel en Blanco.

31.12.23

Cerrando 2023: Rol

Lo del rol este año ha sido tristísimo. Siete partidas, ocho sesiones, dos de las cuales fueron finalizar partidas empezadas en 2022. Este año sólo he podido empezar y acabar una partida. Para 2024 mi deseo sería poder jugar más. Ya es darse con un canto en los dientes volver a hacerlo, pero mi esperanza es poder jugar un poco más.

1. La habitación sin sellar, de La llamada de Cthulhu [finalizando partida del 2022]. Tercera vez que la dirijo y segunda vez que la consigo acabar.

2. Frenar la negrura, módulo de La llamada de Cthulhu incluido en Umbrales a la oscuridad [finalizando partida del 2022], con mi sobrina y amiguis.

3. La fortaleza sin sol, un clásico de D&D para mi sobrina y amiguis [inacabada].

4. Una conspiració sense fissures, para L'Anell Únic, como actividad de refuerzo de catalán [inacabada].

5. Volrac el nigromante, partida de cosecha propia para Tiny Dungeon, para mi hija mayor y amigas, en verano [inacabada].

6. El huésped cadáver, un teórico one-shot de La llamada de Cthulhu incluido en Portales al terror, que aderecé usando el clásico Las tierras del sueño [inacabada por 10m].

7. Cold Harvest, un módulo de Chaosium para La llamada de Cthulhu que lleva a los personajes a un sovkhoz soviético, única partida que conseguí finalizar en condiciones y de la que todo el mundo quedó muy satisfecho.

Como se ve, ha ganado de calle La llamada de Cthulhu, mi juego preferido y que sigue estando en buena forma, además de poder ofrecer partidas muy diferentes. Destaco también la prueba con el sistema de EAU, que me gustó mucho y espero poder repetir.

30.12.23

Cerrando 2023: los juegos de mesa

Este año han sido 557 partidas a juegos de mesa. No mejor que 2022 (668), pero sí mejor que el año anterior (511), en buena parte gracias al Aula de Juegos de nuevo, con un grupo formidable que se despidió en junio (4º de ESO), pero uno muy pujante que actualmente está en 2º y que tiene aún mucho por delante. Además, la mayor parte de ellos son chicos y muy competitivos, con lo que puedo ir metiendo poco a poco la fiebre wargamera en ellos. De momento, los hitos más importantes con ellos han sido jugar a Combat Commander, Diplomacy, Quartermaster General, y he llegado incluso a sacarles Battletech con buena acogida. Con la hora y media que tenemos para jugar tres veces a la semana, tenemos aún muchas horas por delante de ir probando.





 

Si bien este año he jugado menos partidas, lo que sí es seguro es que he podido sacar más wargames, aunque fueran la gran mayoría en solitario: 26 nada menos cuento. Está muy bien, y la verdad me doy por satisfecho si en 2024 mis números quedan más o menos como los de este año.

El juego que me ha enamorado este año ha sido Combat Commander. Cuando lo conocí por el vídeo de Juan Luis Julius Fairfax no me convenció mucho, además de que yo "no era muy de tácticos", pero es que CC es realmente divertido, variado y emocionante, aunque sea en solitario. Creo que es más o menos la escala de dificultad en la que me siento más cómodo (un paso por encima está Band of Brothers, que tiene muchos elementos de ASL, pero es un poco más fácil; no obstante, sigue resistiéndoseme). Evidentemente cuando salió el Pacific este año me tiré de cabeza.

Once upon a road in Normandy

Otro que me ha gustado mucho ha sido Storm Over Jerusalem, nueva entrega de la serie Storm Over y en el que revivimos el asedio romano de Jerusalén. Muy dinámico e interesante, aunque indecentemente caro por lo que trae. Por cierto, lo reseñé aquí.

Los fiascos del año: la verdad es que sólo puedo decir que Stalingrad: Advance on the Volga me pareció una chufa de solitario. Quizá el Land and Freedom me decepcionó un poco, pero también hay que decir que sólo lo he jugado solo + bots.  

Objetivos lúdicos de 2023

Estoy muy contento de haber alcanzado la mayor parte de mis objetivos del año que se acaba. Tenía muchos pero la verdad es que las circunstacias se dieron y no puedo quejarme en absoluto.

1. Jugar a Combat Commander. ✅

2. Jugar a A Touch of Evil con la expansión The Coast. ✅

3. Jugar mi primer napoleónico: Napoleon Last Battles. ✅

4. Jugar D-Day at Omaha Beach en junio. ✅

5. Jugar más a Dungeon Degenerates. ✅

6. Volver a sacar Nemesis. ✅

7. Llevar el Combat Commander al cole. ✅

8. Llevar el Battletech al cole. ✅

9. Estudiar y jugar Band of Brothers. ✅

10. Volver a jugar a Fief en el cole. ❌

11. Sacar Frontier Wars y Band of Brothers en el cole. ❌


Objetivos lúdicos de 2024

Cuando empecé a redactar la desiderata para 2024 no se me ocurría nada que estuviera a la altura del año anterior, pero finalmente, en las últimas semanas de diciembre fui viendo las cosas que más me apetece experimentar en el nuevo año. Son muchos objetivos (el doble de los cumplidos), pero espero que me sirvan de guía. 

1. Jugar a Combat Commander: Pacífico

2. Jugar en casa a Obsesión

3. Jugar a La Guerra del Anillo

4. Jugar a Star Wars: Rebellion

5. Llevar al cole Combat Commander: Pacífico

6. Probar Flying Colors / Under the Southern Cross

7. Jugar a rol con el grupito del Aula de Juegos

8. Volver a jugar a rol con adultos

9. Probar en el Aula de Juegos: Frontier Wars, Fief, Root

10. Terminar de diseñar Latifundium 

11. Sacar en junio The Dark Summer

12. Intentar hacer una jornada en Can Sales en el 80 aniversario del Día D.

13. Probar Pacific Subs.

14. Probar Nemesis Lockdown

15. Probar, llevar al cole The Battle of Armageddon

16. Liga de Battletech

17. Probar nuevo material de Dungeon Degenerates cuando llegue.

18. Terminar de diseñar Que pac qui deu.

29.12.23

Cerrando 2023: la música

Si tuviera que definir este 2023 musicalmente sería como continuista, es decir, he seguido la tendencia que se advierte en los últimos años y que consiste básicamente en que ya no hago escuchas masivas de novedades ni puedo presentar muchos álbumes de grupos desconocidos, ni hay grandes revelaciones o descubrimientos. Echando un ojo a los 25 discos más escuchados del año, vemos que tan sólo hay dos de 2023, y uno es un recopilatorio. 


Es más, hay varios que se repiten si miramos la lista de 2022. En cabeza, el sublime trabajo de Glenn Gould en sus variaciones Goldberg de madurez. Por detrás, muchos discos clásicos y muy eclécticos. Hay un poco de todo: hay bandas sonoras (escuchadas por cierto como música de fondo mientras jugaba juegos de mesa), hay jazz, hay progressive death, hay música clásica, están los titos Nick Cave y Tom Waits, y hay un repunte importante de los Beatles por, sí, ya sabéis, Now and Then. La única novedad, decía es el disco de Sofía, Canciones para saltarse por encima, porque es una persona que queda cerca (trabajo con su madre) y me ha encantado su synthpop mínimo y retro.

Y como decía el año pasado, no hay más: si en algún momento escucho algo, lo tenéis en mis Reseñas Mínimas que he reseñado bajo este tag. No creo tampoco que el 2024 corrija esta tendencia, así que sólo me queda anclarme en mis viejos vicios.

28.12.23

Cerrando 2023: los posts

Otra de las cosas en las que la vida ha luchado contra mí para que no siguiera haciendo ha sido en mi labor redactoril. Veamos los fríos números:

Resumen
Papel en Blanco: 44 (cuenta común), 21 (usuario propio) = 65, peor marca que 2022 (94), que 2021 (73 posts), y lejísimos de los 127 de 2020.

Iconotropía: 1  [frente a 21]. Iconotropía en los últimos años se había convertido en un puro contenedor recordatorio de todo mi trabajo como divulgador de cómic, pero este año, si sumamos que la página del periódico ha perdido periodicidad (también por culpa mía, por falta de tiempo), y que en Papel en Blanco y BaM he estado ausente, el resultado es que no he actualizado el blog en absoluto.


Cisne Negro: 24 [frente a 11]. Sorprendentemente he escrito más aquí, porque en el fondo Cisne Negro es ese cajón de sastre que, como antiguamente Twitter, me deja hablar de lo que me dé la gana sin tener que pensar mucho en una audiencia (que es nula). Bien por Cisne Negro, por tanto, 22 años después de su nacimiento. 

Immaculúdica: 2 [frente a 7]. A pesar de que sigo jugando en el Aula de Juegos y que seguimos grabando podcasts, este año no le he podido dedicar el tiempo requerido a mi blog lúdico-educativo.

Bebé a Mordor: 4 [frente a 6]. Ya me pasó el año pasado, y sigo sin poder aportar mucho a esta extraordinaria página, que tiene a colaboradoras mucho mejor preparadas que yo para este trabajo.

El Desafío de las Águilas: 18 [frente a 13]. Buen impulso a mi último proyecto, que demuestra dónde están mis intereses actualmente.

Total: la cifra es 114. En 2022 fue de 152; en 2021 fue de 139; mientras que en 2020 fueron 209 y, o tempora o mores, 393 entradas en 2018. Vamos, el peor año con diferencia. Pero así es la vida. De 2024 sólo puedo esperar que tenga el tiempo para ir, más o menos, dando rienda suelta a lo que para mí es una necesidad, y seguir escribiendo en los frentes que aún tenga ánimos de mantener.
 
 

 

27.12.23

Cerrando 2023: resumen

Como cada año, hago un poco de balance de lo que ha sido este año y cómo se ha portado 2023 en lo personal.

Este año se ha movido entre varias aguas con respecto a mis números. He leído muchos menos cómics, pero más libros. La tendencia de los últimos continúa en una pescadilla que se muerde la cola: tengo menos tiempo y por tanto leo y escribo menos sobre cómics; al no hacerlo, (supongo que) las editoriales han ido perdiendo el contacto conmigo, o yo con ellas, de manera que leo y escribo aún menos... Y así estamos. Pero ¿sabéis qué? No me importa. El cómic cada vez me interesa menos. Ni he podido seguir escribiendo cómics -los dibujantes siguen dándome esquinazo y yo ya no estoy para perseguirlos/las: ¿quieres hacer un cómic? Si quieres, vamos allá. ¿No quieres? Pues no pasa nada. No vamos a ganar el Premio Nacional, después de todo-, ni lo que leo me entusiasma. Voy viendo las novedades y tampoco me llaman la atención muchos de los títulos. Tengo una particular desconexión con el género de superhéroes, sobreeditado por ECC y Panini: el 95% del material nuevo no me interesa, y luego están las constantes reediciones de material clásico, que o ya he leído o ya tengo, o tampoco es para tanto.

He jugado menos partidas de juegos de mesa, pero a más wargames. Tiene sentido, porque las partidas a wargames siempre implican muchas horas, pero estoy contento con el resultado.

He visto más películas, pero menos temporadas de series. El año pasado nos concentramos bastante en series, pero el factor principal de este cambio es que hemos dejado de ver muchísimo la tele en casa. Hay días enteros en que no la encendemos. Y con los recortes de gastos, dejamos la única plataforma que pagábamos (Netflix), aunque a finales de año nos metimos en Filmin, que me gusta mucho más por su fondo clásico y antiguo.

He jugado poquísimo a rol, y aún menos con adultos, y menos aún presencialmente. Esto sí que lo echo mucho mucho de menos.

En música, he superado las dos-tres peores marcas anuales, y por poquito no la cuarta. Pero como veremos, de novedades, pocas.

En cuanto a escribir, el nivel de posts también ha bajado mucho, y es que sencillamente no encuentro el tiempo. Estoy muy contento de que Papel en Blanco, como en 2022, ha encontrado por fin su camino con un equipo de redacción de lujo compuesto por Sarah Manzano, Eduardo Irujo, Nacho Pillonetto, Aitor Poza, Enric Pujadas, Lucía Baudet, Gudrun Palomino, Dalia Alonso y Marcela Fernández. Ellos han tirado de la web cuando yo no he podido. Estoy muy contento de tenerlos en el barco. Ya puedo decir con orgullo y alegría que Papel en Blanco no sólo soy yo, sino que es también esta maravillosa familia.

Mi trabajo en El Desafío de las Águilas sigue en marcha, porque es lo que, como ya he dicho otros años, es lo que más me motiva actualmente. Desgraciadamente no tengo el don de la ubicuidad y donde no he estado a la altura es en Bebé a Mordor, pero por suerte, en su staff hay gente mucho más motivada y preparada que yo para hablar de libros y cómics LIJ.

De los proyectos que auguraba para 2023 ninguno se ha cumplido, y es que no hay como tan siquiera hacer una velada mención ilusionante como para que no llegue nada a termino. Por lo que para 2024 no tengo ninguna esperanza concreta, al menos que quiera compartir aquí.

¿Qué esperar de 2024? No tengo la más remota idea, hoy la redacción de este balance me pilla un poco apático. Simplemente lo viviremos y veremos qué trae. Feliz Año Nuevo.

8.12.23

La salvación por la poesía

Esos poemas grabados en mi memoria, ¿están ahí, son memorables porque son intrínsecamente buenos? ¿O porque sus palabras se han simplemente grabado a fuego en nuestro interior, y como una letanía u oración, sabemos que tienen que ser así y no de otra forma, que no podrían ser de otra manera? ¿Simplemente nos hemos acostumbrado a esas palabras, su pronunciación es un ritual, una manera de sentirnos cómodos en una parcela de palabras que ya conocemos? Volver a esos poemas tan queridos es de alguna manera como sentirse en casa. A mí me gustaría poder transmitir ese escalofrío que me producen esas palabras encadenadas, que juntas producen un embrujo (¿no son acaso las fórmulas mágicas lo mismo?). Esos poemas como “Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable” o “Yo sé un himno gigante y extraño” o “Qué joven eres, Dios mío, qué joven eres”, o “En un viejo país ineficiente, algo así como España entre dos guerras”, o “Me gustas cuando dices tonterías” o “Recuerde el alma dormida”, o “En tanto que de rosa y de azucena”, o “¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?” o “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo”, o “Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo, no sé!”, o “Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte”... Algunos ejemplos que me vienen a la cabeza. Sí, son fórmulas mágicas, antiguas combinaciones de palabras que se han vuelto sagradas. No sobra ni falta nada. Me gustaría poder transmitir lo maravilloso de ese trabajo de orfebrería, cómo sus autores fueron capaces de cifrar en palabras pensamientos y sensaciones tan potentes que consiguieron albergar vida en su interior. Estos poemas están vivos, son ya una entidad independiente de sus creadores, son ideas que flotan en el éter y que han conseguido incorporarse de alguna forma. Alcanzar esto es conseguir el mayor éxito como ser humano. Debe de ser una fantasía platónica, pero lo pienso de forma irrenunciable. Ni ahora ni antes este prodigio impresionó a mis alumnos. No al menos a la mayoría. ¿Por qué entonces sigo intentándolo cada año? Transmitir esa conexión profunda, ese "escalofrío", es un desafío, especialmente en la enseñanza, donde cada estudiante reacciona a la literatura de manera única. Continuar intentándolo año tras año refleja la esperanza y la creencia en el poder transformador de la literatura, en la posibilidad de que, aunque sea para unos pocos, esos poemas puedan convertirse en algo más que palabras, en entidades vivas que enriquezcan y transformen vidas, tal como lo han hecho con la mía.

6.12.23

Reseñas extremas mínimas (XXVIII)

· Helga - Wrapped in Mist (2023). Siempre digo lo mismo, pero es cierto: es díficil que me entre un álbum a la primera audición. Sin embargo, éste lo ha conseguido. ¿Shoegaze con resonancias folk nórdicas, que bebe de los trabajos de Myrkur, con bellos paisajes musicales y arrebatos black? Suena bien, ¿no? Hay que, por lo menos, probarlo. En Wrapped in Mist encontramos un disco que representa el debut de este quinteto sueco encabezado por Helga Gabriel, que RYM extrañamente cataloga como post-metal, que dibuja unas melodías que entran muy bien, y saben jugar con momentos puntuales de salvajismo black. Como siempre, me remito a mi web de referencia, Angry Metal Guay, donde, en su reseña, dice: "folk atmospheres, post-rock, and fleeting black metal into a potent and unique brand. (...) The contents of Wrapped in Mist tend to fall into two camps: one more experimental black/folk, the other more straightforward shoegaze/pop. This proves to be something of a double-edged sword for Helga, but when it works the band balance a bevy of timbres and textures with grace befitting a much more mature outfit". 

· Alcest - Spiritual Instinct (2019)
. Mi relación con Alcest empezó en 2008 y desde entonces he hablado bastantes veces del grupo de Neige en este blog. La idea de mezclar el shoegaze con el black metal me pareció entonces fascinante. Si bien su primer álbum Souvenirs d'un Autre Monde (2007) aún ensayaba la formula, los siguientes Ecailles de Lune (2010) certificaron la calidad de la feliz idea. Sin embargo, todo lo que me entusiasmó el grupo me abandonó con Shelter (2014). Muy desengañado, sé que me gustó el siguiente Kodama (2016), pero el foco de mi atención simplemente se fue a otros lados. No estaba ni al tanto del último trabajo, Spiritual Instinct (2019), que quizá hubiera oído superficialmente. Gracias a algunos tuiteros, recupero cuatro años más tarde este trabajo y me parece una delicia, a la altura de sus mejores obras. Nada nuevo aquí: todo lo que Niege había estado ensayando en sus otros trabajos vuelve a aparecer en este álbum. Él dice que es su disco más oscuro, y puedo entender porque lo dice: quizá es en el que más predomina los ásperos aullidos herederos del black francés de Les Légions Noires. Con todo, sigue teniendo esa luz de la infancia que destilan las composiciones de la banda. Me ha gustado mucho retrobarme con el grupo y disfrutarlo como hace doce o trece años. 

· Jazz Sabbath - Jazz Sabbath (2020). ¿Os gusta el jazz, especialmente el bebop y el postbop? ¿Y os gusta Black Sabbath? Entonces es muy posible que os guste esta banda: Jazz Sabbath, que en su disco debut homónimo versiona canciones de la clásica pentalogía del grupo de Ozzy. Y es que el material de inicio con el que trabaja la banda ya tenía en sí mismo un regusto a blues e incluso jazz. En RYM dicen de él que es "it's mostly piano trio stuff, with a little bit of guitar thrown in here and there". No esperéis versiones calcadas, con la misma estructura, etc: esto es jazz, y la interpretación libre, sobre un tema principal, es lo que brilla aquí. A veces se hace difícil identificar la canción más que en alguna sección; en otras ocasiones, es más fácil. Pero es igualmente disfrutable por el mood que transmite el jazz. Y si no habéis tenido bastante, este año han sacado una nueva entrega de versiones. 

12.11.23

Cómo volver a bloquear anuncios en Youtube en Firefox (noviembre 2023)

Si, como yo, eres de los que usan bloqueadores de publicidad para hacer de la navegación algo que no sea demencial, quizá te habrás encontrado que Youtube te da un ultimátum:

YOUTUBE] se está poniendo pesado con el tema de los anuncios en sus videos  - Forocoches

Y que tras esos tres vídeos cumple su amenaza y te bloquea. 

IMAGE: YouTube

Pues bien, aquí una idea de Enrique Dans (¡gracia!): si quieres seguir usando Firefox sin anuncios en Youtube puedes optar por este bloqueador, que lo que hace según he leído es cargar la publi, pero no reproducirla. Eso sí: como es un bloqueador específico para la página, dile a tu bloqueador "normal" que permites la publicidad en esa web. ¡De nada!

[A veces me pasa que tengo una duda técnica, y, como todos, busco en Google la solución. Y me pasa también que, meses después, vuelvo a tenerla, vuelvo a buscar pero no recuerdo cómo la encontré la primera vez. Para solucionar esto, me hago un autopost de recuerdo y espero que os pueda servir también a vosotros.]

8.11.23

Now and Then

Now And Then”, la última canción de The Beatles

Ya habréis escuchado Now and Then. Hito en la arqueología musical gracias a las nuevas tecnologías, esta canción fue descartada en su momento del Anthology por el ruido que contenía. Para mi gusto, el resultado final es demasiado empastado: le sobran los arreglos orquestales,... pero la voz espectral de John y el mensaje tan bonito, es como... Uf, casi no puede decirse sin emocionarse. Es la mejor despedida del grupo, ahora que ya nos faltan dos integrantes, mucho mejor que aquel The End del Abbey Road, que ya era bueno, pero tenía un punto de resquemor para los que sabíamos en qué punto estaba la banda en aquel momento. Más de 50 años después de todo aquello, con el tiempo habiendo curado las heridas, cuando ya sólo quedan las leyendas, esta canción es como una tirita, es como ver una foto antigua de tus hijos cuando eran bebés. Es todo amor. Porque eso eran los Beatles, en el fondo: amor. Qué importan ahora las discusiones, las disensiones, los egos... Lo que nos queda es un legado de leyenda. Cuatro chicos de Liverpool que cambiaron el mundo, que llevaron a la música a un nuevo nivel. Cuatro amigos, compañeros, hermanos... El carismático y emocional John, el cerebral Paul, George el trascendente y Ringo la amistad personificada. A mí la letra de Now and Then me hace correr un escalofrío, me emociona hasta las lágrimas, y los (a veces demasiado burdos) videos de reunión imposible de los miembros con sus yos del pasado, a pesar de que a veces resultan inquietantes, me producen una honda tristeza y una profunda nostalgia. Una nostalgia de algo perdido, que en realidad, por edad, nunca viví.

Si no os ha emocionado la canción porque estáis muertos por dentro, queda el remate final. Parece ser que las palabras de despedida que Lennon le dijo a McCartney la última vez que se vieron fueron "Think about me every now and then, old friend". La historia la contó Carl Perkins y te pone la piel de gallina. Lo que deben de echar de menos Paul y Ringo a sus dos amigos no lo puede saber nadie.

Los Beatles: el histórico recital en la terraza llegó al streaming | TN





9.10.23

Parecidos razonables (XLVIII): Babylon Chàt vs. Rozz Williams

Parecidos razonables entre la portada de Bailando con Brando (2001) de Babylon Chàt, grupo glam español, y la icónica fotografía de Rozz Williams. La primera canción del álbum, Camaleón, habla sobre un personaje de sexualidad imprecisa, ¿referencia a Rozz?

Bailando Con Brando de Babylon Chat en Amazon Music - Amazon.es

Christian Death Rozz Williams Backpatch

22.9.23

La Fundación Sophia en Mallorca

Hace años (concretamente 20), publiqué la noticia de abajo. Y muchos después, quizá ahora hace 10, vino a mi trabajo una señora en nombre de Fundación Sophia, para pedirme educadamente que retirara este post. Ya no recuerdo muy bien la conversación, pero lo que me acojonó es que tirando del hilo de internet, acabó llegando a mi lugar de trabajo. Tampoco es que lo esconda, pero vamos, que se tomaron sus molestias para llegar a mí. Les dije que me lo pensaría y para ahorrarme problemas la borre.

Hoy he visto en redes contenido que no sólo no desmiente lo que puse, sino que lo confirma. Como dije, borré en su momento el post. Hoy lo vuelvo a subir como aviso a navegantes. Y añado información útil.

· "El Govern pide a la Policía que investigue la aparición de sectas.

Las familias de adeptos a la Fundación Sophia afirman que se les inculcan ideologías totalitarias y alienantes". Algunos de nosotros ya nos olimos el tufillo que desprendía este supuesto "centro de estudios filosóficos" cuando apareció, con métodos misteriosamente parecidos a los de otra infausta secta, la Nueva Acrópolis. Después ha resultado que detrás de esta fundación estaban los capitostes de esa secta. Desde aquí esperamos que la Policía haga un buen trabajo y tome todas las medidas necesarias contra estos sinvergüenzas que se aprovechan de los pobres de espíritu. Noticia completa (Fuente: Diario de Mallorca).

31.8.23

Resumen de un verano

60 días.

17 libros.

37 cómics.

16 películas.

71 partidas.

5 sesiones de rol.

No está mal.


27.7.23

Diario de lecturas (XXXI): bolsilibros

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En el mundo de los bolsilibros hay de todo. Si bien me encanta lo mal que escriben autores como Joseph Berna o Ada Coretti, en esa miríada de autores y obras hay infinitas calidades literarias. Así he conocido la obra de Law Space, pseudónimo de Enrique Sánchez Pascual, padre, por cierto, de Enrique Sánchez Abulí, el creador de Torpedo. En esta novelita Soy un humanoide de 1981 nos encontramos una muy decente historia de posthumanismo, escrita con una calidad literaria a años luz de otros autores de bolsilibros. El último hombre nacido de mujer plantea una callada revolución para desprogramar a los serviles humanoides que la clase alta explota como trabajadores. Transhumanismo, identidad, microdrones... A pesar de las limitaciones del formato, se le ha de conceder el mérito de pensar a lo grande en esta novelita de 96 pgs. El "Solo para adultos" parece más algo que se le impusiera al escritor, que tuvo que meter con embudo alguna escena erótica para vender, que sin embargo salva bien e integra coherentemente en la historia. Y destaco también la inteligencia de jugar con el título y el final del libro. Un buen descubrimiento, que demuestra que falta mucho por estudiar en este género de novelas populares, el pulp español por excelencia. 

Me escapé del infierno de Ada Coretti: Bueno | Libros Ambigú

Sin embargo, me ha decepcionado terriblemente el siguiente título: Me escapé del infierno, de Ada Coretti, una autora a la que sigo y que tiene un estilo francamente malo que, sin embargo, puede disfrutarse bastante una vez entras en su juego. Pero en esta novela, que juega con asesinos psicópatas que han perdido la memoria, no encontramos las características habituales de sus libros (aquí un post muy bueno sobre la autora). Nada sobrenatural: la historia se convierte en una historia de detectives para averiguar quién pudo matar a los personajes que van espichando.

19.5.23

The Crow: Curare y La piel del lobo

Recién he acabado de leer The Crow: Curare, otra pieza del puzzle de James O'Barr sobre la venganza y el descenso a los infiernos del ser humano en la serie que le ha valido la fama. Edita este tomo Yermo Ediciones en 2013. 

En The Crow: Curare, James O'Barr se acompaña de Antoine Dodé, dibujante francés que se acerca al estilo manga, para una historia protagonizada por un policía retirado que ha malgastado su vida personal por su trabajo.
 
Los cómics de The Crow son siempre pura emoción. Lo han sido desde el primero de ellos, el original, que te golpea con el impacto emocional del dolor del protagonista. Es un ejercicio de catarsis y es una bella obra maestra. Aquí, argumentalmente lo podríamos ver como un cómic flojo que cae en una serie de clichés del género policiaco: es así, sin duda. Su virtud consiste en la fuerza con la que te golpea, fuerza que tú le devuelves al Cuervo para que ejecute su venganza. Si has leído algo de El Cuervo probablemente sabrías decir de qué va Curare o cómo va a acabar, pero eso no hace que lo disfrutes menos. Porque lloras cuando el detective le pide perdón a la niña por no haber podido salvarla, y porque quieres ver cómo el hijo de puta que la ha matado muera como la sabandija que es. Lo dicho: emociones.
 
Yermo editó Curare junto a La piel del lobo, cuyo título en inglés es "Skinning the wolves", que da una mejor idea de lo que va. Esta otra miniserie escrita está también por James O'Barr, quien además pone algunas variantes de portadas. Brutales, como la que acompaña este párrafo.

 
Si la violación y muerte de una menor es uno de los peores infiernos que puede crear el ser humano, no podía faltar el definitivo... En La piel del lobo, El Cuervo visita un campo de concentración nazi.  No hay que darle muchas vueltas al argumento: El Cuervo se levanta para vengar a un padre asesinado junto a su familia por un coronel obsesionado por jugar al ajedrez con sus víctimas. Maniqueísmo total con un malo sin aristas, totalmente inhumano, en una historia que busca lo que ya habrás supuesto.
 
La piel del lobo es una catarsis a lo bestia para uno de los peores momentos de la humanidad, casi una mera excusa para matar nazis, que ya me va bien. Pero James O'Barr tiene tiempo de apuntar ciertos detalles históricos, como el señalar a todos los culpables de facto. Al final de la historia, los prisioneros escapan de un campo de concentración que ha sido destruido hasta los cimientos. Los supervivientes le dicen al Cuervo que irán a la ciudad más próxima. Él les advierte: "No vayáis a la ciudad. Sabían lo que pasaba aquí y no hicieron nada. Voy a visitarlos".
 
En resumen, la virtud de O'Barr es que te sacude en lo más íntimo y te lleva en un carrusel de emociones por el lado más oscuro del ser humano. Curare y La piel del lobo no son quizá los mejores Cuervos pero son una lectura visceral que te removerá y te hará sentir vivo.
 
No quiero terminar sin dejar aquí el artículo que escribí sobre el Cuervo original, que para mí sigue siendo una obra maestra del cómic, y recomendaros encarecidamente su lectura.    

6.5.23

Diario de lecturas (XXX)

Hace un par de años que mis índices de lectura son paupérrimos. A medida que mis hijas se van haciendo mayores, parece que el trabajo se multiplica y sólo encuentro un momento para leer cuando voy a la cama, antes de caer rendido otro día más. Como vi venir, este año la lectura de Normandía 1944 de James Holland me está costando mucho: más de 700 páginas que, aunque muy interesantes, no logro configurar en mi cabeza cuando el autor baja al terreno de lo concreto y describe escaramuzas tácticas que, simplemente, no puedo representar en la cabeza. Llevo cinco meses con el libro y todavía me quedan 200 páginas.

Pero hete aquí que una circunstancia azarosa hizo que mis lecturas se reactivaran hace un par de meses. Dos tapones muy gordos en los oídos (me temo que facilitados por el uso de auriculares "intraoído"), me llevaron, primero, a buscar auriculares de diadema para mis viajes en bus (llevo todo el curso yendo al trabajo en este servicio público, lo que se traduce en una hora y media cada día de trayectos), segundo, a intentar leer en el bus, al menos en el primer transbordo, en el que siempre me puedo sentar y no es demasiado movido. Siempre me he mareado leyendo en el coche, pero ha resultado que, en este pequeño lapso de quizá 20m. del primer bus que cojo, que va prácticamente en línea recta hasta donde me bajo, sí que he podido leer con comodidad. Y eso me ha animado mucho. Empecé por terminar La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine, recomendación de Silvia Broome, y me entusiasmó. La pasión de este hombre, su completo convencimiento en las ideas humanistas, me llegaron mucho y me dieron fuerzas para seguir adelante en mi trabajo. Seguí con otro libro de Ordine, Los hombres no son islas, que, a pesar de que tiene muchas coincidencias literales con lo que cuenta el autor en su libro anterior, el compendio de textos de autores clásicos que tratan temas directamente relacionados con nuestra vida (el amor, la consideración de pareja, el racismo, el clientelismo de la universidad, el humanismo, etc.) es realmente excelente y resulta una guía fantástica por si algún día uno quiere entrar en esos clásicos por sí mismo. 

Llevado por el culturalismo, en el buen sentido, de Ordine, revisé mi biblioteca en busca de libros breves que pudiera leer en ese pequeño lapso de autobús. Y volví a Borges, autor que en la universidad me había apasionado. Leí Discusión, pequeños ensayos y conferencias de diversos temas, sobre todo literatura, filosofía y cine, y luego Los conjurados, un poemario que, si no he entendido mal, es el último libro publicado por el argentino. Del primero, me encantó su erudición, hasta el límite de lo pedante, pero a Borges siempre se lo perdono. Muchas veces se me escapan las referencias que utiliza, y además la manera que tiene de decirlo no es precisamente la más sencilla (esto lo noto ahora, no creo que lo advirtiera hace veinte años), pero su sutil y soterrado humor me conforta. Respecto al segundo, me llamaron la atención varios pasajes, y sobre todo el aire personal que transpira la primera parte del poema. Luego la erudición vuelve a abrirse paso, y nos encontramos con los temas de Borges de siempre: la eternidad, el tiempo, el eterno retorno... Pero en Los conjurados el tamiz lo pone un autor ya ciego, y probablemente consciente de que está agotando sus días. Me estremeció. Por ejemplo, éste, que no parece de Borges:

Tríada

El alivio que habrá sentido César en la mañana de Farsalia, al pensar: Hoy es la batalla.

El alivio que habrá sentido Carlos Primero al ver el alba en el cristal y pensar: Hoy es el día del patíbulo, del coraje y del hacha.

El alivio que tú y yo sentiremos en el instante que precede a la muerte, cuando la suerte nos desate de la triste costumbre de ser alguien y del peso del universo.

Lo cierto es que ante la idea de otro año en que mis lecturas fueran escasas, las últimas circunstancias me han animado, han hecho que recuperara la ilusión por leer y me han insuflado, de alguna manera, el espíritu humanista, filosófico y literario de los autores que he leído.

2.5.23

El síndrome de la cornucopia o la sobreabundancia contemporánea


Escribo por segunda tercera vez este artículo después de que la versión original se perdiera en la purga de usuarios de La Voz en el Muro, un fallido proyecto de portal de contenidos creados por los usuarios.

Pero como Ramon Llull después del naufragio en el que perdió sus obras, sólo me quedan ideas de lo que una vez puse por escrito. El artículo hablaba sobre la instantánea disponibilidad de los contenidos en internet, la amplísima oferta, la frustración por no llegar a todo, y lo que todo ello nos hace sentir. Dejo por aquí las impresiones que recuerdo.

Actualmente, uno busca cualquier película, cualquier canción, cómic, videojuego... Y en la mayoría de los casos, con una búsqueda bien hecha, obtendrá lo que quiere en menos de diez minutos, incluida su descarga.

Hemos llegado a un punto en que tenemos muchísimo más de lo que podremos disfrutar en nuestra vida. Se le ha llamado síndrome de Diógenes digital, pero yo prefiero llamarle síndrome de la cornucopia, donde la red es una pradera del País de Jauja dispuesta a ofrecernos todo lo que queremos y más. No sé vosotros, pero yo tengo más videojuegos en Steam de los que podré jugar nunca (además de algunos en formato físico que compré y nunca llegué a instalar), más música de la que podré escuchar nunca (centenares de cds, y luego decenas de dvds llenos de mp3, y luego discos duros físicos de gigas y gigas de música, sumando miles o decenas de miles de álbums), más películas de las que podré ver (un montón de copias físicas de rebajas, incluso ediciones metálicas que no he estrenado, películas que tengo almacenadas en soportes rígidos o cds, algunas desde 2003 y sin haber visto; y ahora con las plataformas digitales ya es el acabóse) y más libros y cómics de los que podré leer en lo que me queda de vida. Ahora, a esto le podría añadir los juegos de mesa. Me engaño con la ilusión de que sí, pero no.

Siempre digo que, cuando compramos un producto cultural, sea una película, un libro, un juego... lo que en realidad querríamos comprar es el tiempo necesario para disfrutar de ese producto. Y eso no es así. Pensamos que "algún día", bajamos tal película o tal pdf "por si acaso luego tumban esa página* y no soy capaz de volverlo a encontrar", e incluso la más divertida: "cuando me jubile tendré tiempo", ¡cuando todavía nos falta media vida laboral o más! (*mira por donde, este pensamiento me vino bien cuando se cargaron el repositorio rolero The Trove.Net).

Afortunadamente, con algunas cosas he podido poner freno. En los videojuegos, las famosas rebajas de Steam no me afectan porque los videojuegos fue a lo primero que renuncié cuando entendí que mi vida se encapsulaba. No es que lo haya dejado del todo, pero es algo que tampoco echo mucho de menos. Con la música pasa otro tanto, antes bajaba un montón de novedades mensuales, gracias a las infinitas posibilidades de la descarga directa, sobre todo del mundo del metal, y apenas podía echarles alguna oída. Ahora compro muy pocos cds ya no compro cds (ya tengo suficientes, y siempre acabo escuchando lo mismo... cosas de la edad) y el ansia por bajar cosas la ha solventado el streaming gratuito en páginas como Deezer, Youtube o Bandcamp. Con los libros y cómics me he frenado mucho casi en seco, porque además con el trabajo en Papel en Blanco y Ultima Hora, tengo lectura de sobra sin pagar. El lado negativo de ello es que muchas veces leo cosas que no me interesan o que no hubiera leído por voluntad propia. (A este respecto, leed la entrada La focalización y el problema de las redes).

Este año [¿2019?] me propuse dejar un poco de lado la dictadura de la novedad y de la lectura por compromiso a la que me obliga mi trabajo para disfrutar un poco más personalmente de lo que quiero leer. Lo conseguí a medias, sí es cierto que intenté elegir más lecturas (y relecturas) totalmente voluntarias, pero al mismo tiempo con el rabillo del ojo veía como la pila de libros por leer iba subiendo hasta límites absurdos (calculo que ahora mismo ronda el metro y poco más de altura).

Pero a lo que vamos: el enfrentamiento que quería exponer es el de la materia contra el tiempo. Cuando tengo un momento para instalar un videojuego, miro la lista de más de 400 títulos... y no sé qué poner, porque tengo 5 ó 6 opciones que me apetecen lo mismo. Hace poco leía sobre el juego de mesa de This War of Mine, basado en un videojuego. Me puse a comparar precios, y al ir a consultar el del videojuego... ¡Me di cuenta de que tenía el juego en Steam desde 2017 y ni siquiera lo recordaba! Cuando subo a la biblioteca y me apetece leer un libro, tengo tantas opciones, pero tantas, que me agobio. Repaso estanterías y baldas, y empiezo a localizar libros que tengo muchas ganas de leer: siete, ocho, nuevo, doce... Y me empiezo a poner nervioso, porque lo que tendría que ser el espacio más calmado, relajado y cómodo de la casa me está empezando a estresar. A veces husmeo en alguna balda, y descubro libros que ni recuerdo que tenía. Alguna vez he estado a punto de comprar un libro que ya tenía, si no es que lo he hecho realmente.¿Es sólo la parálisis del análisis lo que me afecta? Yo creo que es algo más: es el lado oscuro del consumismo riéndose de mí en la cara. ¿No querías todo esto? ¡Ya lo tienes! ¿Y ahora, qué? Es una lucha destinada al fracaso.
[Aquí se corta el borrador de mi digresión, pero ahora mismo no me veo capaz de seguirla. Sirva esta muestra para hacerse una idea de lo que quería decir.]
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