29.8.26

Ciclo "Death Wish": Charles Bronson y el nacimiento del 'vigilante' (II)

 Death Wish 2 (Yo soy la justicia) es de 1982. Esta secuela tardó ocho años en llegar al público. Todo lo que comenté en la primera entrega puede aplicarse a ésta. En ella, nuestro protagonista Paul Kersey ha recompuesto su vida, tiene una nueva novia, y su hija sigue ingresada en un sanatorio: ahora, en vez de catatónica, ha quedado muda y se comporta como una niña pequeña. La mala suerte (y los altos índices de delincuencia, claro) hace que el hogar de Kersey vuelva a ser allanado, a resultas de que la chacha resulta muerta (y antes, violada en una secuencia mucho más larga, reiterada y dura que la de la película anterior)  y su hija secuestrada, violada y resulta muerta de forma rocambolesca cuando intenta huir de sus captores. 

Lo que me sigue llamando poderosamente la tentación es la ausencia de sentimientos de Kersey: ya ha enterrado a su mujer, una criada y a su hija, y al día siguiente, en el trabajo: (ver foto de abajo).

 

No pasa nada, cariño. Han matado a mi hija, pero no es nada.

Al contrario: Kersey ya sabe qué hacer, y esta vez toma más precauciones. Alquila un cuartucho en una pensión de mala muerte, en los barrios bajos, para operar desde ahí cada noche (inolvidable su disfraz de desarrapado, con el gorro de lana negro).  

A partir de ahí Kersey desarrollará su impenitente venganza. Con la policía en los talones, acabando con la banda de criminales que mató a su hija, y en un último acto haciéndose pasar por psicólogo para llegar hasta el jefe de la banda, que está ingresado. Todo con la aprobación bajo mano de los poderes tácticos. Pero, ah, Kersey está destinado a ser un lobo solitario: al final de la película, su nueva novia, advertida por el detective, conoce la verdad y le deja. En mi imaginación, quiero pensar que como el personaje es interpretado por Jill Ireland, la mujer de Bronson en la vida real, éste pidió que ese papel no fuera vejado.

Death Wish 2 va directa al grano. Creo que no pasan más de 10-12 minutos de películas hasta que fallecen los personajes que pondrán en marcha la venganza del protagonista. De nuevo nos encontramos con un vengador de gatillo fácil: es igual un robacarteras de poca monta que un violador, todos tragan plomo por igual. Pero ahora Kersey es más metódico. Tiene un plan, y casi una coartada. Llegados a este punto, ha desarrollado cierto gusto por la venganza, no lo neguemos. Si la entrega inicial era burda, aquí la película va a por uvas rápidamente (¡pero es que aún tenía que venir lo mejor en posteriores entregas!). Me quedo con esta "crítica" de Filmaffinity: "Tu hija violada y clavada en lo alto de una verja. Tu mujer asesinada. Tu criada sodomizada. Sales a la calle, buscas a los que han hecho todo eso, los encuentras y los matas. A eso los críticos y los progres de salón lo llaman "cine fascistoide". Yo sólo digo que PAUL KERSEY ES DIOS"

A nivel anecdótico, en esta entrega encontramos a Lawrence Fishburne como pandillero y a ¡Jimmy Page! como encargado de la banda sonora (el uso de sintetizadores la hace clara hija de finales de los 70. Page tuvo la desfachatez incluso de publicarla bajo el sello Swan Song, el de Led Zeppelin).  


 [Anteriormente: Charles Bronson y el nacimiento del 'vigilante' (I)]

28.8.26

Ciclo "Death Wish": Charles Bronson y el nacimiento del 'vigilante' (I)

Es curioso la línea que uno llega a seguir eligiendo películas. Después de mi temporada Vietnam, con los clásicos del género -vistos por primera vez, ojo-, terminé recalando en un producto de serie B de la Cannon Films, protagonizado por David Carradine y ambientado en dicha guerra: Más allá de las líneas enemigas, u originalmente P.O.W.: The Escape, de 1986, una película ínfame en la que los soldados americanos son los buenos y el Vietcong un hatajo de seres despreciables y traidores y que disparan horriblemente mal. Sin embargo, sabréis los que me conocéis que tengo debilidad por la serie B, incluso la Z, que soy fan de la Hammer y de cualquier engendro de peli con zombis, y que si se trata de pelis cutres, y encima de los 70-80, allá que voy. Así que tras dicha película, Filmin me sugería otros títulos, y reparé en las películas de Charles Bronson. Pero ya sabéis, las pelis de madurez de Bronson, las de "vengador". Nunca las había visto y en ese momento me pregunté qué maldito interés tendría el público en un tío que ni es guapo, ni está fornido, ni es especialmente buen actor. Así que allá fui: a por su saga más icónica, en inglés Death Wish.

 

La primera película de la saga es El justiciero de la ciudad (Death Wish). En ella, Paul Kersey es un arquitecto al que unos pandilleros matan a su mujer y dejan a su hija postadolescente poco más que catatónica. Al ver la ineficiencia de la policía, Kersey, que ha conseguido un arma, se tomará la justicia por su mano y buscará a los pandilleros para acabar con ellos.

 

Es 1974. Nixon acababa de dimitir aquel agosto y Gerald Ford era el nuevo presidente. Nueva York, la ciudad en la que suceden los acontecimientos de la ciudad, pasaba por uno de sus peores momentos: la ciudad tenía una deuda insostenible y la criminalidad se había disparado. Los turistas recibían al llegar al aeropuerto unos panfletos que rezaban "Bienvenidos a la Ciudad del Miedo", donde se les daban advertencias de qué sitios evitar. [Este artículo sobre la situación de la ciudad es muy interesante]. Los 70 serían una etapa fundamental para convertir los logros del movimiento por los derechos civiles en cambios políticos, educativos, institucionales y culturales duraderos: aumentó la presencia de afroamericanos en cargos políticos, aunque persistieron problemas como la pobreza, la desigualdad educativa y la brutalidad policial.

Tengo una teoría que tengo que desarrollar o ver si ya ha sido trabajada desde la antropología o los estudios culturales: la evolución de los "tipos malos" en el cine. Mi teoría (sin más fundamento que mi experiencia como espectador-lector) es que la asociación de un tipo de vida alternativa con la delincuencia se cimenta en el imaginario popular en los años 60/70 relacionando el crimen con los sectores de los márgenes que habían estado protestando durante esas décadas: los hippies, las personas de color, las minorías étnicas, los que reivindicaban una sexualidad libre. Todo esto a ojos conservadores debían de ser vagos abraza-árboles y negros desarrapados, todo un conjunto de maleantes y drogadictos, a los que esta situación de crisis en Nueva York (por seguir el ejemplo de antes) no ayudó a refutar. Es más, la combinación clase baja-delincuente-persona racializada era perfecta para ofrecer a estas personas como los malos. Y Death Wish, como muchos de los productos de la época, retrata esto muy bien. No sólo eso, sino que se convertiría en el espejo en el que reflejarse en la siguiente década. No olvidemos que, por ejemplo, el Castigador de Marvel aparece ese mismo 1974, año de Death Wish, pero que la novela original de Brian Garfield en la que se basa la película tuvo mucho éxito y era dos años anterior.

Bueno, pues aquí tenemos a Paul Kersey (Charles Bronson) dispuesto a tomar venganza. No es algo que se le ocurre al instante de perder a su familia. La conexión la hace cuando un cliente, ojo, texano, le regala un revólver. Kersey vuelve a Nueva York y se dedica a salir de noche, y casi que esa explosión de delincuencia se lo pone a huevo. 


 El justiciero de la ciudad, vista con ojos contemporáneos, es casi ver el meme de "Llamen a una ambulancia". Un señor, que es arquitecto y nunca se ha metido en líos, hiere a su primer delincuente casi por accidente, y desde ese momento se convence de que puede acabar, si no con el crimen, con los asesinos de su familia. A partir de aquí, la película, aunque no es lo que quiera enseñar explícitamente, nos muestra la psicopatía que desarrolla el protagonista: ya apenas le interesa el estado de su hija, recluida en un psiquiátrico, su meta será limpiar las calles.

Las frases lapidarias al estilo Harry el sucio no faltan en la saga (aunque creo que ésta es de la segunda parte): "¿Crees en Dios? Ahora vas a reunirte con él. ¡BAM!"

La policía se muestra como un cuerpo inepto y su preocupación es tapar el caso de los asesinatos de criminales, más que detener al asesino. El jefe de policía, de hecho, se congratula de que los índices de criminalidad han caído con Kersey rondando por las calles, con lo que ya les va bien, pero temen un efecto réplica en la que cualquier otra persona se sume al papel de vengador anónimo. Una lectura, por tanto, muy de la época y del contexto que hemos citado. 

Death Wish funciona por lo burda que es. Opera a nivel sensorial, irracional. Como espectador, apenas te interesa la nula psicología de los personajes, el estereotipado detective que persigue a Kersey, o lo mal actuada que está la hija del protagonista. Tú sólo piensas: "¡Traga plomo, escoria! ¡Dale, Charles!". Y es por eso que funciona. La película en sí misma tiene detalles curiosos, como ver a Jeff Goldblum, en uno de sus primeros papeles, como delincuente; la banda sonora del músico de jazz Herbie Hancock, y algunas escenas de violación incómodas de ver hoy en día (aunque la de Death Wish II, sobre la que volveremos, es aún peor). El plano final, con Bronson haciendo el gesto de disparar con cara sonriente a otro desarrapado, es algo que seguramente no olvidaría Clint Eastwood. La película, con (o a pesar de) su tremendo mensaje ultraconservador, sería un tremendo éxito que haría a Bronson retomar el personaje hasta en cuatro ocasiones más, la última de ellas veinte años después. Seguiremos.

 


19.8.26

Diario de un verano (3-IV): Sleepless Nights


Escribo esto tras una de las peores noches en Palma. Noche infernal, la llaman, al parecer en meteorología, cuando las mínimas no bajan de 30º. Este verano marca un antes y un después en cuanto a cómo notamos los efectos del cambio climático. Los anteriores fueron puntualmente duros, pero éste sólo ha dado tregua unos 10 días, que yo recuerde. Yo, que era una persona a la que molestaban las corrientes de aire, ya no puedo vivir sin estar delante de un ventilador. Necesito que esto pare ya. 

Hasta principios de agosto había llevado un buen ritmo lector: he conseguido quitarme de encima una parte importante de la pila de lecturas pendientes que había acumulado. No obstante, después de unas treinta lecturas -con sus correspondientes reseñas, que podéis leer en Iconotropía-, ahora me tocaba enfrentarme con las lecturas más largas, complejas o farragosas de esa pila, con lo que mi ánimo ha decaído un poco bastante.  

Además, llevado un poco por la psicosis homérica que hubo a final de junio, empecé la lectura de la Odisea. El verano pasado, ya lo he comentado alguna vez, leí la Ilíada con profunda delectación. Ahora voy leyendo la Odisea, y aunque me está gustando, y descubro muchas cosas que no sabía (que, al igual que la Ilíada, no cuenta las cosas como uno se imagina), no me está fascinando igual que su hermana mayor. Quizá es por la traducción (me encanta la de Emilio Crespo de la Ilíada en Gredos), no lo sé, o por las expectativas. De momento voy por el canto VII y espero, al menos, terminarla antes de finalizar el año, porque antes de terminar el verano lo veo complicado.

No ha sido (¿está siendo?) un verano de "hacer muchas cosas" en el sentido de salir, ver gente y tal. A veces me pregunto si el problema soy yo si tengo que ser el que proponga a los amigos para quedar. No me molesta tomar la iniciativa, pero sí me mosquea el tener que hacerlo siempre. Hay que hacerse a la idea de que las amistades muchas veces no son simétricas. O, qué coño, tampoco es eso. Lo que pasa es que no conocemos en el fondo a los demás. No sabemos qué problemas tienen, en qué situación están, cómo lo llevan, y quizá no decir nada de quedar no es malicia, ni olvido. Es simplemente la vida aplastándote as usual.

Una última locura. Mi pareja no es de realizar gastos superfluos, es más, es una persona minimalista, espartana y verde. Pero tomó la iniciativa en meternos en los vinilos. Y aquí estoy, con un tocadiscos ("tornamesa" se usa mucho ahora, no lo había oído en mi vida. ¿Es un neologismo hispanoamericano o qué coño?), y nuestros primeros vinilos. Una nueva afición cara, delicada y que requiere espacio. Y como voy sobrado de espacio con los libros, cómics y juegos de mesa... Pero bueno. Problemas del primer mundo los llaman.

[Suena: Sleep - Dopesmoker

6.8.26

¿Cómo acceder a los archivos de imagen de un mod de Table Top Simulator de Steam Workshop?

Si usas Windows, puedes encontrar todas las imágenes en caché en Documentos/My Games/Tabletop Simulator/Mods/Images. Esta carpeta contendrá todas las imágenes en caché de todos los mods que hayas cargado en TTS. ¡Ojo, necesitarás haber descargado el mod al pc antes, obviamente! Por tanto, asegúrate en Steam de que tienes en tu Workshop de TTS el módulo del que quieres extraer las imágenes! 

 


[A veces me pasa que tengo una duda técnica, y, como todos, busco en Google la solución. Y me pasa también que, meses después, vuelvo a tenerla, vuelvo a buscar pero no recuerdo cómo la encontré la primera vez. Para solucionar esto, me hago un autopost de recuerdo y espero que os pueda servir también a vosotros.] 

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