Death Wish 2 (Yo soy la justicia) es de 1982. Esta secuela tardó ocho años en llegar al público. Todo lo que comenté en la primera entrega puede aplicarse a ésta. En ella, nuestro protagonista Paul Kersey ha recompuesto su vida, tiene una nueva novia, y su hija sigue ingresada en un sanatorio: ahora, en vez de catatónica, ha quedado muda y se comporta como una niña pequeña. La mala suerte (y los altos índices de delincuencia, claro) hace que el hogar de Kersey vuelva a ser allanado, a resultas de que la chacha resulta muerta (y antes, violada en una secuencia mucho más larga, reiterada y dura que la de la película anterior) y su hija secuestrada, violada y resulta muerta de forma rocambolesca cuando intenta huir de sus captores.
Lo que me sigue llamando poderosamente la tentación es la ausencia de sentimientos de Kersey: ya ha enterrado a su mujer, una criada y a su hija, y al día siguiente, en el trabajo: (ver foto de abajo).
No pasa nada, cariño. Han matado a mi hija, pero no es nada.
Al contrario: Kersey ya sabe qué hacer, y esta vez toma más precauciones. Alquila un cuartucho en una pensión de mala muerte, en los barrios bajos, para operar desde ahí cada noche (inolvidable su disfraz de desarrapado, con el gorro de lana negro).
A partir de ahí Kersey desarrollará su impenitente venganza. Con la policía en los talones, acabando con la banda de criminales que mató a su hija, y en un último acto haciéndose pasar por psicólogo para llegar hasta el jefe de la banda, que está ingresado. Todo con la aprobación bajo mano de los poderes tácticos. Pero, ah, Kersey está destinado a ser un lobo solitario: al final de la película, su nueva novia, advertida por el detective, conoce la verdad y le deja. En mi imaginación, quiero pensar que como el personaje es interpretado por Jill Ireland, la mujer de Bronson en la vida real, éste pidió que ese papel no fuera vejado.
Death Wish 2 va directa al grano. Creo que no pasan más de 10-12 minutos de películas hasta que fallecen los personajes que pondrán en marcha la venganza del protagonista. De nuevo nos encontramos con un vengador de gatillo fácil: es igual un robacarteras de poca monta que un violador, todos tragan plomo por igual. Pero ahora Kersey es más metódico. Tiene un plan, y casi una coartada. Llegados a este punto, ha desarrollado cierto gusto por la venganza, no lo neguemos. Si la entrega inicial era burda, aquí la película va a por uvas rápidamente (¡pero es que aún tenía que venir lo mejor en posteriores entregas!). Me quedo con esta "crítica" de Filmaffinity: "Tu hija violada y clavada en lo alto de una verja. Tu mujer asesinada. Tu criada sodomizada. Sales a la calle, buscas a los que han hecho todo eso, los encuentras y los matas. A eso los críticos y los progres de salón lo llaman "cine fascistoide". Yo sólo digo que PAUL KERSEY ES DIOS"
A nivel anecdótico, en esta entrega encontramos a Lawrence Fishburne como pandillero y a ¡Jimmy Page! como encargado de la banda sonora (el uso de sintetizadores la hace clara hija de finales de los 70. Page tuvo la desfachatez incluso de publicarla bajo el sello Swan Song, el de Led Zeppelin).
[Anteriormente: Charles Bronson y el nacimiento del 'vigilante' (I)]




















