En Vænir, de Monolord (2015):
Después de dos olas de calor prevacacionales, hemos tenido unos días de "tregua", pero todas las predicciones indican que lo terrible está por llegar. Concretamente, la semana que viene. Me siento en cierta forma aliviado porque vamos a montar unos ventiladores, y con ello espero que la estancia en casa sea más fácil de soportar. Cuando hace tanto calor, entre que uno pierde todas las fuerzas, que no tiene ganas de hacer nada, que ponerse al frente del ordenador (realmente, el único sitio en el que puedo gestionar mis actividades) es un suplicio, y que encima el resto de la casa está pendiente de lo que haces, poco se puede avanzar.
Eso sí, me propuse sacarme encima el cerca de medio centenar largo de lecturas que tengo pendiente y que arrastro de hace meses. De momento, a día de hoy, he ido cumpliendo, y si no las he reseñado todas, al menos he ido a ritmo de una-dos por día, de manera que si todo fuera bien y a ese ritmo (lo dudo, pero estaría bien), a final de agosto podría haberme quitado la nada despreciable cifra de 40-60 lecturas. Lo he dicho ya varias veces: cuando tienes que leer por obligación, ya no es tan divertido como parece. Pero peor sería estar en la obra con este calor. [Voy publicando mis lecturas en Iconotropía]
Querría aprovechar para quedar más con mis amigos, pero el calor mismo me atenaza, eso y el hecho de que siempre he tenido una duda reverencial en pedir mi propio tiempo en casa. Siento que no tengo derecho a ello, y prefiero pedirlo cuando mi pareja ha disfrutado de alguna salida porque siento que así al menos estamos a la par. Pero esto es realmente un problema para mí. No me gusta escuchar luego según qué tipo de comentarios o de reproches "en broma". La semana que viene mismo podría tener varias quedadas y mi inquietud principal es saber si estoy pidiendo demasiado. Para quien no me conozca personalmente, que sepa que por lo demás no soy un tipo con una gran vida social. No suelo quedar mucho, no me gustan los deportes, no quedo para ver el fútbol ni voy al gimnasio. Por mi mismo carácter, tampoco me gusta viajar.
Me aíslo en mi mundo. No pongo las noticias, porque sólo espero encontrar fútbol, terremotos, malas noticias desde EEUU, incendios y que va a hacer mucho calor. Al final me tomo como "mi propio videojuego" sentarme delante de la pantalla a escribir todo lo que tengo pendiente.
Me paro a pensar en mi situación laboral. Estoy a medio camino de mi vida como trabajador, y la perspectiva de la docencia se hace cada vez más incómoda. La IA ha acabado de destrozarlo todo. Firmemente creo -derias de señor mayor aparte- que el futuro pasa por personas que dominen primero el mundo analógico y luego el digital. No me veo otros 20 años dando clases a este ritmo, con estos contenidos. El humanismo y la cultura interesa cada vez menos, pero no es el pataleo socrático de siempre: hemos dejado que todo nuestro ocio gire en torno a pantallas que vamos deslizando. Hoy mismo he leído un artículo que descargaba de culpa a los móviles y decía que lo que necesitaban los niños era más juego libre y sin supervisión, también digital. Lo apoyo y lo comparto, al menos parcialmente. En lo digital no. Bueno, sí: juego libre y sin supervisión, hasta cierto punto, con juegos sin conexión. Lidiando contra la frustración en 8 y 16 bits. Lo estoy haciendo con mis hijas. No sé cómo resultaremos objetivamente como padres, pero desde luego seguro que lo haremos mal para ellas.
Seguiremos.
Suena: Hole Dweller - Flies the Coop II.
Vuelvo como en los últimos años a crear un mini diario en el que contar algunas impresiones de esta época de canícula. Y esta vez lo empiezo antes del inicio del "verano", esto es, antes de julio, antes de haber empezado las vacaciones, buscando planificar esta temporada e intentando poner ilusión en una desiderata que me empuje a tener un verano productivo.
La verdad, no sé qué esperar de este verano. El calor extremo se ha presentado en forma de ola de calor antes de terminar junio (de hecho, aquí seguimos, castigados por temperaturas anormalmente altas para esta época, rezando por un respiro, por esos días de prestado que otros años he mencionado). Cuando llega ese calor no me apetece hacer nada, más que vegetar. Es una sensación horrible la de esa "improducción", la de ver el tiempo pasar sin "aprovecharlo" de algún modo. Hasta ahora este año está resultado flojo a nivel de resultados: pocos libros, pocas películas, pocos cómics, ¡poco rol, pocas partidas!, cero videojuegos, menos música... ¿Qué coño estoy haciendo con mi tiempo, dónde se van las horas? No tengo ni idea.
Me gustaría ponerme al día con las lecturas, sobre todo de cómic. También me gustaría ponerme a prueba y ver si sale la continuación de Ritos nocturnos en estas noches de dormir solo en el piso de arriba. Me tienta sumergirme en un videojuego que tire de mí, pero soy consciente de que es algo a lo que hay que entregar muchas horas, horas que no tengo... Me gustaría, ahora que me he probado a mí mismo haciendo unos diez mil pasos al día de forma sostenida al ir al trabajo, intentar hacer algo de ejercicio y ¡glups! bajar de peso. Aunque no será con afán romántico, porque la falta de intimidad de pareja cada vez la llevo con más desapego por mi parte.
En fin, es tarde y temo estar haciendo demasiado ruido tecleando mientras el resto de la casa duerme. Seguiré contando mi verano aquí.
Suena: Opeth - Morningrise.
· Trees of Eternity: Hour of the Nigthingale (2016). Una historia tristísima envuelve este disco y esta banda, que os intentaré resumir: en 2009, los suecos Swallow The Sun trabajan en New Moon y el guitarrista de la banda Juha Raivio conoce a una chica que hace unos coros para el álbum, Aleah Stanbridge (nombre artístico), y empiezan una relación. Forman esta banda satélite para crear un sonido más ambiental y melancólico y en 2014, grabando este mismo álbum, se le diagnostica un cáncer a Aleah, que finalmente se la lleva en 2016. Fruto de aquel trabajo casi interrumpido es este Hour of the Nightingale, un álbum póstumo que, escuchado en este contexto, aún es más emocionante. Como mejor podría definirlo es como la infinita elegancia de la tristeza. Magnífica lección de tempos lentos sobrevolados por la evanescente y hermosísima voz de Aleah. Nada de guturales, aunque sí pesadas guitarras cuando el pasaje lo necesita. Del dolor por el luto de Aleah, Raivio sacaría además, con Hallatar (¿grupo ex profeso?), No Stars Upon the Bridge (título que llanamente hace referencia a su amor perdido). De RYM: "After releasing the melancholic Hour of the Nightingale with the primary Aleah Starbridge material, Swallow the Sun's Juha Raivio enlisted Tomi Joutsen from Amorphis to sing on a post-death tribute session. In addition to short recorded poems from Starbridge herself the pace is leaden in a true funeral doom manner. In addition to expected guttural and clean vocals Joutsen has a sort of post thrash / core harsh sound that shows his veteran self."
The Curse of the Dread Saint (escenario suelto de la caja básica)
[Recordatorio partida abril 2026]
Hay que pensar que este álbum sale después de que Paradise Lost entregase Lost Paradise (1990), otro estupendísimo hallazgo, y al año, Gothic (1991), otra pieza seminal para el metal extremo y que abriría una nueva veta de sonidos entrecruzados con el lirismo romántico y la pesadez más oscura (sí, el gothic metal). Ahora que lo vuelvo a escuchar, también noto que este disco me encanta porque está muy cerca del sonido los primeros de Therion (91-92), y su ambición es la misma. En As The Flower Withers encontramos rabiosas canciones aún muy death, pero el tono sombrío, los violines, las canciones largas e intrincadas, las letras tristes y simbólicas, construyen torres de la altura de The Return of the Beautiful, catedral musical de varias secciones en la que My Dying Bride da una lección de como yuxtaponer tempos extremos, o The Forever People, o The Bitternes and the Bereavement. Quizá difícil de entrar por su complejidad, te arrebata una vez que te hace clic en la cabeza. As The Flower Withers tiene el atrevimiento de un primer álbum, lleno de grandes ideas (sólo una canción podría dar lugar a la discografía entera de bandas imitadoras), que se perfeccionarán en el grandioso Turn Loose The Swans, que, sin embargo, se escora ya plenamente hacia el doom, ese doom tan gloomy y de romanticismo de chorreras que tan bien ejecuta la banda. Pero esas mezclas tan genuinas y dispares de doom y death como vimos al principio de los 90 en discos como los que hemos señalado, esas, como diría Bécquer, no volverán.
En 2025 los números se mantuvieron muy cerca de los del año anterior: 44 libros (uno menos que el año pasado) y 109 cómics (dos menos que en 2024). Aunque me gustaría volver a cifras a las previas al nacimiento de mi segunda hija, creo que estos resultados son bastante buenos y me conformo con ellos. He aquí un resumen de las mejores lecturas, que reduciré a 9 (y estirando):
· El Día D. La batalla de Normandía vista por los alemanes, de Jonathan Trigg (Pasado & Presente, 2024). Uno de los libros de historia bélica que más me han gustado de este 2025 ha sido este El Día D. La batalla de Normandía vista por los alemanes. El libro de Jonathan Trigg ofrece una mirada diferente no sólo sobre el Día D, sino sobre toda la campaña de Normandía, al centrarse en la experiencia alemana, especialmente desde la perspectiva de mandos intermedios y soldados, y no sólo en las grandes estrategias convencionales. Destaquemos su análisis crítico de errores como la defensa del Atlantikwall, el uso de fuerzas diversas y mermadas, y el caos en el mando, así como la abundancia de testimonios y la calidad de la traducción de Marc Figueras. Una aportación interesante para quien quiera ampliar su biblioteca sobre la invasión de Normandía desde ese ángulo. [Reseña aquí]
· Cuaderno de vacaciones/Ala de cisne, de Luis Alberto de Cuenca (Reino de Cordelia/Visor, 2025). Este año se editaron dos poemarios de mi autor de cabecera, Luis Alberto de Cuenca. Aunque uno es en realidad una reedición, lo incluyo porque se ha convertido en uno de mis favoritos. En la edición especial de Cuaderno de vacaciones que Reino de Cordelia publicó este año, como versión definitiva de este poemario, el autor reafirma su grandeza como poeta y humanista. Como es habitual en su lírica, su vasta cultura y experiencia influyen en una poesía que mezcla referencias artísticas y clásicas con una profunda reflexión sobre la vida, el amor y la mortalidad. Aquí encontraremos humor y gravedad combinados en perfecta armonía, un hábil uso de formas métricas como el soneto y haikus, y cómo muchos poemas llegan al lector por su intimidad y capacidad de tocar temas universales. Por lo que respecta a Ala de cisne (referencia al apodo que recibía Hans Christian Andersen), publicado por Visor, nos encontramos con el Luis Alberto de Cuenca más crepuscular hasta la fecha. Se trata de un elegante, aunque triste, poemario compuesto por cuarenta y dos poemas, que abarcan desde lo íntimo a lo cultural y erudito, y que combinan como siempre mitología, memoria, amor y reflexión sobre la vida. Pero en esta ocasión, se vuelve más elegíaco y marcado por la reflexión sobre la memoria y el tiempo que pasa, en un tono más sombrío del que Cuenca nos tiene acostumbrado. Aunque magistral como siempre, me quedó un regusto agridulce tras su lectura.
· Legado de gigantes, de Jaume Aurell (Rosamerón, 2025). Una obra dentro de la historiografía reciente que busca revalorizar la Edad Media, desmontando la visión tradicional de esa época como oscura e irracional y situándola como un periodo clave para entender los valores fundamentales de Occidente; destaca cómo el autor estructura el libro en tres partes — síntesis de valores medievales, crítica a la visión negativa heredada y propuesta de restauración de esos valores para nuestro tiempo. El libro no idealiza la Edad Media de forma simplista, sino que aborda sus luces y sombras con justicia, erudición y un tono muy cercano. Se convierte así en una puerta de entrada recomendable para quien quiera profundizar en este periodo histórico más allá de mitos habituales. [Reseña aquí]
· El diario de la peste, de Espido Freire (Anaya, 2025). Se publicó este año esta novela corta de Espido Freire, que fue Premio Anaya Juvenil, una novela muy bien escrita, con un tema interesante (una plaga en pleno Siglo de Oro español, una chica que debe escapar de la ciudad), que le da un giro dramático a la novela picaresca (con una empoderada protagonista femenina, pero a la vez muy verosímil dentro de la mentalidad barroca), y que retrata bien los usos y costumbres de la España de la época. [Reseña aquí]
· La última batalla, de Stephen Harding (Desperta Ferro, 2025). La narración de la batalla del castillo de Itter, en las postrimetrías de la guerra, una de las situaciones más curiosas de la IIGM, narrada con pulso cinematográfico por Harding y muy bien traducida por Javier Romero. [Reseña aquí]
· Como desees, de Cary Elwes (Ático de los Libros, 2025). Ático reeditó en edición de bolsillo estas memorias del actor Cary Elwes sobre el rodaje de la mítica película La princesa prometida. Es como ver un documental sobre el rodaje, o ver la película con la pista en la que los protagonistas la comentan. Si te gusta esta obra maestra del cine, no puedes perderte este adorable libro.
· Historia, de Heródoto (Edaf, 2025). Y entramos en la recta final del año en la que me deleité con clásicos casi inmortales. El primero, la Historia de Heródoto, una de las primeras obras en su género, que nos lleva a los orígenes del Mundo Clásico. Todo un placer deleitarse en la prosa de Heródoto en la traducción supervisada de Bartomeu Pou. [Reseña aquí]
· Un mago de Terramar, de Ursula K. Le Guin (Minotauro). Tomé esta lectura como algo breve, entre otras lecturas más pesadas, y para llevar en el bus, y me encontré con una obra de fantasía muy bellamente escrita, con implicaciones filosóficas. No había leído nada de Le Guin, pero este inicio de saga me ha parecido una aproximación diferente y muy bella a la fantasía. ¿Seguiré con la saga entera?
· Ilíada, de Homero (Gredos). Para mí, la lectura del año. Empezó como un proyecto para mi asignatura de Cultura Clásica y terminó con la lectura íntegra (y la "lectura" extra en audiolibro) de esta obra maestra. La Ilíada es como un masaje cerebral; está tan, pero tan bien escrita, que disfrutas del lenguaje de Homero en cada verso. Seguramente en otra época de mi vida no habría estado preparado para esta lectura, pero ahora mismo la he disfrutado como ningún otro libro de esta lista. A ver si en 2026 cae de igual manera la Odisea.