29.8.26

Ciclo "Death Wish": Charles Bronson y el nacimiento del 'vigilante' (II)

 Death Wish 2 (Yo soy la justicia) es de 1982. Esta secuela tardó ocho años en llegar al público. Todo lo que comenté en la primera entrega puede aplicarse a ésta. En ella, nuestro protagonista Paul Kersey ha recompuesto su vida, tiene una nueva novia, y su hija sigue ingresada en un sanatorio: ahora, en vez de catatónica, ha quedado muda y se comporta como una niña pequeña. La mala suerte (y los altos índices de delincuencia, claro) hace que el hogar de Kersey vuelva a ser allanado, a resultas de que la chacha resulta muerta (y antes, violada en una secuencia mucho más larga, reiterada y dura que la de la película anterior)  y su hija secuestrada, violada y resulta muerta de forma rocambolesca cuando intenta huir de sus captores. 

Lo que me sigue llamando poderosamente la tentación es la ausencia de sentimientos de Kersey: ya ha enterrado a su mujer, una criada y a su hija, y al día siguiente, en el trabajo: (ver foto de abajo).

 

No pasa nada, cariño. Han matado a mi hija, pero no es nada.

Al contrario: Kersey ya sabe qué hacer, y esta vez toma más precauciones. Alquila un cuartucho en una pensión de mala muerte, en los barrios bajos, para operar desde ahí cada noche (inolvidable su disfraz de desarrapado, con el gorro de lana negro).  

A partir de ahí Kersey desarrollará su impenitente venganza. Con la policía en los talones, acabando con la banda de criminales que mató a su hija, y en un último acto haciéndose pasar por psicólogo para llegar hasta el jefe de la banda, que está ingresado. Todo con la aprobación bajo mano de los poderes tácticos. Pero, ah, Kersey está destinado a ser un lobo solitario: al final de la película, su nueva novia, advertida por el detective, conoce la verdad y le deja. En mi imaginación, quiero pensar que como el personaje es interpretado por Jill Ireland, la mujer de Bronson en la vida real, éste pidió que ese papel no fuera vejado.

Death Wish 2 va directa al grano. Creo que no pasan más de 10-12 minutos de películas hasta que fallecen los personajes que pondrán en marcha la venganza del protagonista. De nuevo nos encontramos con un vengador de gatillo fácil: es igual un robacarteras de poca monta que un violador, todos tragan plomo por igual. Pero ahora Kersey es más metódico. Tiene un plan, y casi una coartada. Llegados a este punto, ha desarrollado cierto gusto por la venganza, no lo neguemos. Si la entrega inicial era burda, aquí la película va a por uvas rápidamente (¡pero es que aún tenía que venir lo mejor en posteriores entregas!). Me quedo con esta "crítica" de Filmaffinity: "Tu hija violada y clavada en lo alto de una verja. Tu mujer asesinada. Tu criada sodomizada. Sales a la calle, buscas a los que han hecho todo eso, los encuentras y los matas. A eso los críticos y los progres de salón lo llaman "cine fascistoide". Yo sólo digo que PAUL KERSEY ES DIOS"

A nivel anecdótico, en esta entrega encontramos a Lawrence Fishburne como pandillero y a ¡Jimmy Page! como encargado de la banda sonora (el uso de sintetizadores la hace clara hija de finales de los 70. Page tuvo la desfachatez incluso de publicarla bajo el sello Swan Song, el de Led Zeppelin).  


 [Anteriormente: Charles Bronson y el nacimiento del 'vigilante' (I)]

28.8.26

Ciclo "Death Wish": Charles Bronson y el nacimiento del 'vigilante' (I)

Es curioso la línea que uno llega a seguir eligiendo películas. Después de mi temporada Vietnam, con los clásicos del género -vistos por primera vez, ojo-, terminé recalando en un producto de serie B de la Cannon Films, protagonizado por David Carradine y ambientado en dicha guerra: Más allá de las líneas enemigas, u originalmente P.O.W.: The Escape, de 1986, una película ínfame en la que los soldados americanos son los buenos y el Vietcong un hatajo de seres despreciables y traidores y que disparan horriblemente mal. Sin embargo, sabréis los que me conocéis que tengo debilidad por la serie B, incluso la Z, que soy fan de la Hammer y de cualquier engendro de peli con zombis, y que si se trata de pelis cutres, y encima de los 70-80, allá que voy. Así que tras dicha película, Filmin me sugería otros títulos, y reparé en las películas de Charles Bronson. Pero ya sabéis, las pelis de madurez de Bronson, las de "vengador". Nunca las había visto y en ese momento me pregunté qué maldito interés tendría el público en un tío que ni es guapo, ni está fornido, ni es especialmente buen actor. Así que allá fui: a por su saga más icónica, en inglés Death Wish.

 

La primera película de la saga es El justiciero de la ciudad (Death Wish). En ella, Paul Kersey es un arquitecto al que unos pandilleros matan a su mujer y dejan a su hija postadolescente poco más que catatónica. Al ver la ineficiencia de la policía, Kersey, que ha conseguido un arma, se tomará la justicia por su mano y buscará a los pandilleros para acabar con ellos.

 

Es 1974. Nixon acababa de dimitir aquel agosto y Gerald Ford era el nuevo presidente. Nueva York, la ciudad en la que suceden los acontecimientos de la ciudad, pasaba por uno de sus peores momentos: la ciudad tenía una deuda insostenible y la criminalidad se había disparado. Los turistas recibían al llegar al aeropuerto unos panfletos que rezaban "Bienvenidos a la Ciudad del Miedo", donde se les daban advertencias de qué sitios evitar. [Este artículo sobre la situación de la ciudad es muy interesante]. Los 70 serían una etapa fundamental para convertir los logros del movimiento por los derechos civiles en cambios políticos, educativos, institucionales y culturales duraderos: aumentó la presencia de afroamericanos en cargos políticos, aunque persistieron problemas como la pobreza, la desigualdad educativa y la brutalidad policial.

Tengo una teoría que tengo que desarrollar o ver si ya ha sido trabajada desde la antropología o los estudios culturales: la evolución de los "tipos malos" en el cine. Mi teoría (sin más fundamento que mi experiencia como espectador-lector) es que la asociación de un tipo de vida alternativa con la delincuencia se cimenta en el imaginario popular en los años 60/70 relacionando el crimen con los sectores de los márgenes que habían estado protestando durante esas décadas: los hippies, las personas de color, las minorías étnicas, los que reivindicaban una sexualidad libre. Todo esto a ojos conservadores debían de ser vagos abraza-árboles y negros desarrapados, todo un conjunto de maleantes y drogadictos, a los que esta situación de crisis en Nueva York (por seguir el ejemplo de antes) no ayudó a refutar. Es más, la combinación clase baja-delincuente-persona racializada era perfecta para ofrecer a estas personas como los malos. Y Death Wish, como muchos de los productos de la época, retrata esto muy bien. No sólo eso, sino que se convertiría en el espejo en el que reflejarse en la siguiente década. No olvidemos que, por ejemplo, el Castigador de Marvel aparece ese mismo 1974, año de Death Wish, pero que la novela original de Brian Garfield en la que se basa la película tuvo mucho éxito y era dos años anterior.

Bueno, pues aquí tenemos a Paul Kersey (Charles Bronson) dispuesto a tomar venganza. No es algo que se le ocurre al instante de perder a su familia. La conexión la hace cuando un cliente, ojo, texano, le regala un revólver. Kersey vuelve a Nueva York y se dedica a salir de noche, y casi que esa explosión de delincuencia se lo pone a huevo. 


 El justiciero de la ciudad, vista con ojos contemporáneos, es casi ver el meme de "Llamen a una ambulancia". Un señor, que es arquitecto y nunca se ha metido en líos, hiere a su primer delincuente casi por accidente, y desde ese momento se convence de que puede acabar, si no con el crimen, con los asesinos de su familia. A partir de aquí, la película, aunque no es lo que quiera enseñar explícitamente, nos muestra la psicopatía que desarrolla el protagonista: ya apenas le interesa el estado de su hija, recluida en un psiquiátrico, su meta será limpiar las calles.

Las frases lapidarias al estilo Harry el sucio no faltan en la saga (aunque creo que ésta es de la segunda parte): "¿Crees en Dios? Ahora vas a reunirte con él. ¡BAM!"

La policía se muestra como un cuerpo inepto y su preocupación es tapar el caso de los asesinatos de criminales, más que detener al asesino. El jefe de policía, de hecho, se congratula de que los índices de criminalidad han caído con Kersey rondando por las calles, con lo que ya les va bien, pero temen un efecto réplica en la que cualquier otra persona se sume al papel de vengador anónimo. Una lectura, por tanto, muy de la época y del contexto que hemos citado. 

Death Wish funciona por lo burda que es. Opera a nivel sensorial, irracional. Como espectador, apenas te interesa la nula psicología de los personajes, el estereotipado detective que persigue a Kersey, o lo mal actuada que está la hija del protagonista. Tú sólo piensas: "¡Traga plomo, escoria! ¡Dale, Charles!". Y es por eso que funciona. La película en sí misma tiene detalles curiosos, como ver a Jeff Goldblum, en uno de sus primeros papeles, como delincuente; la banda sonora del músico de jazz Herbie Hancock, y algunas escenas de violación incómodas de ver hoy en día (aunque la de Death Wish II, sobre la que volveremos, es aún peor). El plano final, con Bronson haciendo el gesto de disparar con cara sonriente a otro desarrapado, es algo que seguramente no olvidaría Clint Eastwood. La película, con (o a pesar de) su tremendo mensaje ultraconservador, sería un tremendo éxito que haría a Bronson retomar el personaje hasta en cuatro ocasiones más, la última de ellas veinte años después. Seguiremos.

 


19.8.26

Diario de un verano (3-IV): Sleepless Nights


Escribo esto tras una de las peores noches en Palma. Noche infernal, la llaman, al parecer en meteorología, cuando las mínimas no bajan de 30º. Este verano marca un antes y un después en cuanto a cómo notamos los efectos del cambio climático. Los anteriores fueron puntualmente duros, pero éste sólo ha dado tregua unos 10 días, que yo recuerde. Yo, que era una persona a la que molestaban las corrientes de aire, ya no puedo vivir sin estar delante de un ventilador. Necesito que esto pare ya. 

Hasta principios de agosto había llevado un buen ritmo lector: he conseguido quitarme de encima una parte importante de la pila de lecturas pendientes que había acumulado. No obstante, después de unas treinta lecturas -con sus correspondientes reseñas, que podéis leer en Iconotropía-, ahora me tocaba enfrentarme con las lecturas más largas, complejas o farragosas de esa pila, con lo que mi ánimo ha decaído un poco bastante.  

Además, llevado un poco por la psicosis homérica que hubo a final de junio, empecé la lectura de la Odisea. El verano pasado, ya lo he comentado alguna vez, leí la Ilíada con profunda delectación. Ahora voy leyendo la Odisea, y aunque me está gustando, y descubro muchas cosas que no sabía (que, al igual que la Ilíada, no cuenta las cosas como uno se imagina), no me está fascinando igual que su hermana mayor. Quizá es por la traducción (me encanta la de Emilio Crespo de la Ilíada en Gredos), no lo sé, o por las expectativas. De momento voy por el canto VII y espero, al menos, terminarla antes de finalizar el año, porque antes de terminar el verano lo veo complicado.

No ha sido (¿está siendo?) un verano de "hacer muchas cosas" en el sentido de salir, ver gente y tal. A veces me pregunto si el problema soy yo si tengo que ser el que proponga a los amigos para quedar. No me molesta tomar la iniciativa, pero sí me mosquea el tener que hacerlo siempre. Hay que hacerse a la idea de que las amistades muchas veces no son simétricas. O, qué coño, tampoco es eso. Lo que pasa es que no conocemos en el fondo a los demás. No sabemos qué problemas tienen, en qué situación están, cómo lo llevan, y quizá no decir nada de quedar no es malicia, ni olvido. Es simplemente la vida aplastándote as usual.

Una última locura. Mi pareja no es de realizar gastos superfluos, es más, es una persona minimalista, espartana y verde. Pero tomó la iniciativa en meternos en los vinilos. Y aquí estoy, con un tocadiscos ("tornamesa" se usa mucho ahora, no lo había oído en mi vida. ¿Es un neologismo hispanoamericano o qué coño?), y nuestros primeros vinilos. Una nueva afición cara, delicada y que requiere espacio. Y como voy sobrado de espacio con los libros, cómics y juegos de mesa... Pero bueno. Problemas del primer mundo los llaman.

[Suena: Sleep - Dopesmoker

6.8.26

¿Cómo acceder a los archivos de imagen de un mod de Table Top Simulator de Steam Workshop?

Si usas Windows, puedes encontrar todas las imágenes en caché en Documentos/My Games/Tabletop Simulator/Mods/Images. Esta carpeta contendrá todas las imágenes en caché de todos los mods que hayas cargado en TTS. ¡Ojo, necesitarás haber descargado el mod al pc antes, obviamente! Por tanto, asegúrate en Steam de que tienes en tu Workshop de TTS el módulo del que quieres extraer las imágenes! 

 


[A veces me pasa que tengo una duda técnica, y, como todos, busco en Google la solución. Y me pasa también que, meses después, vuelvo a tenerla, vuelvo a buscar pero no recuerdo cómo la encontré la primera vez. Para solucionar esto, me hago un autopost de recuerdo y espero que os pueda servir también a vosotros.] 

30.7.26

Diario de un verano (3-III): Nel mezzo dell'estate

 


Estamos prácticamente finalizando julio y llegamos al ecuador de las vacaciones estivales. A pesar de que buena parte del mes ha sido difícil de aguantar, con una ola de calor, el final de mes dio una semana de respiro, que empezó ahora hace 9 días y que parece que está a punto de ser sustituida por una nueva ola. En casa compramos, donde no tenemos aire acondicionado, compramos ventiladores de techo para los dormitorios y fue como ver la luz al final del túnel. Al menos podemos pasar las noches sin desfallecer de calor.

A pesar de todo, y de este calor que ha caracterizado la mayoría del mes, me ha sorprendido que haya sido tan productivo a nivel personal. Sé que no debería valorar este tiempo de descanso en términos de productividad, pero sí, lo hago. Lo más importante: he leído, hasta ahora, unos 25 cómics, la mayoría pendientes de la pila de "trabajo", y reseñar la mayoría de ellos, ¡he vaciado una balda entera de una kallax!, y aunque en ningún otro ámbito he avanzado tanto -salvo, quizá, en el de seguir publicando: dos podcasts, algún vídeo, y muchos, muchos posts-, me siento satisfecho de esta primera parte. He conseguido también pasar desapercibido por esto mismo en casa y no recibir los habituales "estás siempre delante de la pantalla", aunque sí algún "no hacemos nada nunca" (falso, llevo la cuenta de todo). 

Julio también ha marcado una extraña marca batida: la de partidas de juegos de mesa, y es que he jugado muchísimo con mis hijas, sobre todo con la pequeña. Muchas otras partidas son solitarios o versiones digitales, pero, aunque las eliminásemos, sigue habiendo mucha partida.

La escritura de Invocaciones está un poco en punto muerto. Las noches solo en el dormitorio, yo solo y el calor, se revelaron decisivas para la finalización de Ritos nocturnos, pero montar un nuevo poemario, a sólo un año de finalizar el anterior (que, por otra parte, me ha llevado veinte años) no iba a ser tan fácil. Tengo ya material, pero hace falta pulirlo y, sobre todo, que llegue a un volumen crítico. Lo que me gustaría de verdad (aunque sea un poco imposible) sería publicar invocaciones junto a Ritos nocturnos, y ampliando el poemario (como José María Álvarez hizo con Museo de cera), porque veo que el conjunto es muy afín y uno no se entiende sin el otro, no hay una ruptura temática ni estilística. Y esa es otra: si no está terminado aún no es sólo porque no tenga momentos de inspiración en soledad para que los versos surjan, sino porque me noto muchas veces falto de inspiración, dando vueltas sobre los mismos temas, usando los mismos argumentos, y siendo demasiado continuista, copiándome a mí mismo (hasta un punto exagerado). Veremos si puedo salir de este hiato: a la poesía no le puedes meter prisa.

Finales de mes también fue el momento de la multitudinaria manifestación en Palma contra la masificación turística, que acabó con cargas policiales contra los manifestantes, con un empleo de la violencia totalmente desmesurado e ideológico si me apuráis. Estuve allí (¿podéis encontrarme en la imagen de arriba?). Un clamor y un malestar que en las Islas no va a hacer sino aumentar si no se le pone freno ya a la depredación de los recursos para el goce de unos pocos y el beneficio de aún menos.

Espero dos cosas de agosto: que el clima nos respete un poco y nos deje existir, o que si tiene que ser jodido, que pase pronto (¡dios, la que nos espera en los próximos años! No deja de preocuparme atormentarte), y que pueda ser igual de productivo que el julio.

Suena: Demon Head - Book of Changes

11.7.26

Diario de un verano (3-II): segunda semana

 

Después de dos olas de calor prevacacionales, hemos tenido unos días de "tregua", pero todas las predicciones indican que lo terrible está por llegar. Concretamente, la semana que viene. Me siento en cierta forma aliviado porque vamos a montar unos ventiladores, y con ello espero que la estancia en casa sea más fácil de soportar. Cuando hace tanto calor, entre que uno pierde todas las fuerzas, que no tiene ganas de hacer nada, que ponerse al frente del ordenador (realmente, el único sitio en el que puedo gestionar mis actividades) es un suplicio, y que encima el resto de la casa está pendiente de lo que haces, poco se puede avanzar.

Eso sí, me propuse sacarme encima el cerca de medio centenar largo de lecturas que tengo pendiente y que arrastro de hace meses. De momento, a día de hoy, he ido cumpliendo, y si no las he reseñado todas, al menos he ido a ritmo de una-dos por día, de manera que si todo fuera bien y a ese ritmo (lo dudo, pero estaría bien), a final de agosto podría haberme quitado la nada despreciable cifra de 40-60 lecturas. Lo he dicho ya varias veces: cuando tienes que leer por obligación, ya no es tan divertido como parece. Pero peor sería estar en la obra con este calor. [Voy publicando mis lecturas en Iconotropía]

Querría aprovechar para quedar más con mis amigos, pero el calor mismo me atenaza, eso y el hecho de que siempre he tenido una duda reverencial en pedir mi propio tiempo en casa. Siento que no tengo derecho a ello, y prefiero pedirlo cuando mi pareja ha disfrutado de alguna salida porque siento que así al menos estamos a la par. Pero esto es realmente un problema para mí. No me gusta escuchar luego según qué tipo de comentarios o de reproches "en broma". La semana que viene mismo podría tener varias quedadas y mi inquietud principal es saber si estoy pidiendo demasiado. Para quien no me conozca personalmente, que sepa que por lo demás no soy un tipo con una gran vida social. No suelo quedar mucho, no me gustan los deportes, no quedo para ver el fútbol ni voy al gimnasio. Por mi mismo carácter, tampoco me gusta viajar. 

Me aíslo en mi mundo. No pongo las noticias, porque sólo espero encontrar fútbol, terremotos, malas noticias desde EEUU, incendios y que va a hacer mucho calor. Al final me tomo como "mi propio videojuego" sentarme delante de la pantalla a escribir todo lo que tengo pendiente.

Me paro a pensar en mi situación laboral. Estoy a medio camino de mi vida como trabajador, y la perspectiva de la docencia se hace cada vez más incómoda. La IA ha acabado de destrozarlo todo. Firmemente creo -derias de señor mayor aparte- que el futuro pasa por personas que dominen primero el mundo analógico y luego el digital. No me veo otros 20 años dando clases a este ritmo, con estos contenidos. El humanismo y la cultura interesa cada vez menos, pero no es el pataleo socrático de siempre: hemos dejado que todo nuestro ocio gire en torno a pantallas que vamos deslizando. Hoy mismo he leído un artículo que descargaba de culpa a los móviles y decía que lo que necesitaban los niños era más juego libre y sin supervisión, también digital. Lo apoyo y lo comparto, al menos parcialmente. En lo digital no. Bueno, sí: juego libre y sin supervisión, hasta cierto punto, con juegos sin conexión. Lidiando contra la frustración en 8 y 16 bits. Lo estoy haciendo con mis hijas. No sé cómo resultaremos objetivamente como padres, pero desde luego seguro que lo haremos mal para ellas. 

Seguiremos.

Suena: Hole Dweller - Flies the Coop II

26.6.26

Diario de un verano (3-I): Antes de que todo empiece


Vuelvo como en los últimos años a crear un mini diario en el que contar algunas impresiones de esta época de canícula. Y esta vez lo empiezo antes del inicio del "verano", esto es, antes de julio, antes de haber empezado las vacaciones, buscando planificar esta temporada e intentando poner ilusión en una desiderata que me empuje a tener un verano productivo.

La verdad, no sé qué esperar de este verano. El calor extremo se ha presentado en forma de ola de calor antes de terminar junio (de hecho, aquí seguimos, castigados por temperaturas anormalmente altas para esta época, rezando por un respiro, por esos días de prestado que otros años he mencionado). Cuando llega ese calor no me apetece hacer nada, más que vegetar. Es una sensación horrible la de esa "improducción", la de ver el tiempo pasar sin "aprovecharlo" de algún modo. Hasta ahora este año está resultado flojo a nivel de resultados: pocos libros, pocas películas, pocos cómics, ¡poco rol, pocas partidas!, cero videojuegos, menos música... ¿Qué coño estoy haciendo con mi tiempo, dónde se van las horas? No tengo ni idea.  

Me gustaría ponerme al día con las lecturas, sobre todo de cómic. También me gustaría ponerme a prueba y ver si sale la continuación de Ritos nocturnos en estas noches de dormir solo en el piso de arriba. Me tienta sumergirme en un videojuego que tire de mí, pero soy consciente de que es algo a lo que hay que entregar muchas horas, horas que no tengo... Me gustaría, ahora que me he probado a mí mismo haciendo unos diez mil pasos al día de forma sostenida al ir al trabajo, intentar hacer algo de ejercicio y ¡glups! bajar de peso. Aunque no será con afán romántico, porque la falta de intimidad de pareja cada vez la llevo con más desapego por mi parte. 

En fin, es tarde y temo estar haciendo demasiado ruido tecleando mientras el resto de la casa duerme. Seguiré contando mi verano aquí. 

Suena: Opeth - Morningrise

31.5.26

Reseñas extremas mínimas (XXXIII): especial gothic-doom

  · Draconian: In Somnolent Ruin (2026). De Draconian ya reseñé brevemente su anterior álbum Under a Godless Veil aquí (en la entrega XXI) y dije de él: "lleno de belleza y melancolía. ¿Te apetece un disco en el que confluye la pesadez de la atmósfera doom con los etéreos, evanescentes ecos de una angelical voz femenina?". Seis años más tarde, Draconian vuelven a demostrar que dominan el estilo. El nuevo In Somnolent Ruin profundiza en la fórmula, contrastando los guturales (más presentes en este nuevo álbum) con la voz femenina y una notable influencia en el trabajo de guitarra de sus maestros Paradise Lost, aunque también veremos algún destello de Tiamat o Alcest (influencia que curiosamente también veremos aquí en otra banda). Aunque no sea muy original, se trata de un disco muy sólido que denota la experiencia y la trayectoria de esta banda.  [Por favor, espero que la portada no sea IA].

 

· Trees of Eternity: Hour of the Nigthingale (2016). Una historia tristísima envuelve este disco y esta banda, que os intentaré resumir: en 2009, los suecos Swallow The Sun trabajan en New Moon y el guitarrista de la banda Juha Raivio conoce a una chica que hace unos coros para el álbum, Aleah Stanbridge (nombre artístico), y empiezan una relación. Forman esta banda satélite para crear un sonido más ambiental y melancólico y en 2014, grabando este mismo álbum, se le diagnostica un cáncer a Aleah, que finalmente se la lleva en 2016. Fruto de aquel trabajo casi interrumpido es este Hour of the Nightingale, un álbum póstumo que, escuchado en este contexto, aún es más emocionante. Como mejor podría definirlo es como la infinita elegancia de la tristeza. Magnífica lección de tempos lentos sobrevolados por la evanescente y hermosísima voz de Aleah. Nada de guturales, aunque sí pesadas guitarras cuando el pasaje lo necesita. Del dolor por el luto de Aleah, Raivio sacaría además, con Hallatar (¿grupo ex profeso?), No Stars Upon the Bridge (título que llanamente hace referencia a su amor perdido). De RYM: "After releasing the melancholic Hour of the Nightingale with the primary Aleah Starbridge material, Swallow the Sun's Juha Raivio enlisted Tomi Joutsen from Amorphis to sing on a post-death tribute session. In addition to short recorded poems from Starbridge herself the pace is leaden in a true funeral doom manner. In addition to expected guttural and clean vocals Joutsen has a sort of post thrash / core harsh sound that shows his veteran self."

 

 · Lethian Dreams: Red Silence Lodge (2014). Y siguiendo tirando del hilo y haciéndonos más atrás, descubro esta banda francesa, Lethian Dreams, formada en 2002 y que practica un gothic-doom curioso, porque tiene una clara influencia del blackgaze francés, aka Alcest (de RYM: "with many of the washy tones and deeply mixed clean vocals being staples of those metal-shoegaze hybrid groups"), al menos en este álbum. Aquí, la lentitud y pesadez de los tempos doom, y la preciosa y melancólica voz femenina se aúnan con los paisajes de ensueño que dibujan las guitarras atmosféricas marca Alcest, sin que interrumpan los depresivos guturales típicos de Neige. Un descubrimiento muy notorio y original que no vi venir. 

27.4.26

Discos que adoro (X): Lantlôs - Melting Sun (2014)

Esta banda alemana partía de una especie de blackgaze influido por Alcest (su fundador Neige fue parte del grupo en sus primeros trabajos) muy atmosférico (seña, por otra parte, muy de su discográfica Prophecy Records), pero con el tiempo y los álbums evolucionó a un sonido más postmetal que cuaja en este álbum de 2014 y que a mi parecer la banda no ha sido capaz de superar. Melting Sun, esta maravilla del post shoegaze, si me preguntáis, se deshace de todo el armazón oscuro de sus primeros discos (Agape, .neon) para crear unos largos paisajes instrumentales que destacan por el tono luminoso y esperanzador, de ensueño, aunque siga habiendo secciones de guitarras pesadas que contribuyen a dar cuerpo a ese viaje onírico. Lantlôs pone el énfasis en esas atmósferas que crean la reverberación de las guitarras o el prístino toque de la batería, y aunque hay voces, ya no hay guturales en todo el álbum. Obra maestra, para mí gusto.


26.4.26

Dungeon Degenerates: La Maldición del Santo Temible (AAR)

The Curse of the Dread Saint (escenario suelto de la caja básica) 

 
La Inquisición encarga al Hinter Lander y a la Vagabunda de Feria que apacigüen al fantasma del Santo Temible devolviéndole su Temible Ojo y Dedo robado. Los dos empiezan en la cripta de la Orden Santa y llegan hasta el Cruce de las Tierras Bajas, cerca de Burgo Brutal, donde tienen la suerte de encontrar el Dedo del Santo. El Santo Temible se despierta en su catacumba y empieza a perseguir a nuestros salchichéroes. Estos llegan al Puente del Este con algunas dificultades, y al ver en las Cartas de la Fortuna de la Vagabunda que el Santo va tras ellos, deciden coger un barco hasta las Cataratas del Anochecer. Allí una gran plaga de sapos infesta el área, y tres batracios horrendos les cierran el paso: ambos tienen que huir. El Hinter Lander tiene que recuperarse de sus heridas, y tras ello, vuelven a ver si tienen más suerte. En las Cataratas encuentran por fin el Ojo siguiendo unas luces brujas, pero la Ley les ha seguido, y el General Buscaplagas, acompañado de un esbirro convicto y un mago piszoide vuelven a enfrentarse. Nuestros protagonistas huyen, pero el General acaba con la Vagabunda (¡snif!). Hinter Lander escapa de milagro, y se dirige a la cabaña de caza que está en el límite del Bosque de las Brujas. Allí le da alcance la momia del Santo Temible. El Hinter Lander hace el ritual y le ofrece sus vestigios, pero el Santo no está de humor. ¡Con mucha suerte, el salchichéroe acaba con él! La Inquisición ha quedado muy impresionada por las habilidades (?!) de su enviado. Le ofrecen la posibilidad de ratificar su fidelidad a la Orden y limpiar su nombre Cazando el Culto Brujo (pg. 18).

[Recordatorio partida abril 2026] 

29.3.26

Discos que adoro (IX): My Dying Bride - As Flower Withers

Aunque no soy el mayor fan de My Dying Bride, a lo largo de los años he ido picando en su extensa discografía, y ciertamente tienen obras excelentes. Mi primer contacto con ellos fue a través de la buena de Lledó, a la que le encantaba Like Gods of the Sun, y por ello les presté atención por primera vez. Estamos hablando de hace veinte años quizá. Pero este primer largo (As The Flower Withers) he aprendido a adorarlo con el tiempo. A veces para según qué sonidos, para según qué álbums, tienes que estar preparado, tienes que tener una cierto grado de experiencia para entender. Han tenido que pasar años de exploración del metal extremo para que entendiera la magia que se produce en este debut, donde el death metal colisiona con el doom de una forma gloriosa contribuyendo a lo que sería el death doom (otro género problemático porque la combinación de dos estilos muy diferentes puede dar lugar a resultados notablemente dispares). 

Hay que pensar que este álbum sale después de que Paradise Lost entregase Lost Paradise (1990), otro estupendísimo hallazgo, y al año, Gothic (1991), otra pieza seminal para el metal extremo y que abriría una nueva veta de sonidos entrecruzados con el lirismo romántico y la pesadez más oscura (sí, el gothic metal). Ahora que lo vuelvo a escuchar, también noto que este disco me encanta porque está muy cerca del sonido los primeros de Therion (91-92), y su ambición es la misma. En As The Flower Withers encontramos rabiosas canciones aún muy death, pero el tono sombrío, los violines, las canciones largas e intrincadas, las letras tristes y simbólicas, construyen torres de la altura de The Return of the Beautiful, catedral musical de varias secciones en la que My Dying Bride da una lección de como yuxtaponer tempos extremos, o The Forever People, o The Bitternes and the Bereavement. Quizá difícil de entrar por su complejidad, te arrebata una vez que te hace clic en la cabeza. As The Flower Withers tiene el atrevimiento de un primer álbum, lleno de grandes ideas (sólo una canción podría dar lugar a la discografía entera de bandas imitadoras), que se perfeccionarán en el grandioso Turn Loose The Swans, que, sin embargo, se escora ya plenamente hacia el doom, ese doom tan gloomy y de romanticismo de chorreras que tan bien ejecuta la banda. Pero esas mezclas tan genuinas y dispares de doom y death como vimos al principio de los 90 en discos como los que hemos señalado, esas, como diría Bécquer, no volverán.

6.1.26

Cerrando 2025: los libros y los cómics

En 2025 los números se mantuvieron muy cerca de los del año anterior: 44 libros (uno menos que el año pasado) y 109 cómics (dos menos que en 2024). Aunque me gustaría volver a cifras a las previas al nacimiento de mi segunda hija, creo que estos resultados son bastante buenos y me conformo con ellos. He aquí un resumen de las mejores lecturas, que reduciré a 9 (y estirando):

· El Día D. La batalla de Normandía vista por los alemanes, de Jonathan Trigg (Pasado & Presente, 2024). Uno de los libros de historia bélica que más me han gustado de este 2025 ha sido este El Día D. La batalla de Normandía vista por los alemanes. El libro de Jonathan Trigg ofrece una mirada diferente no sólo sobre el Día D, sino sobre toda la campaña de Normandía, al centrarse en la experiencia alemana, especialmente desde la perspectiva de mandos intermedios y soldados, y no sólo en las grandes estrategias convencionales. Destaquemos su análisis crítico de errores como la defensa del Atlantikwall, el uso de fuerzas diversas y mermadas, y el caos en el mando, así como la abundancia de testimonios y la calidad de la traducción de Marc Figueras. Una aportación interesante para quien quiera ampliar su biblioteca sobre la invasión de Normandía desde ese ángulo. [Reseña aquí]

 · Cuaderno de vacaciones/Ala de cisne, de Luis Alberto de Cuenca (Reino de Cordelia/Visor, 2025). Este año se editaron dos poemarios de mi autor de cabecera, Luis Alberto de Cuenca. Aunque uno es en realidad una reedición, lo incluyo porque se ha convertido en uno de mis favoritos. En la edición especial de Cuaderno de vacaciones que Reino de Cordelia publicó este año, como versión definitiva de este poemario, el autor reafirma su grandeza como poeta y humanista. Como es habitual en su lírica, su vasta cultura y experiencia influyen en una poesía que mezcla referencias artísticas y clásicas con una profunda reflexión sobre la vida, el amor y la mortalidad. Aquí encontraremos humor y gravedad combinados en perfecta armonía, un hábil uso de formas métricas como el soneto y haikus, y cómo muchos poemas llegan al lector por su intimidad y capacidad de tocar temas universales. Por lo que respecta a Ala de cisne (referencia al apodo que recibía Hans Christian Andersen), publicado por Visor, nos encontramos con el Luis Alberto de Cuenca más crepuscular hasta la fecha. Se trata de un elegante, aunque triste, poemario compuesto por cuarenta y dos poemas, que abarcan desde lo íntimo a lo cultural y erudito, y que combinan como siempre mitología, memoria, amor y reflexión sobre la vida. Pero en esta ocasión, se vuelve más elegíaco y marcado por la reflexión sobre la memoria y el tiempo que pasa, en un tono más sombrío del que Cuenca nos tiene acostumbrado. Aunque magistral como siempre, me quedó un regusto agridulce tras su lectura.

· Legado de gigantes, de Jaume Aurell (Rosamerón, 2025). Una obra dentro de la historiografía reciente que busca revalorizar la Edad Media, desmontando la visión tradicional de esa época como oscura e irracional y situándola como un periodo clave para entender los valores fundamentales de Occidente; destaca cómo el autor estructura el libro en tres partes — síntesis de valores medievales, crítica a la visión negativa heredada y propuesta de restauración de esos valores para nuestro tiempo. El libro no idealiza la Edad Media de forma simplista, sino que aborda sus luces y sombras con justicia, erudición y un tono muy cercano. Se convierte así en una puerta de entrada recomendable para quien quiera profundizar en este periodo histórico más allá de mitos habituales. [Reseña aquí]

· El diario de la peste, de Espido Freire (Anaya, 2025).  Se publicó este año esta novela corta de Espido Freire, que fue Premio Anaya Juvenil,  una novela muy bien escrita, con un tema interesante (una plaga en pleno Siglo de Oro español, una chica que debe escapar de la ciudad), que le da un giro dramático a la novela picaresca (con una empoderada protagonista femenina, pero a la vez muy verosímil dentro de la mentalidad barroca), y que retrata bien los usos y costumbres de la España de la época. [Reseña aquí]

· La última batalla, de Stephen Harding (Desperta Ferro, 2025). La narración de la batalla del castillo de Itter, en las postrimetrías de la guerra, una de las situaciones más curiosas de la IIGM, narrada con pulso cinematográfico por Harding y muy bien traducida por Javier Romero. [Reseña aquí]

· Como desees, de Cary Elwes (Ático de los Libros, 2025). Ático reeditó en edición de bolsillo estas memorias del actor Cary Elwes sobre el rodaje de la mítica película La princesa prometida. Es como ver un documental sobre el rodaje, o ver la película con la pista en la que los protagonistas la comentan. Si te gusta esta obra maestra del cine, no puedes perderte este adorable libro.

· Historia, de Heródoto (Edaf, 2025). Y entramos en la recta final del año en la que me deleité con clásicos casi inmortales. El primero, la Historia de Heródoto, una de las primeras obras en su género, que nos lleva a los orígenes del Mundo Clásico. Todo un placer deleitarse en la prosa de Heródoto en la traducción supervisada de Bartomeu Pou. [Reseña aquí] 

· Un mago de Terramar, de Ursula K. Le Guin (Minotauro). Tomé esta lectura como algo breve, entre otras lecturas más pesadas, y para llevar en el bus, y me encontré con una obra de fantasía muy bellamente escrita, con implicaciones filosóficas. No había leído nada de Le Guin, pero este inicio de saga me ha parecido una aproximación diferente y muy bella a la fantasía. ¿Seguiré con la saga entera?

· Ilíada, de Homero (Gredos). Para mí, la lectura del año. Empezó como un proyecto para mi asignatura de Cultura Clásica y terminó con la lectura íntegra (y la "lectura" extra en audiolibro) de esta obra maestra. La Ilíada es como un masaje cerebral; está tan, pero tan bien escrita, que disfrutas del lenguaje de Homero en cada verso. Seguramente en otra época de mi vida no habría estado preparado para esta lectura, pero ahora mismo la he disfrutado como ningún otro libro de esta lista. A ver si en 2026 cae de igual manera la Odisea.


En cuanto los cómics, tenéis el post sobre ellos en Iconotropía: cómics de 2025 y reediciones publicadas en 2025

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