5.10.03

Nocturnos en la cocina

Nocturnos en la cocina

Hoy me conmino a mí mismo a escribir algo en esta bitácora. Últimamente tengo pocas ideas y mis adláteres me presionan para que renueve el blog. Bueno, ahí va.
Recientemente me ha dado por escuchar los Nocturnos de Chopin. Mi devoción por ellos se la debo a mi novia, que durante los primeros años en que salíamos estudiaba piano. Ella fue la que me hizo reparar en la belleza melancólica de estas obras. Aunque tenemos cada uno sus preferidos, normalmente coincidimos. Algunos de ellos, los hemos vuelto a redescubrir hace poco, como el nº19 en Mi menor (Opus 72-1) -ahora no recuerdo si es póstumo. Hay uno que me gusta mucho, el nº13 en Do menor (Opus 48-1), porque es típicamente romántico: con esos claroscuros que conjugan una melodía clara y sobria con pasajes vibrantes y de atropelladas escalas ascendentes y descendentes, como en las sonatas más apasionadas de Beethoven. Musicalmente, estos excesos románticos (me imagino a un Frederik o a un Ludwig aporreando vehementemente las teclas ante un auditorio escandalizado) siempre me han gustado.

Por la mañana me relaja escuchar a Chopin. Hago las tareas de la casa, y al fondo suena el piano. Qué placer, esta música. Que nunca nos falte.

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