30.7.10

El despertar de Heisenberg, de Joan Manuel Gisbert y Pablo Auladell

Una de las preocupaciones más recurrentes del ser humano es la de la trascendencia. La muerte es una de las pocas certidumbres que tenemos y qué se hará de nosotros tras ellas es la pregunta definitiva. Jorge Manrique, muy medieval él, sabía que la única certeza era la muerte, y que la memoria de su querido padre perviviría entre los vivos mientras hubiera alguien para recordarle (¡y vaya si lo consiguió!). A Marco Aurelio, siglos antes, no le preocupaba tanto la cuestión: pensaba que el que recuerda y lo recordado eran igualmente efímeros. Pero, ¿qué ocurriría si algo como un dispositivo electrónico pudiera meter baza en tan controvertida cuestión?
En un futuro cercano, la tecnología de los GPS ha dado paso a los llamados psiconavegadores, unos utensilios que además de ser localizadores geográficos, se imbrican de manera tan increíble con la mente humana que son capaces de ir más allá de ella. Claudio, un publicista con ciertos cargos en su conciencia, conoce por azar a una chica que le propone dejarle uno de esos psiconavegadores a cambio de descansar en un lugar tranquilo. Una vez activado, el navegador llevará a Claudio a un viaje por su psique, a desembarazarse de sus fantasmas y a hacer un increíble descubrimiento en un macrohotel abandonado.
Joan Manuel Gisbert, autor de reconocido prestigio y ganador de numerosos premios literarios, experto en literatura juvenil (hace poco se reeditó su libro Escenarios fantásticos, con ilustraciones de Miguel Calatayud), entrega en El despertar de Heisenberg una novela de corte más adulto, que reflexiona sobre el tiempo, la memoria y la vida de la fama, como la calificaría Jorge Manrique. La (magnífica) edición de El jinete azul ya nos previene de la singularidad de la obra en el cintillo que la acompaña, donde reza "¿Es esto una novela gráfica?". La pregunta viene dada porque ésta no es una novela al uso. A la prosa de Gisbert hemos de añadir las ilustraciones del valenciano Pablo Auladell (Soy mi sueño, junto con Felipe H. Cava), que, además, en ciertos momentos pasan a ser páginas enteras de cómic. No son ilustraciones gratuitas, sino que tienen la misma importancia que el texto y la historia no puede leerse sin ellas. ¿Es esto una novela gráfica? Pues puede que desde el punto de vista general que ya se ha implantado no lo sea, pero la fusión entre ambas cosas es feliz. El resultado es una novela corta, que se lee rápidamente, y que engancha en su lectura. Gisbert tiene esa soltura en crear escenarios fantásticos -valga la redundancia- y maravillosos que subyugan al lector por la originalidad de sus planteamientos. Este libro no es una excepción: la visita al complejo hotelero y la historia de leyenda que el personaje asocia con él es un buen ejemplo de ello. En definitiva, un libro interesante y experimental que apuesta por fusionar el lenguaje de la narración textual y gráfica de una forma atractiva.

3 opiniones:

A. Romero dijo...

Es un gustazo encontrar a Gisbert en tan buena forma (¡y en tan espléndida compañía!).

Cisne Negro dijo...

¡Pues sí! Una interesante novela...

Cisne Negro dijo...

Tengo razones para pensar que el señor que ha escrito esto me ha copiado. A ver, que yo no quiero hacer sangre de esto, no me entendáis mal. Pero como filólogo, yo sí lo veo bastante claro. El primer párrafo lo puede haber escrito él, no es muy complicado. Los tres siguientes son la nota de prensa íntegra (no pasa nada, todos hemos usado información de las notas de prensa en alguna ocasión). Pero luego fijaos en la similitud de la estructura del texto. El párrafo cuarto habla de la trascendencia (palabra clave) y del interés del hombre por ella desde "tiempos immemoriales" (para no citar a los autores que cito yo). Luego la consideración que hace sobre si es o no novela gráfica, cuestión a la que yo doy peso porque precisamente yo reseño cómic habitualmente. Y las conclusiones también son las mismas. En fin, que repito, no pasa nada. Pero que tampoco nadie se engañe. A ver, soy profesor de secundaria y estos cambios de cuatro palabras los veo día sí día también.

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