29.12.21

Diario de lecturas (XXVIII): bolsilibros

Igual que me gusta volver sobre viejas películas de terror de los 60, 70 y 80 (y cada vez más, los 90 y adelante), sobre todo cuanto peores mejor, cada año me gusta leer algunas de los centenares de novelitas pulp que he ido amontonando como coleccionista. En los últimos meses he leído algunas que me gustaría comentar brevemente.

· El alquimista de la serpiente ciega, de Ralph Barby. No había leído ningún relato de este señor, y con éste me ganó. Situado en el Londres moderno (de los 70, entiendo, o al menos es lo que me imagino), Barby nos lleva hasta un antro de mala muerte regentado por un hombre misterioso y cuyos clientes tienen unas acciones del local que no pueden vender porque todos los que lo hacen acaban muertos... Magnífico mcguffin de inicio porque nos lleva a otro lado a poco de empezar, y la verdad es que es tan interesante que me ha inspirado para alguna partida de rol, por lo que no voy a comentar más la trama, pero incluye magos encerrados en criptas, túneles secretos bajo Londres y misteriosas autopsias que no tienen explicación. Barby me gana con esta primera lectura.

 

· Yo compré un castillo, de Ralph Barby. Decidí seguir investigando la narrativa de este autor, y en esta ocasión, nos presenta un planteamiento un tanto surreal y humorístico: una señora viuda sale del bingo con unas libras de más y acaba en una casa de subastas comprando la maqueta de un castillo, cuando ella pensaba que lo que adquiría a un precio absurdo era un castillo real. Lo que ocurre es que la maqueta es realmente un castillo, y en su interior sigue un malvado noble y su alquimista en tamaño diminuto, castigados por un maldición de la que sólo se podrán liberarse de ella con el consiguiente sacrificio de jóvenes vírgenes... que la pobre viuda deberá proveer. Un divertimento que bien podría haber sido una película de Jess Franco, con situaciones de humor, rituales satánicos y jovencitas desnudas corriendo por entre pasillos llenos de telarañas. 

· Besando a la muerte, de Ada Coretti. Si Ralph Barby abraza lo fantástico y no pretende en ningún momento ofrecer una explicación racional a los hechos que cuenta en sus libros, Ada Coretti no puede evitarlo. Ya he comentado en alguna ocasión que Ada Coretti es una escritora deleznable: es una versión femenina de Joseph Berna (investigué y creo haberme asegurado de que no era un pseudónimo suyo), en la que hace un uso extensivo del punto y aparte sin ningún sentido narrativo, utiliza constantemente fórmulas del lenguaje oral en sus descripciones, y en general, su idea de escribir es más bien nula. Pero, además, en sus historias sobrenaturales, siempre hay un culpable oculto que devuelve los hechos a la esfera de la racionalidad. En esta ocasión, se trata de una misteriosa novia de blanco velo que va azotando con látigos a las sucesivas novias de un tal Tully, cuando no se lía a hachazos con algunas de sus pobres víctimas. Pero como si fuera un episodio de Scooby Doo, aquí siempre encontraremos una mano negra que ha orquestado todo el tinglado con un propósito. Y este libro no es una excepción. Mención aparte hay que hacer de los párrafos enteros que la autora se autofusila, ¡dentro del propio libro!, y que comenté en un hilo de Twitter (aquí en La danza de los esqueletos; aquí en Besando a la muerte).  Pero eso no es óbice, como en Joseph Berna, de que se haya convertido de forma automática en una de mis autoras de bolsilibros favoritos, precisamente porque, en este tipo de literatura pulp, cuanto peor, mejor.

28.12.21

Cerrando 2021: los libros

En Papel en Blanco he comentados los 4 o 5 libros que más me han gustado de las lecturas que he hecho durante este año (los cómics no cuentan, van en otra lista).

Como en el post comento, 

Simplemente añadir que después de dos años con números más bajos, recupero la cifra de 2017 llegando a la sesentena de títulos. Como veremos, tanto libros como cómics son los indicadores que más han bajado en los últimos años. Puedes leer la entrada completa aquí.

21.12.21

Cerrando 2021: resumen

Este año, en cuanto a los indicadores que siempre valoro en este blog de ocio, los resultados han sido mejores que en 2020, que, por otra parte, fue un año excepcional. Han mejorado las marcas de películas, de lectura de libros y de cómics, las partidas... En general el único indicador que no ha aumentado ha sido el de temporadas de series, y seguramente el de posts escritos. El detalle lo publicaré más adelante actualizando esta entrada.

Este año he visto cambiar claramente mis prioridades. Lo cierto es que cada vez me interesa menos el cómic, tanto como lector como divulgador. Además, noto que cada semana voy apretado, forzado a escribir, y aunque a veces quede satisfecho de lo que escribo, noto que me quedo en la superficie, que no soy capaz de realizar un análisis que muchos de los demás divulgadores o críticos hacen. Y como de creadores de contenido sobre cómic en las redes hay muchísimos, que además escriben mucho más (en cantidad, y algunos en calidad), a lo largo de 2021 he notado un progresivo desafecto con esta parte de mi trabajo/ocio. Seguiré escribiendo porque tengo un compromiso con Ultima Hora, pero no me satisface como antes.

Lo mismo me pasa con la dirección de Papel en Blanco. He acabado solo frente al timón durante la mayor parte del año, con colaboraciones puntuales que he agradecido mucho. El 2021 tenía que haber sido el de la migración del servidor y un nuevo empuje a la web, pero no he conseguido captar a las personas que hubiera querido, y Papel en Blanco tiene que ser un trabajo en equipo. Así que Papel en Blanco sigue y seguirá a medio gas mientras al frente siga sólo yo. Cancelé la migración a Wordpress y volví a Medium, que no me gusta, pero es mejor porque es gratis y ya estoy acostumbrado. De ninguna manera añadiré un gasto anual para conseguir menos visitas aún y ningún beneficio. Seguiré en Papel en Blanco actualizando como pueda hasta que no dé más de mí o decida cerrar definitivamente el proyecto o traspasarlo a alguien a quien le importe de verdad.

No obstante, este año inicié un nuevo espacio, fruto de mi proverbial falta de foco. En El desafío de las águilas he creado un microespacio para hablar solamente de wargames y de libros de historia bélica. Es mi pasión y es lo que he descubierto en el último año que me mueve. Es algo muy minoritario, es un nicho dentro de un nicho como dicen, pero es lo que ahora me llama. Es lo que quiero hacer. Así que ahí seguiré, subiendo con ilusión entradas que llevan mucho trabajo, sin una periodicidad regular, pero con muchas ganas.

Y es que en el fondo es todo una cuestión de tiempo.

Una de las cosas que añoro es hacer cómics. Durante este años he tanteado a no menos de 5 o 6 autores para dos proyectos que tengo en mente, y tristemente han declinado todos. En algunos de ellos es normal, porque son autores con una carrera y entiendo que tengan sus propios proyectos trazados y no quieran arriesgarse a la moto que les vende alguien que sólo hace esto de forma secundaria y sólo ha publicado un cómic, aunque sea en 4 volúmenes. De la gente que está despegando y es novel me duele un poco más, porque creo que podría haberse sumado a una bonita idea, pero cada cual, evidentemente, tiene su vida. Me gustaría, además, proseguir con mi obra ya consolidada, pero no consigo la manera de motivar a Bart para seguir adelante. No quiero forzar nada, pero es un buen amigo y lamento que la distancia que nos separa haga que no podamos entendernos mejor. Una de las cosas que más me gustaría es sentir la emoción de crear juntos. Ayer estaba empezando a ver la serie documental Get Back y volvió a golpearme esa magia que se crea cuando varias personas colaboran en sacar algo adelante. Me encantaría volver a sentirla de nuevo.

Ojalá 2022 traiga nuevos horizontes que me confirmen en algunas ideas, desechen otras y me lleven a poder dedicarme a lo que más deseo.

13.12.21

Parecidos razonables (XLV): Bitoku vs. Equinox

Desafortunada coincidencia en novedades en juegos de mesa que salieron durante la feria de Essen de 2021: Bitoku, editado por Devir, y Equinox, editado por Plan B. El tema, la composición e incluso la paleta de color son extrañamente parecidos. Hay que decir en su favor que de ambos hay edición con portadas alternativas: 




28.9.21

Diario de lecturas (XXVII): cómics que no me gustaron

 · Sweet Tooth (integral 1 de 2), de Jeff Lemire (ECC, 2020). Lemire se ha convertido en uno de los guionistas y autores completos más productivos y populares de los últimos años en el mainstream americano (no sé cuántas veces se habrá escrito ya esta frase); sus trabajos en Marvel y DC, de esta forma encumbrado, le han permitido seguir haciendo otras obras más personales e "indies" por su cuenta o en pequeños sellos. En Sweet Tooth la cosa le funcionó hasta el punto de que le compraron los derechos para una adaptación en Netflix. Leído el primer todo de los dos integrales de la serie, me encuentro con un cómic que respira clichés por todos lados. Lemire ya los ha usado antes (como cuando aprovecha para su propia relectura del género superheroico en Black Hammer. Muy original: después de Alan Moore, de Peter David, de Kurt Busiek, de Grant Morrison, él también tenía que darnos la suya), pero en Sweet Tooth todo funciona a medio gas, como una película de sobremesa de la tele. Ahora vemos un guiño (¿un homenaje, simplemente un lugar común?) a los personajes de tío macho crepuscular de Clint Eastwood, ahora un deje de The Walking Dead, ahora un poco extraña relación paternofilial de The Road de Cormac McCarthy o Lobo Solitario y su cachorro, ahora reciclamos una idea propia (el germen de su Family Tree es lo mismo que esta serie, ¿o fue al revés? No importa porque todo queda en casa)... Y el resultado es la relectura de rigor, supongo, del drama postapocalíptico que se ha puesto de moda en los últimos años. Tampoco podíamos pedirle a este hombre que fuera bueno en todo lo que hace, ¿no?


· Aspirina, de Joann Sfar (Fulgencio Pimentel, 2020). De uno de mis autores favoritos, Joann Sfar ha pasado de ser poco menos que un fraude para mí. De una obra ingente, he leído, creo, la gran mayoría de lo publicado en español, y después del deslumbramiento inicial que me provocó, con sus primeras entregas de El gato del rabino, El profesor Bell, Vampir o Klezmer o sus contribución en los orígenes de La mazmorra, sus cómics me vienen provocando cada vez más aversión. Primero, por su absurda capacidad de ir generando series al mismo tiempo que las abandona por aburrimiento  (El minúsculo mosquetero, el del clan prehistórico, cómo era, esperad un momento... Ah, sí, Los viejos tiempos, un solo tomo). Segundo, porque esa estética pictórica de la que ha hecho bandera su estilo (a saber, dibujar a impulsos, olvidarse de una construcción de personajes con rasgos fijos, cambiar bruscamente de grosor de trazo, de estilo, sin que eso responda a ninguna necesidad narrativa, sino solamente al capricho) me enerva cada vez más. En Aspirina, Sfar se saca de la manga dos cacho álbumes de más de cien páginas (¿era así el formato original francés?), publicados aquí en un solo volumen, para hacerle un spinoff a este personaje que habíamos conocido en Vampir, porque parecía que el personaje de la adolescente gótica vampira molaba y podía dar de sí... ¿Pero qué tenemos? Una historia que va a trompicones, y que entiendo que Sfar va realizando a medida que se la inventa, porque ése es su estilo, ésa es su marca de la casa, y que no lleva a ningún sitio. Porque aquí ya Sfar no se pone ya a filosofar sobre la religión, la vida o el arte como en El gato del rabino o en sus series más sesudas, sino que es avanzar por avanzar, y en el segundo tomo, cuando el personaje de Aspirina ya no es más que una comparsa de lo que parece más una partida de rol (¿es aficionado también a rol Sfar? ¿hay algo que no haga? Muchos guiños paródicos a esta afición en este cómic), la trama ya se descontrola por completo. El resultado es que durante casi 300 páginas me he aburrido soberanamente con un Sfar que no sé a qué juega, sin chispa, sin una pizca de interés. El segundo tomo de Aspirina es de 2018 y acaba con un final abierto. ¿Sfar amenaza con más?

 

· El tatuaje, de Jérôme Pierrat y Alfred (Flower Press, 2020). Enmarcado en una colección llamada La Gran Tebeoteca del Saber, este cómic pretende ser una introducción a un tema de interés popular. Esta tercera, tras el universo y los zombis, nos lleva a un repaso histórico por la trayectoria del tatuaje como manifestación artística. Y aunque el tema resulta muy interesante, y la panorámica es muy completa (desde el hombre prehistórico, pasando por su sentido tribal, la apropiación cultural, la cultura de bajos fondos, y finalmente su "democratización" en el siglo XXI), el resultado es poco ágil. El texto del historiador Jerôme Pierrat se impone al dibujo de Alfred, que hace lo que puede, y lo hace muy bien, pero termina siendo una cantidad tal de información la que proporciona, que la lectura se hace farragosa y aburrida. Desconozco la experiencia que tenga el guionista trabajando con un dibujante, pero comente un error muy básico, y es el de atiborrar de texto cada página, incapaz de renunciar a una parte de la información en favor de la imagen. De esta forma, la obra acaba siendo más un texto ilustrado que un cómic, quizá también por culpa de un formato que deba cumplir (¿número limitado de páginas?). Un tema atractivo tratado de forma algo torpe; quizá sea interesante ver cómo han planteado el mismo trabajo en otros temas el resto de autores de esta serie documental gráfica.

9.8.21

Diario de lecturas (XXVI)

Por fin, durante el verano, he podido avanzar la pila interminable de cómics que tenía pendientes por leer. ¡Hasta el punto de quedarme sin novedades! Así que he aprovechado para ir tirando de estantes olvidados donde tengo cómics pendientes de leer de hace años, para ver qué hago con ellos.

· Blotch, de Blutch (La Cúpula, 2007). Este cómic cayó por casualidad en mis manos, y he demorado su lectura años, porque simplemente no me apetecía. He leído bastantes obras de Blutch (Velocidad moderna, La voluptuosidad, Peplum, sus colaboraciones en La Mazmorra...), y sigo reincidiendo porque supongo que su organico trazo me recuerda al de Frederik Peeters. Creo de que de todas sus obras, me quedo con Peplum; en Blotch el autor vuelve al tema tan manido en el cómic como es el cínico y despiadado retrato de un artista que no es más que un endiosado y ególatra farsante. Supongo que me hubiera gustado más si no hubiera leído ya Wilson de Clowes, Fante Bukowski, La soledad del dibujante de Tomine y demás cómics que parten de la misma idea. La fórmula es la misma que en otras ocasiones (¿aunque puede que Blutch fuera primero?): un dibujante que piensa que es el mejor en lo que hace y que el resto son segundones, y mientras tanto se comporta de la forma más mezquina posible. Si en algunos de los casos citados, el retrato era incisivo pero tenía un punto de ternura que te hacía empatizar con el pobre diablo, aquí este giro está ausente: Blotch es puramente un ser deleznable, al que al final del álbum le deseas todo lo malo que le pueda ocurrir.

· Lobezno Max (3 volúmenes), de Starr, Ruiz, Boschi y VVAA (Panini, 2012). Compré estos tres volúmenes atraídos yo que sé por qué, supongo que por las portadas de Jock (que he terminado odiando). En estos 3 ó 4 arcos que conforman la serie Lobezno Max no encontramos ni una sola idea interesante, y eso que el poder hacer una serie con este personaje en esta linea más "adulta" y por tanto, menos censurable, habría podido dar pie a algo grande como el Punisher de Ennis (el bueno). Pero en vez de eso, ¿qué tenemos? A un Lobezno que ha perdido la memoria por un accidente de avión, y que poco a poco va descubriendo que era un asesino a sueldo de Víctor Dientes de Sable Creed, y que ambos se conocen desde principios de siglo cuando provocaron un buen follón en Japón a costa de dos familias nobles. Jason Starr juega con el canon para hacer lo que le da la gana, pero sin una dirección fija: de Japón, Lobezno viaja hacia Las Vegas, donde cree que encontrará respuestas a sus preguntas. De camino, conoce a una modelo enrollada con un cartel de las drogas ("¡acuéstate conmigo! ¿no quieres? ¡demasiado tarde! ¿Ah, ahora sí? ¡Ahora no quiero! ¿Qué haces, dónde me llevas? ¡Sí, te utilicé! ¡Mátame, total mi vida ya ha sido un infierno!"), luego se mete en un club de la lucha, donde otra tía buenorra lo hipnotiza para usarlo como arma, por si le faltaran problemas de memoria. Tras acabar con ella y su estúpido ayudante-manager del club de la lucha, resulta que todo converge en que, al final, Lobezno había estado trabajando para un supercapo mafioso de Las Vegas, que fue el que le implantó el adamantium (?!), que el propio mafioso también lleva en unas garras (?!!!!), y finalmente, para volver a empezar de nuevo, Logan decide cortarse los brazos con un tren para dejar de tener las garras... Me ha parecido un despropósito de serie, que usa todo tipo de tópicos, cerrada de forma atropellada y torpe, con una alternancia de dibujantes que hace que la serie vaya variando mucho de calidad artística. Muy, muy prescindible serie, que no aprovecha para nada la ventaja que tenía estar enmarcada en la línea Max (sí, cuatro cabezas salvajemente cercenadas o rasgadas, o algunas chicas enseñando los pechos, eso es todo lo que da de sí la etiqueta "para adultos").

27.7.21

Reseñas (extremas) mínimas (XXV)

 · Para empezar, dos trabajos dentro del black metal que me han llamado la atención. El primero es III, de Spectral Lore (2014, no es novedad, aunque el grupo sí ha publicado este año). Un proyecto unipersonal del músico griego Chris Aylos Dir que navega en las turbias aguas del atmospheric black metal. Un inicio prometedor en Omphalos (artefacto pétreo de uso religiosoen la Antigua Grecia. Según la mitología, sería la piedra dejada por Zeus en el centro del mundo, de ahí su derivación a "ombligo") y a partir de ahí seis canciones que no bajan de los 10m cada uno, hasta el final en Cosmic Significance, corte que también tiene algo de dungeon synth. Cuesta un poco entrar, pero el resultado es muy interesante. El otro es Achrony, de Elderblood (2021), un grupo polaco que se dedica al black metal sinfónico. Es significativo que un país tan marcadamente católico como Polonia haya dado lugar a reacciones tan viscerales como Behemoth o estos Elderblood. Achrony es una descarga furiosa de black metal que recuerda, sobre todo, a Carach Angren y a Fleshgod Apocalypse. Quizá por ese componente sinfónico son más accesibles y es fácil entrar en ellos. De todas maneras escuchada la intro Sparks, pensaba que el grupo aprovecharía más elementos de la liturgia para crear su sonido (al estilo de Batuskha), pero me equivocaba. En palabras de AMG, "an album that flashes moments of brilliance and overwhelms with its extraordinary anger, although its excessive length and symphonic over-saturation can dim this fiery insanity".

· Måneskin - Teatro d'ira vol. I (2021): los flamantes ganadores de Eurovisión de este año han sido toda una sorpresa. Al menos para mí, ¿quién me hubiera dicho que me hubiera puesto a buscar material y a escuchar álbumes de un participante de Eurovisión? Más allá de su canción estrella, Zitti e buoni, Måneskin tiene bastante más que ofrecer. Sobre todo porque no se casa con un estilo determinado: son funky, son rock, son balada, tienen ramalazos de hip hop o asquerosos ritmos latinos... En fin,que son bastante variados, y el disco Teatro d'ira tienen cosillas muy sólidas. Los mejores cortes de este álbum, sin duda: Coraline y La paura del buio. Pero también tienen sus defectos: no me molesta la fijación de Damiano por recitar más que cantar (aunque sí me cansa), pero sí que lo hace el hecho de no haberse trabajado más las letras. No es que sean buenas; lo son cuando quieren (ver canciones citadas): es que son muy repetitivas, y allí donde podría haberse puesto una variación en el puente hacia el estribillo, éste se repite; los estribilllos podrían haber contenido variaciones, en definitiva, que haber escrito más letras en vez de abusar de su repetición sumaría al conjunto.

13.7.21

Parecidos razonables (XLIV): Qrixkuor vs. Tool

Parecidos razonables entre la portada del disco Poison Palinopsia (2021), del grupo Qrixkuor, y la icónica portada del Lateralus de Tool (2001). En este caso estoy convencido de que el parecido no es casual y el artista de la portada (Daniel Corcuera aka Nekronikon) se inspiró en la de Alex Grey, aunque en su Instagram dice que el parecido no fue intencionado... 

Poison Palinopsia (2021)


Lateralus  (2001)

8.6.21

Parecidos razonables (XLIII): Bill Evans & Jim Hall's 'Undercurrent'

He aquí una curiosa historia que empezaba siendo un solo parecido razonable que usaba una fotografía artística de autor que terminó convirtiéndose en una foto prácticamente de stock.


La foto en cuestión fue tomada por el fotógrafo Toni Frissell en 1947 en una atracción de feria en Weeki Wachee Springs, Florida. El grupo de jazz de Bill Evans y Jim Hall la utilizó en 1962 para su álbum Undercurrent. A partir de ahí lo que sabemos es que la imagen quedó libre de derechos de autor y desde entonces ha sido utilizada innumerables veces como portada de álbums o incluso de libros. A continuación os pongo algunas:



Tenéis un artículo más detallado en inglés sobre el tema en Music to Eat.



22.4.21

80's Overdrive: una carta de amor a los arcades de carreras

Por 1€ compré en un bundle este juego y creo que ha sido el videojuego que más fácilmente haya amortizado en los últimos años. 80's Overdrive es uno de los mejores juegos que recrean las sensaciones de los arcades de carreras de los 80 y 90 que he probado junto con Horizon Chase Turbo. Imaginaos una mezcla entre Out Run y Chase HQ, con carreras en modo contrarreloj, con diferentes itinerarios que escoger, y con modo "historia", donde ir ganando carreras, escapando de la policía, consiguiendo dinero y gestionando las mejoras del coche, comprando nuevos modelos, aceptando pagos por hacer encargos algo turbios en alguna carrera... 

Visualmente, el juego te lleva a esos arcades que tan buen sabor de boca nos dejaron en la niñez a los que vivimos los 80 y 90. A mí me recuerda a los mencionados Out Run, Chase HQ, a Super Hang On, Lotus III ya en PC... Los gráficos no pretenden realismo, sino acercarnos a ese sabor pixelado de la época. Destaca su estética en colores cálidos y pasteles, scrolls verticales y horizontales del fondo muy buenos (en el estilo de lo que se usaba en aquella época) y un movimiento que se hace fluido, y una vez vas ganando práctica y mejores coches, se maneja a las mil maravillas.

80's Overdrive es un juego que te gustará si viviste aquella época y buscas un juego que puedas jugar ahora y tenga la jugabilidad que recuerdas (porque, amigo, vuelve ahora a probar el Lotus III o el Chase HQ de 8 o 16 bits... Ya te digo que no es como lo recuerdas. Comprobado). Tiene suficientes modos de juego (contrarreloj, competición, y además un editor de niveles) como para tener una gran rejugabilidad. A pesar de los pequeños guiños para los jugadores más jóvenes (contrincantes que te envían emojis), si eres un millenial o tienes menos de 30 años, es probable que lo veas con otros ojos y no te guste.



A favor: estética 16 bit totalmente conseguida, buena música, fluidez en los controles, dificultad progresiva y ajustada.

En contra: no se puede redefinir el teclado (algo totalmente absurdo, y hasta que no te acostumbras a llevar los controles con la izquierda, te sientes algo "incómodo" jugando); quizá me hubiera gustado un poco más de variedad en cuanto a los vehículos que encuentras en carretera.

9.4.21

Diario de lecturas (XXV)

 Nuevas impresiones al vuelo con lecturas propias y voluntarias o de la Biblioteca Can Sales de Palma.

· Venecia, de Jiro Taniguchi (Ponent Mon). Confieso que no conocía esta obra de Taniguchi hasta que la vi en la tebeoteca de Can Sales, y eso que no es nueva (se editó en 2017). Realizada para Louis Vuitton Travel Book, es la excusa perfecta de Taniguchi para realizar un retrato de Venecia a las acuarelas. Ya sólo por los dibujos este cómic vale la pena: su extremo realismo, su uso del color característico son la excusa para visitar este ¿manga? ¿cómic de viaje? Pero además, Taniguchi, para darle aún más marca de la casa, enmarca la obra en la búsqueda de la huella de los abuelos del narrador, en algo que no sé discernir si es autobiográfico o puramente ficticio. En todo caso interesante cómo vuelve a usar los temas de la memoria  y la reflexión peripatética tan usual en él.

· Lady Snowblood 1, de Kazuo Koike y Kazuo Kamimura (Planeta). En el confinamiento pude ver la primera adaptación al cine de este cómic, y me apeteció recuperar el manga ya que en su momento nunca lo leí. Koike, el afamado guionista de Asa el ejecutor y Lobo solitario y su cachorro entrega aquí una serie de venganza serializada por capítulos, menos extensa (sólo 2 volúmenes), llena de sangre, sexo y personajes torturados.  

 · Crying Freeman 1, de Kazuo Koike y Ryochi Ikegami (Planeta). Otra recuperación, en este caso sentimental, porque Crying Freeman fue de los primeros mangas que se editaron en España, en la primera oleada que llegó de Cómics Fórum con Dragon Ball, y que en aquella ocasión venían de una edición americana de Vid. Mafias contra mafias, otro personaje protagonista atormentado (está siendo usado por la mafia), dibujo espectacular de Ikegami... Lectura rápida y entretenida.


· Mary, que escribió Frankenstein, de Linda Bailey y Júlia Sardà (Impedimenta). Confieso que cogí este libro ilustrado por dos motivos: por el tema, y por el divino dibujo de Júlia Sardà, que me encantó en Los Liszt o Atticus el chico difícil. Una sencilla biografía con un dibujo magnífico que casa perfectamente con la historia que cuenta.




6.4.21

La tecla de retroceso (Backspace) no funciona en Firefox

Pues me ha pasado esto. Normalmente, en Firefox, una funcionalidad muy cómida es que cuando navegábamos por un sitio web, podríamos regresar a la página anterior usando la tecla Backspace o Retroceso en los teclados en español.

Por algún motivo que desconozco, esta funcionalidad viene desactivada por defecto en nuevas actualizaciones. Me ha pasado y no sabía qué ocurría. Si te ha ocurrido también, es muy fácil de arreglar por suerte. Abrimos una pestaña y tecleamos:

about:config

Firefox nos dirá que cuidadín con lo que tocamos, pero lo vamos a hacer de todas formas. Buscamos manualmente o en el buscador ponemos:

browser.backspace_action

Verás que por defecto viene con el valor 2. Le damos doble clic y ponemos como valor un 0. Intro, y funcionalidad restablecida. ¡De nada!

[A veces me pasa que tengo una duda técnica, y, como todos, busco en Google la solución. Y me pasa también que, meses después, vuelvo a tenerla, vuelvo a buscar pero no recuerdo cómo la encontré la primera vez. Para solucionar esto, me hago un autopost de recuerdo y espero que os pueda servir también a vosotros.]


 

 

27.3.21

26.1.21

Parecidos razonables (XLII): 'Piel de mil bestias' vs. 'Peau d'Âne'

Inspiración directa de la portada del cómic de Stéphan Fert Piel de mil bestias (Nuevo Nueve, 2020) y la película de Jacques Demy Peau d'Âne (1970), protagonizada por Catherine Deneuve.




19.1.21

Reseñas mínimas (XXIV)

 · Ghoultown - Curse of El Dorado (2020). En junio reseñaba su anterior largo, Ghosts of the Southern Son (2017), que en su momento se me escapó, y comentaba mi miedo por haber escuchado su nueva canción Where Voodoo Sleeps. Mucho mejor que el adelanto que hicieron en verano, este álbum completo lanzado en octubre nos devuelve a los Ghoultown de siempre, con su característica mezcla de texmex rockabilly metalero. Algunas de las canciones incluidas son regrabaciones de canciones de sus primeros discos (The Worm, Runing from the Sun), cosa que no sé a qué se debe. Pero en general, un buen trabajo, sin nada destacable, pero todo en la misma línea que los buenos viejos Ghoultown.


· Bloody Hammers - Songs of Unspeakable Terror (2021). De este grupo hablé en mi anterior post sobre occult rock. En Songs of Unspeakable Terror encontramos un álbum directo y sin medias tintas: horror rock, por decirlo así, que recuerdan a la primera etapa de Misfits sin Danzig (Waking the Dead puede ser un ejemplo... ¿Inevitable en pensar en una mezcla de Hybrid Moments y From Hell They Came? Same energy, diríamos hoy). Cañero pero melódico, entra desde los primeros compases porque está facturado con garra. Agradable sorpresa, máxime porque creo que los había estado escuchando con anterioridad y no me sonaban a esto (en RYM están etiquetados como Stoner Rock, Traditional Doom Metal, Gothic Metal, Hard Rock, Heavy Psych, Occult Rock y Heavy Metal, así que como para saber cómo clasificarlos). 

· Bloody Hammers - The Horrific Case of the Bloody Hammers (2017). Para hacer la anterior reseña más creíble, recupero alguno de sus discos, en esta ocasión el EP The Horrific Case of the Bloody Hammers de 2017, que me despista aún más, porque suena a ¿nu metal?, a Söber o a Tool sin sus florituras (estoy alucinando, me hipnotiza el bajo de The Bloodsucker Leads the Dance o, sobre todo los teclados de All the Colors of the Dark, que crean un ambiente increíble en esta canción), así que he de concluir que ésta es una banda cuya características definitoria es que va tocando muchos palos y sólo se casa con su temática. No sé si es una prueba de su versatilidad o de su poca personalidad. Al desocupado lector lo dejo.

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18.1.21

Cerrando 2020: los juegos de mesa


Aprovecho un hilo que hice en Twitter para comentar aquí también la actividad lúdica. Obviamente afectada por el confinamiento primero y por las medidas de seguridad posteriores, la actividad del Aula de Juegos Immaculúdica ha terminado bruscamente. Todo lo que ha quedado ha sido juego en solitario, en familia, o vía telemática. 

5.1.21

Cerrando 2020: los posts

El año pasado (me refiero a 2019 cuando escribo esto) no llegué a hacer recuento de posts, con lo que no tengo una referencia clara. Sé que he perdido comba en Iconotropía y que a día de hoy faltan muchos posts porque quedan por actualizar muchísimas semanas del segundo semestre con mis reseñas en el periódico. En Papel en Blanco, apenas he podido seguir el ritmo de reseñar algún libro o cómic por semana. Lo que sí ha mejorado ha sido la marca en mi blog primigenio: 32 entradas, la mejor cifra desde 2013 (!?) y el doble que 2019. A destacar también mi incorporación como staff de Bebé a Mordor, un proyecto que me encanta y del que estoy muy orgulloso de pertenecer. Espero que en 2021 encuentre la libertad que necesito para poder escribir de lo que realmente me interese en todos los sitios en los que participo.

Resumen
Papel en Blanco:  84 (cuenta común), 45 (usuario propio) = 127 posts.

Iconotropía: 40 
Cisne Negro: 32
Immaculúdica: 6 

Bebé a Mordor: 4


Total:  209 posts. Bueno, pero hay que recordar que en 2018 llegué a 393 posts.

4.1.21

Cerrando 2020: la música

Resumen de la música de 2020 gracias a las gráficas y estadísticas de Last.fm (se queda fuera, por tanto, todo lo que he escuchado en el coche o en otros dispositivos no conectados). Sin apenas sorpresas. Estos son los álbumes más escuchados durante el año: 

 


Sin sorpresas como digo: mucha música ambiental, eso sí, que sonaba de fondo mientras jugaba a rol o a juegos de mesa (la mayoría de bandas sonoras que incluye la imagen superior, o discos de dark ambient como Atrium Carceri, Tales from the Loop, The Last Door, Arditi, Rome, Firewatch...). Pero el álbum que se ha llevado el premio es el último de Nick Cave, el concierto en el Alexandra Palace durante el confinamiento que reseñé aquí y que me parece un repaso soberbio a su carrera con Bad Seeds, Grinderman, etc. El bueno de Tom Waits encabeza otro año la lista de artistas escuchados.


Las estadísticas marcan un repunte respecto a 2019 en casi todo; supongo que teletrabajar en casa influyó bastante en todas las marcas.




 

Entre los veinte primeros puestos de los más escuchados, apenas una entrada nueva: Albert Giménez, que descubrí investigando el underground de la movida española: tiene un par de discos de jazz contemporáneo mediterráneo muy bonitos.

 


No me atrevo a dar una lista de novedades, porque mis audiciones al respecto han sido muy limitadas. Sigo intentando seguir algo al día con la ayuda de Angry Metal Guy y mi web de referencia Rate Your Music, y las novedades sobre las que puedo opinar las he reseñado bajo este tag. Sí he de decir que me han gustado los últimos trabajos de The Ocean, Brendan Perry, Counting Hours, Draconian... Lo tenéis todo aquí. Esperemos que 2021 nos traiga tanta buena música como este pasado año. Preguntas, dudas, comentarios, recomendaciones son muy bienvenidas en los comentarios de la entrada.

3.1.21

Cerrando 2020: Rol

 

Este año de rol ha sido drásticamente coartado por la irrupción de la pandemia. Se cortaron en seco las partidas con la llegada del confinamiento, y su recuperación sólo pudo ser parcial con el grupo de amigos, en régimen de virtualidad, e imposible en el Aula de Juegos. Hace nueve meses que no juego a rol con los alumnos, y lo echo de menos. Al final del año, he contado aquí algunas partidas masivas que hice de El año tranquilo en clase, y aún debería añadir también de Por la reina, como ejercicio narrativo en 2º de ESO que fue muy bien. A pesar de la sequía, me han continuado llegando nuevos juegos y manuales (Never Going Home, Camaradas, Liminal, Kids on Bikes, Las cosas que dejamos atrás, Tiny Frontiers, Coriolis, Girl Underground y me estoy dejando cosas), que espero poder probar en 2021, al menos en parte. Lo que peor me supo fue la interrupción de Las máscaras de Nyarlathotep, la megacampaña que tenía muchísimas ganas de empezar con mi grupo, y del que de momento pudimos jugar unas 4 sesiones de los dos primeros escenarios. Espero que a mediados de 2021 podamos seguir adelante con ella.

1. Mirando al futuro (Las sombras de Yog-Sothoth, La llamada de Cthulhu). Mi primera TPK en La llamada se produjo en este capítulo de una serie de capítulos hilados al que había bautizado Las sombras de los hongos, porque estaba mezclando módulos de ambos libros. Los personajes pecaron de aguerridos y se metieron donde no tenían que meterse. Creo que les sirvió para darse cuenta de cómo funciona en realidad el juego; demasiado bien les había ido hasta ahora.

2. Huida rebelde (Star Wars D6). Volví a jugar esta aventura introductoria con mi nuevo grupo con la mirada puesta en desarrollar a los personajes. Bien como siempre.

3 y 4. El año tranquilo. Llegó la pandemia y nos confinó. Y me estrené llevando una partida de El año tranquilo que funcionó muy bien.

5. El blanco mundo muerto (El rastro de Cthulhu). Esta partida la empecé en una sesión especial con Pepe Pedraz como máster y rebuscando algo que jugar online la leí. Esta primera parte de Apocalipsis Cthulhu tiene sus luces y sombras. Por una parte, es muy evocadora, la ambientación que logra de un mundo devastado en los años 30 es de diez. Pero su problema es que es muy, muy dirigista. Los personajes se limitarán a ir dando tumbos de un lugar a otro y, como en un videojuego (o una trampa en la selva), al llegar a ciertos lugares, dispararán ciertos acontecimientos. Al final, la partida se convierte en un paseo, muy bonito, por un entorno muy desolado. Por tanto, el viaje valdrá la pena si los jugadores se implican y hacen de él algo memorable.

6. La caverna misteriosa (Tiny Dungeon). Esta partida, en verano, marcó la introducción de mi hija a los verdaderos juegos de rol, con un sistema súper accesible como es Tiny Dungeon. Tras esta partida, ella fue la que me dirigió a mí otra aventura muy sencilla.

7 y 8. Las máscaras de Nyarlathotep: Perú y Nueva York (La llamada de Cthulhu). Después de reunir el módulo de Joc, la versión para 7e de Chaosium en tres tomos en inglés y las ayudas de la HPLHS, era el momento de darlo todo y empezar con mi grupo, ya más o menos hecho a la idea de qué es La llamada de Cthulhu, de jugar a LA campaña. Todo fue muy bien (había intentado comprometer al grupo a largo plazo para poderla jugar en un año, más o menos), hasta que la pandemia llegó. Entonces, cuando ya había visos de que la cosa iría para largo, con gran pesar en mi corazón, decidí congelar la campaña en un "punto de guardado" asegurándome que los jugadores dejaban por escrito todo cuanto tenían para recordarlo más adelante (como jugador tiendo a olvidar el 90% de toda la partida si pasan semanas o meses). Así que en esas estamos.

9. Tratos (Ecos disonantes). Un grupo de punk, los Dead Elvis, que empieza su carrera en Nashville, Tennessee no tiene mucho futuro. Pero alguien misterioso les propone un trato... y aceptan. Hasta que pasan los años y alguien viene a reclamar su deuda. Como siempre, un Eco disonante nunca sabes por dónde tirará y al final sale bien.

10 y 11. El año tranquilo: Potaksio y Poscovi. Jugados con un grupo de 15 alumnos en clase, se desarrolló muy bien.

12. El año tranquilo: Mormones & Marcianos. Terminé el año como empecé el rol en el confinamiento, con una partida de El año tranquilo.

Para el año que viene, me gustaría probar algunas de las decenas de sistemas que tengo por probar, y sobre todo, seguir con Las máscaras de Nyarlathotep. Esperemos que sea un buen año de rol.

2.1.21

Cerrando 2020: Las series

 


2019 fue un año que no podrá superarse, al menos a corto plazo, en cuanto al visionado de series. Este 2020 ha sido bastante exiguo en comparación.

· El ascenso de los nazis (Temporada única). Miniserie documental que vi en Movistar fruto de mi creciente interés por la IIGM. No recuerdo mucho, pero me pareció una buena síntesis de la explicación de la llegada al poder de Hitler.

· Las chicas del cable (Temporada 5 y última). Este esperpento es digno de ver sólo por contemplar cómo se enfanga en un lodazal de tópicos y sinsentidos. Final de traca para esta serie que prometía mucho y acabó en nada.

· Colombo (¿X temporadas?). Mi reencuentro con Colombo se saldó gracias al canal Paramount Network, que repuso toda la serie, eso sí, de forma totalmente desorganizada y anárquica, con información errónea en el prómpter... Un desaste. Investigando he visto que Colombo no era una serie en sí, sino una series de telefilms que se rodaban a razón de dos por año y que se extendió en el tiempo la friolera de unos ¡30! En todo caso, es una joya de serie, en la que me encanta perderme.

· Drácula (BBC, 2019 - Temporada única). Esta serie no dejó indiferente a nadie. Tratando de forma irreverente el mito, se revela como un pastiche multirreferencial deudor de todo el código visual vampírico del cine, hasta llegar a un final... impredecible y rarísimo. No sabría decir si me ha gustado o no, tiene aciertos muy buenos y luego cosas que me chirrian mucho.

· Five Came Back (Miniserie documental). Interesante documental que cuenta cómo cinco directores de Hollywood (Capra, Huston, Ford, Wyler y Stevens) contaron la Segunda Guerra Mundial y las consecuencias que tuvo eso en su filmografía. Muy interesante vistazo a las bambalinas de Hollywood.

· The Good Doctor (Temporada 3). Ya un poco por inercia.

· Habemus Papam (miniserie documental). Sobre la historia del papado.

· The Mandalorian (Temporada 2). Sin duda, lo mejor del año. Una lección de cómo tratar Star Wars, uniendo lo viejo con lo nuevo, dándole de nuevo un aire de aventura rolera. Y el capítulo final, *chef kiss*.

· Mary Beard: El desnudo en el arte (miniserie documental). Reflexión de la gran Mary Beard sobre las verdaderas intenciones del desnudo en el arte y su trasfondo sexista.

· El Ministerio del Tiempo (Temporada 4). Esta nueva temporada, añadida como quien dice en tiempo de descuento, tiene aciertos brillantes, pero ahora en el recuerdo no me termina de convencer. Sigue siendo de las mejores ficciones fantásticas patrias, con todo.

· Modern Family (Temporada 11)

· La niebla (Temporada única). Serie en vía muerta que inicié ya consciente de eso (creo), sobre la novela de Stephen King. Se deja ver, pero no tuvo el éxito esperado.

· El pueblo (Temporada 1 y 2). La empezamos a ver por una anécdota personal: el hijo de una compañera de trabajo había decidido hacerse ingeniero agrónomo (o algo así) e ir a un pueblo abandonado para recuperarlo sosteniblemente gracias a esta serie, así que ahí fuimos. Una comedia ligera y resultona, de esos productos que normalmente no veo, pero que me resultó divertida.

· Scarlett (Miniserie). Revisionado de esta miniserie luego de volver a ver Lo que el viento se llevó. A pesar de no estar al nivel (nada lo puede estar) de la película, mantiene el tipo.

· Veneno (Temporada única). Pues a pesar de todas las críticas a los Javieres, me parece una gran serie, llena de hallazgos visuales y narrativos, una serie de primera clase en cuanto a narración, a años luz de la bazofia de Las chicas del cable, por ejemplo.

· Vikings (Temporada 6-2ª parte). Ésta, como en otras, se quedó sin el final de temporada por la pandemia, pero esta temporada, a pesar de tener sus altos y sus bajos, no está a la altura de toda la trama de Ragnar. La seguimos viendo por terminarla.

· The Walking Dead (Temporada 9 y 10). Idem para esta serie, que desaprovechó un momento perfecto para cerrarla y prefirió seguir alargando lo inalargable, poniendo en más aprieto a los supervivientes, pero esta vez sin Rick, en un arco que buscaba a) encontrar un malo peor que Negan y b) redimir a éste. ¿Era necesario? No. ¿Se deja ver? Bueno, sí.

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