16.8.06

50 años de la muerte de Bela Lugosi

50 años de la muerte de Bela Lugosi



Hoy se cumplen 50 años de la muerte de Bela Lugosi, el actor que con su siniestra elegancia marcó un estilo de interpretar a Drácula. Las televisiones seguramente no se acordaran de él más que en un fugaz momento anecdótico en el telediario, con lo que no nos queda más que brindar con una copa (de sangre) y poner un disco de Bauhaus para rendirle nuestro particular homenaje.

15.8.06

The Crow: escribiendo desde el dolor

El Cuervo: escribiendo desde el dolor

Leí por primera vez El cuervo hace ya muchos años, cuando Glénat había sacado en cuatro números la serie de James O'Barr. En ese momento no me pareció un gran cómic: con un dibujo mediocre y unos diálogos que se me antojaban demasiado melodramáticos, fue una obra que no me acabó de convencer. El cuervo es una obra escrita desde el corazón, cuyo mayor mérito es el poder transmitir las fuertes emociones del autor a través de las viñetas. Ahora, en la edición que recientemente ha realizado Glénat en un tomo recopilatorio, podemos valorar esta obra como un conjunto cerrado y ampliado con diversas ilustraciones y poemas suplementarios que se encargan de completar la larga emocional del cómic.

La película de El cuervo contribuyó a que la estética gótica se pusiera de moda entre el gran público. Gran parte de esa estética ya estaba presente en el cómic de O'Barr, una obra que evidencia su filiación con el movimiento siniestro que surgió tras el punk, y más ampliamente con el neoromanticismo con el que este movimiento tiene algunos puntos de contacto: ahí están, completando el cómic, las letras de The Cure, Joy Division o Rimbaud. El cuervo es una obra oscura, hecha de dolor y desesperación. Es una historia de amor, pero sobre todo es una historia de venganza dura y pura, la venganza poética que todos desearíamos realizar si nos ocurriese lo que le pasa al protagonista.

El cuervo cuenta la historia de Eric Draven, un joven que es asesinado junto a su novia en vísperas de su boda. Un año más tarde, Eric vuelve de entre los muertos para eliminar a la banda que terminó con su vida y su felicidad. Eric, convertido en El cuervo, animal que le acompaña y que ha actuado de psicopompos en su proceso de muerte y resurrección, es la personificación del dolor, la locura y la venganza. Ha dejado de ser humano para convertirse en el instrumento del equilibrio universal. Las escenas nocturnas en la ciudad, una ciudad decadente y destruida por su propia maldad, contrastan con los flashbacks, llenos de luz y esperanza, en los que vemos la vida de la pareja, conscientes de que esa felicidad está destinada a truncarse. También destacan las escenas oníricas, llenas de simbolismo, en las que un caballo blanco representa la inocencia, la bondad y el amor que el dolor se encargará de arrebatarle a Eric.

James O'Barr planifica estratégicamente el desarrollo de los acontecimientos: El cuervo va lentamente eliminando a los secuaces menos importantes, mientras se van dosificando los flashbacks, de manera que en el último capítulo viene a coincidir la rememoración definitiva del asesinato de Eric y su novia y la muerte de todos los pandilleros responsables de aquel acto. El abismo entre lo que siente por dentro Eric y la situación que busca en la calle es lo que propicia el clímax de violencia desatada al final de la obra. Porque estamos ante una venganza sin concesiones: nada que ver con la adulterada versión cinematográfica, en la que los poderes del protagonista están vinculadas al animal que le acompaña, y eso le hace débil ante sus enemigos. En el cómic, Eric no tiene nada que temer, puesto que ya está muerto y su único fin es eliminar a sus asesinos.

La escena de la madre yonki.El cuervo, así, se convierte en una especie de Redentor oscuro, que muere y resucita por los pecados cometidos. En el libro tres ("Ironía"), la idea se hace patente al yuxtaponer O'Barr las imágenes de una iglesia con las de Eric, la del cañón de una escopeta con la de la cruz de Cristo, con una voz en off que dice "existe más de una manera de purificar el alma. Hay absolución, y redención y salvación, y unos medios para justificar un fin. Y si algunos de estos axiomas tienen polaridades opuestas -y en ese momento vemos como se superpone el plano interior de una iglesia con la casa abandonada de Eric- hay por lo menos cierto consuelo en el hecho de que tienen una base común". El cuervo vuelve a manifestarse como el Redentor en la escena en que, a la manera de Jesucristo y la mujer adúltera, salva a la madre de Sherri de las drogas, redimiéndola de su vida de excesos con esa intervención mesiánica, estremecedora, de Eric: "Vete de aquí, Sandy. Antes de que él te chupe toda la luz de los ojos. Sherri te eserpa. Madre es el nombre de Dios en los labios y los corazones de los niños. ¿Comprendes? ¿Lo comprendes?". (Esta escena está muy bien interpretada en la versión cinematográfica donde es, aún si cabe, más conmovedora cuando El cuervo obra el milagro de extraer la morfina de la sangre de la joven madre yonki). Finalmente, en la masacre final del capítulo "La fiesta del martillo", El cuervo despliega sus brazos para recibir una lluvia de balas a modo de otra crucifixión, que acabará con todos los asesinos de Shelly. Un Mesías oscuro que confiesa a Funboy, justificando su obra: "Lo divino no es menos paradójico que lo malvado. Llevo la corona de espinas que T-Bird colocó en mi cabeza".

Gráficamente, El cuervo es un cómic con, reconozcámoslo, algunos altibajos: desde un estilo más caricaturesco, a otro muy realista, con el uso de lapices, plumillas imitando grabados, claroscurros, expresiones algunas veces cercanas al manga, y otras haciendo uso de viñetas hipercargadas de un realismo sucio y deprimente, hay páginas en las que tenemos a un O'Barr realmente inspirado y otras en las que parece que tiene prisa por terminar. Un detalle que puede pasarse por alto gracias al nivel narrativo y al guión, que, en el fondo, si tiene cierta hondura trágica, es porque lo necesita.

El cuervo es una obra que nos sumerge en un universo propio: el de una ciudad muerta, de calles sucias, de madrugadas de autopistas silenciosas, de canciones de The Cure que nos alienan de nosotros mismos. El ambiente ideal que nos conecta con lo que debió sentir James O'Barr cuando creó este cómic tras la muerte de su novia en un accidente de tráfico. Leyendo la obra uno consigue entrar en ese infierno privado y salir de él tras la oportuna catarsis. Una obra, en definitiva, imprescindible.

[Con anterioridad, en Cisne Negro: No es la muerte si la rechazas...]

13.8.06

Dadle una oportunidad a la paz

Dadle una oportunidad a la paz, coño

Ya lo decía Black Sabbath

Durante todas estas semanas he tenido que encargarme, en todo o en parte, de la sección de Internacional de un periódico, y cada día que pasaba estaba obligado a leer más y más teletipos sobre la lenta matanza que se está produciendo en la frontera del Líbano con Israel. Por motivos que ya ni recuerdo, he estado pasando por un blog proisraelita llamado Herut, y me he dado cuenta de por qué seguimos viendo cada día el reguero de muertes en unas fila y otras.

Soy consciente de todo lo que ha sufrido el pueblo hebreo en toda su existencia: perseguidos, desterrados, aniquilados sistemáticamente... Un pueblo milenario con una historia, una cultura y una filosofía muy rica, llena de personajes vitales para la Historia. ¿Pero cómo justificar una guerra encubierta en la que el mundo, por ahora, se ha quedado de brazos cruzados a contemplar el espectáculo?
Está claro que ir a discutir el sentido de una guerra a un blog de un colectivo implicado "moral" y sentimentalmente al conflicto es mala idea. Pero pensaba que, entre los que defienden la postura de Israel encontraría gente moderada, sensata, que vería en esta carnicería un sinsentido. Debo de haber leído demasiados cómics de El gato del rabino, porque no ha sido en absoluto así. Yo no voy a defender al bando islámico, ni mucho menos al israelí, pero me encoleriza el hecho de que se tache a las personas críticas con este conflicto de antisemitas simplemente por esa postura. Parece que la ley del Talión ha cegado a sus propios creadores en primer lugar. Entre radicalismos anda el juego: o estás conmigo o contra mí. El partido de Dios se esconde tras civiles. Israel se desentiende de esas vidas y dispara de todas formas sus misiles. Y la humanidad se va por el sumidero de nuestra vergüenza.
A mí lo que me da lástima es toda esta situación en la que como según algunos está justificado matarse, pues seguimos hasta ver a dónde llegamos. De verdad, con gente tan enferma me gustaría vivir en otro planeta, un planeta en el que no estuviera la gente matándose unos a otros por una puta mierda de tierras o de dioses imaginarios.
Alimentad el odio con más odio y vais a ver cómo acabamos todos, no sólo judíos y musulmanes, sino toda la puta Humanidad. Intento pensar que quedan personas que quieren la paz, pero sólo veo el mismo fanatismo en ambas partes. Vergüenza debería darnos a TODOS, a unos porque están dispuestos a matarse unos a otros sin importarles nada, a otros por callar y ser cómplices de ese genocidio, y a nosotros por estar ahí y no reaccionar, por ser -la mayoría- tan idiotas de creer que la violencia solucionará la violencia.


Cuando los pacíficos pierden toda esperanza, los violentos encuentran motivo para disparar. Harold Wilson.


P.d.: En el episodio del pasado sábado de Los Simpson, Krusty el payaso, al saber que no ha realizado su bar mitszva, y por tanto no se considera adulto, exclama: ¡pensaba que era un judío que se odiaba a sí mismo, pero resulta que soy sólo un antisemita normal y corriente!

9.8.06

From Souvenirs to Souvenirs (III)

Evocación sentimental bloguera (más actualizado)

Se trata de esbozar (ut infra diximus) en breves pincelas lo que significó un determinado año para el que lo escribe. Ésta es, de momento, la lista que tenemos con su correspondiente autor. Quien quiera añadirse o publique su post, que me escriba o deje comentarios. Aún hay muchos años, y también se puede repetir si ya está cogido.

7.8.06

1.8.06

Cómic Tecla 20

Ya está disponible el número 20 del boletín Cómic Tecla, la publicación bimestral sobre el mundo del cómic de la biblioteca Tecla Sala: se puede bajar desde este enlace.

Incluye una crónica del Saló de Barcelona, dos textos sobre Alex Toth, una entrevista a Fermín Solís, la habitual sección de novedades recomendadas y las siguientes reseñas: Agujero negro (Jaume Vilarrubí), Valerian agente espaciotemporal (Antoni Guiral), Nuestra guerra civil (Norman Fernández), Shenzen (Alfons Moliné), Vocabulario figurado (Juan Manuel Díaz de Guereñu), Ex-machina, Rip (Antoni Guiral), Macanudo y Dragon Ball (mías), Bardín el superrealista (Jaume Vilarrubí), La biblioteca de Turpín (Antoni Guiral), El derrotista (Juan Manuel Díaz de Guereñu), Loser (Jaume Vilarrubí) y La misma diferencia y otras historias (Antoni Guiral).
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