28.6.02

EL FIN DEL ROMANCE

Se acabó. Para bien y para mal, acabó el curso en la facultad de Filología. Se han acabado los exámenes, y con ellos, el último año de una carrera, que, aunque agradecida, me ha cansado mucho. Ya denunciábamos en el editorial del número 1 de Cisne Negro que la universidad se había convertido en el templo tomado por los comerciantes fariseos. Ahora que hemos acabado el curso y la carrera, nos ratificamos en esta opinión: el espíritu de las humanidades se está haciendo un lento harakiri en nuestras facultades por la desidia de sus miembros. Cuando todo lo que prima en una carrera es sacar un maldito título las cosas no van bien. Y en nuestra facultad las cosas no van bien. Demasiados intereses creados, demasiadas rivalidades estúpidos, demasiados cretinos que no tienen otra cosa que hacer más que criticar el trabajo de los demás.

Hay un libro, publicado por Alianza, titulado ¿Cómo estudiar filología?, en el cual debería figurar en la primera página: Con vocación, señores, con pasión. No con ansias de sacar un título de marras, sino por el hecho de aprender, de culturizarse, de dignificar un espíritu que cada día está más atrofiado . No voy a repetir lo que ya he dicho tantas veces en otros lugares, pero qué futuro vamos a dar a los que vendrán si no creemos en lo que hacemos, si no creemos en el poder que tiene la palabra y en su buen uso. Si no somos capaces de transmitir la pasión por el Arte, por todo aquello que realiza al hombre, estamos condenados a la extinción intelectual.

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