[Sigue tras el salto]
[Sigue tras el salto]
El año 2025 ha venido marcado por ser el número de posts una de las pocas marcas que han superado a 2024. Veamos las cifras:
Resumen
Cisne Negro: 17 [frente a 23]. Mi blog decano entra en su 25º año de funcionamiento en la línea de los últimos años, y es que ni escribo profusamente en él, ni es un dechado de visitas (sospecho que los cuatro conocidos de toda la vida, más los cuatro perdidos que llegan buscando cosas random). Pero en el fondo, Cisne Negro es la columna vertebral que aglutina todo, es mi rincón personal donde dejar mis reflexiones, mis reseñas de música, mis cogitaciones estrambóticas en total libertad, sin tener que preocuparme de otra cosa que de expresar lo que pienso. Me imagino que así seguirá. Me gustaría celebrar este 25 aniversario con una edición en papel conmemorativa de lo mejor de este blog, aunque sea para mí mismo. Está por ver si puedo dedicarle tiempo a ello.
Immaculúdica: 3 [frente a 3]. Nada, un desastre en Immaculúdica, escribiendo lo mismo que el año pasado. La actividad de este proyecto lúdico en mi colegio ha sido tocado y hundido con el cambio de horario a jornada intensiva. Este cambio me ha quitado toda la ilusión de seguir jugando con adolescentes en ese tiempo que tenía. El blog simplemente ha seguido prácticamente en piloto automático con las subidas de los nuevos programas de Inmacudados ahora ya sólo grabados desde la clase de Latín con juego conectados con la Roma clásica. Posiblemente en 2026 seguirá esa misma tónica.
El Desafío de las Águilas: 76 [frente a 30]. Si en una cosa ha aumentado mi productividad ha sido en la dedicación mi última curolla (aunque, bueno, ya llevo unos años con ella... Cuatro, concretamente). Este año ha sido el de la confirmación. Las entradas, así como las visitas, se multiplicaron por dos y hasta por tres, y al final del año habían alcanzado 28.000 visitas con 76 entradas. Estoy muy contento del desarrollo de este proyecto, lo comentaré un poco más ampliamente en su propio blog.
Bueno, un año más inicio la serie de posts que hacen balance del año que recién terminamos. En este artículo inicial, simplemente pondré los datos sobre la mesa y comentaré un poco por encima el año.
2025 ha sido un año continuista en líneas general. En términos de lecturas, me he quedado más o menos a la misma altura de 2024, con unas pocas lecturas de menos (153, entre libros y cómics, frente a 156 del año pasado). He visto más películas, pero menos temporadas de series. He jugado menos partidas de juegos de mesa y menos rol, pero he escrito más en mis posts (aunque tampoco debería ser mucho más, puesto que ahora publico por duplicado algunas entradas en Iconotropía y Papel en Blanco).
Me gustaría saber a dónde ha ido el tiempo si prácticamente todos los números han ido a la baja. Una respuesta parcial quizá la podamos encontrar en dos factores: el estreno del podcast Dos Flanquean Juntos, que en 2025 ha publicado 7 episodios, con la cantidad de horas que eso ha implicado (mínimo, el doble de lo que duran), y la reactivación del canal de Youtube, enfocado prácticamente a dar apoyo a mi blog sobre wargames El Desafío de las Águilas, con entre poco y nulo éxito de visitas, por cierto (lo entiendo, es un contenido muy específico y el resto de canales que se dedican a ello lo hacen mucho mejor que yo).
También he escuchado más música, pero como ya comentaré, ha sido por una trampa basada en hábitos. Estoy satisfecho, en general, con las estadísticas anuales, aunque sean ligeramente menores, y sobre todo por haber priorizado mi libertad a la hora de elegir mis lecturas. Siento que este 2025 he leído más lo que yo quería y no he sentido tanto la imposición del deber. Pasemos a los artículos de cada área:
2025
La música
Las películas y las series [quedó por escribir]
Los libros y los cómics
[Este post se publica el 2/1/26 pero posteriormente se moverá a finales de diciembre]
Hace poco me llegaba un estudio científico que resumía sus conclusiones de esta manera: cuanto más cortos son los vídeos que los usuarios consumen en redes, mayor es el daño a la actividad cerebral de aquellos. [No es éste, pero aquí tenéis una buena explicación en español] No es la primera vez que menciono, creo, esta característica de los medios actuales: la atomización máxima de los contenidos. Primero fue pasar del texto a la imagen, de la lectura al vídeo, y finalmente, éste, cuanto más breve mejor. Reels, historias, shorts... Cada vez más breves: 2 minutos, 1 minuto, 30 segundos... Shorts de ¡10 segundos! DIEZ SEGUNDOS. ¿Qué le estamos haciendo, voluntariamente, a nuestros cerebros? ¿Acostumbrarlo a ráfagas ultrarrápidas de información por lo demás trivial? La capacidad de concentración ha sido totalmente aniquilada. ¿Queremos que en clase permanezcan atentos una hora, 45 minutos, media hora? Hace tiempo que la didáctica nos dice que hay que hacer pausar, cambiar de actividades, limitar los períodos de lectura/estudio/explicación... Hace tiempo ya se indicaba, digo, mucho antes de esta debacle cerebral a la que asistimos actualmente. Ahora es infinitamente peor. En los muchos viajes en bus que hago desde que no tengo coche, observo perplejo cómo la atención de la gente ha sido robada por estos engendros mecánicos: la mayoría está viendo flashes de vídeos que pasan a la velocidad de la luz, cada uno de ellos sin relación con el anterior, sin sentido narrativo, sólo pulsos de bits destinados a satisfacer nuestra dopamina, memes, cancioncillas, bailes estúpidos, intentos desesperados de interacción y clickbait (pose femenina sensual y texto "si me vieras entrar en tu habitación así, ¿qué me harías?").
La escuela, la educación, tiene que enfrentarse a esto sin armas. Los más optimistas querrán entrar en este juego, que los docentes nos adaptemos a los tiempos y que creemos materiales didácticos acorde con esta nueva sociedad hiperveloz cuando no tiene que ser así; no, me niego. Estamos haciéndole el juego a las grandes empresas que han apostado por hacer dinero por toda esta tecnología, todo este contenido que nos hace más idiotas, y les da igual. Les da absolutamente igual. Nos quieren consumidores, imbéciles, atentos sólo a la nueva novedad del mercado. Se está intentando imponer por cualquier medio el conjunto vacío mental, la nula capacidad crítica, la distancia reflexiva cero. Cada año, en clase, se hace más y más difícil leer textos, pero hace un par la capacidad de lectura y de comprensión ha caído en barrena, porque los alumnos y alumnas no leen, no leen en absoluto, el libro se convierte, cada curso más, en un animal mitológico. Pueden contarse con los dedos de dos (o una) manos los que llegan con hábito lector a secundaria. Se ha perdido totalmente el hábito, leer ya es una práctica arcaica, aburrida, obsoleta, de perdedores, ideada sólo para matar de aburrimiento a una sociedad ultrarrápida que no puede perder el tiempo en leer dos veces unos pensamientos que escribió un matao hace doscientos años. Cortamos de raíz con todos nuestros lazos con el pasado, las palabras se desvanecen, y no son reemplazadas más que por memes. Esto es así. Todos los indicadores nos lo dicen, los testimonios de cualquier persona que trabaje con niños y adolescentes nos llevará a lo mismo; se trata de una verdad constatada ampliamente, quien lo niegue quiere engañarnos. ¿Cómo puedo yo combatir todo esto sin un apoyo familiar, sin una familia que comparta mis ideales humanistas, sin que tengan en común conmigo el infinito valor de (¡o por lo menos, maldita sea, el respeto por!) la cultura, los libros, el arte, la música, la filosofía.
Cada año el humanista que hay dentro de mí muere un poco más cuando nuevas generaciones apenas, lean bien esto, pueden recordar haber leído (o escuchado) un cuento tradicional, o visto películas consideradas "clásicas" (ya no hablo de joyas del cine, me basta el catálogo de Disney de los últimos 30 años), nada, el vocabulario es cada vez más parco, y en cada lectura que hacemos del libro de texto cada año las dudas con las palabras que desconocen son más. Las palabras, y en consecuencia el mundo, se distancian cada vez más de ellos. ¿Qué puedo hacer yo delante de esto?
1ª Conclusión: Tiktok, los shorts y en general las redes que ofrecen vídeos ultrabreves son un cáncer para nuestro cerebro y nuestra forma de entender el mundo.
Implicación: ¿La simplificación a la que forzosamente someten estos contenidos hiperbreves la realidad de los hechos es culpable del auge de ideologías de extrema derecha, que muchas veces van acompañadas por otro tipo de creencias de naturaleza mítica, o por lo menos, irracional, como el movimiento antivacunas, el terraplanismo, los chemtrails, los negacionistas del cambio climático, etc?
Y a ello añadámosle a la combinación las IAGs. No dudo de que ahora mismo, y en el futuro, tendrán aplicaciones maravillosas que nos permitirán ocupar nuestro tiempo en tareas creativas, y se ocupen de labores pesadas o tediosas, maquinales, repetitivas, que no queremos hacer. Pero, ¡otorgarle el poder de crear algo artístico, joder, en qué estamos pensando! Toda vez que las IAGs no son originales, tienen que basarse en el expolio del trabajo robado a l@s artistas que con mucho esfuerzo y aprendizaje lograron, ellos sí, crear objetos artísticos. Quiero IAs que me generen informes reales, precisos y correctos sobre la información que les doy, o me localicen información dentro de ingentes cantidades de texto, o que me solventen dudas muy concretas de reglamentos muy intrincados. NO quiero que las IAs me hagan una imagen de Ulises en las playas de Troya al atardecer, ni quiero una foto mía con Scarlett Johansson, ni un avatar al estilo Ghibli... Nos han vendido la IA como un juguete con el que distraernos y hacer tontadas. Quiero a una IA trabajando en la secuenciación del ADN para encontrar vacunas para enfermedades incurables, la quiero desentrañando una manera de que el cáncer sea una enfermedad reversible, quiero una IA a la que se entrene para que de una vez sepamos si el manuscrito Voynich era una broma de bibliófilo o contenía algún mensaje oculto.
Ahora mismo en Educación nos encontramos en un momento muy complicado, en el que algunos sectores han optado por abrazar esta nueva época y jugar con las nuevas cartas que la tecnología ofrece. Para este sector, los reticentes, los humanistas somos más o menos luditas chapados a la antigua con miedo al cambio. Creo que es un error de enfoque. Ahora mismo es demasiado pronto como para poder analizar con lucidez y perspectiva los errores que podríamos estar cometiendo a futuro introduciendo alegremente las IAs en educación. De cualquier forma, son herramientas al abasto de todo el mundo de las que ya están haciendo uso y abuso. Es urgente un protocolo de buenas prácticas, pero soy escéptico en este sentido. El mal ya está hecho. Uno no puede poner ningún tipo (NINGUNO) de trabajo para hacer en casa que no sea susceptible de ser hecho por la máquina. Está todo perdido. Los alumnos ven en las IAs la oportunidad que ninguna otra generación tuvo hasta ahora de que te hagan todo el trabajo rápido, fácil y casi sin que se note. Por el camino, sin darse cuenta, pierden toda la capacidad crítica, de trabajo, de reflexión, de creatividad, lo que es en suma un proceso de aprendizaje basado en el error, la reiteración, el esfuerzo. El mal se deja ver ya en todos los niveles: secundaria, bachillerato, universidad. En la universidad, ChatGPT es el rey de los trabajos.
Contra toda esta inmediatez, este mundo de las respuestas rápidas, la información espontánea, donde todo tiene que conseguirse en segundos, tenemos que rebelarnos. Preguntarnos quién está espoleando esta filosofía de vida. ¿Somos nosotros mismos? ¿O es el consumismo quien nos lleva a una vorágine insostenible desde todos los ángulos? ¿No es acaso la cara más cruenta y salvaje de un tardocapitalismo que intenta agotar sus últimos cartuchos, algo así como morir matando?
Para finalizar, una nota personal, casi baladí respecto a todo lo que he dicho hasta ahora, pero indicativa de algo (de qué, no lo sé). En las últimas semanas, he encontrado una notable paz interior, cada noche, al irme a la cama leyendo la Historia de Heródoto. Una lectura que empecé un poco por obligación se ha abierto a mí como una ventana a otra época, exigiéndome una atención y una paciencia pero recompensándome con una grandísima paz mental y una satisfacción lectora que no había tenido en mucho tiempo. Heródoto es algo así como un protohistoriador, y su "investigación" sobre Grecia y el Próximo Oriente me devuelve a un horizonte en el que nada de lo que he hablado más arriba existe y en el que me siento cómodo y como en casa. Su libro no tiene nada que ver con la agitación del s. XXI de la que hablábamos. Se convierte en un bálsamo en el que sumergirse, en un verdadero antídoto, un acto de rebeldía, de revolución, de disidencia. Sólo quien haya tenido esa sensación, creo, me entenderá.
Bibliografía:
· Efecto del consumo de videos de formato corto en las funciones ejecutivas en adolescentes.
· Advertencia de la Sociedad Española de Neurología sobre el excesivo uso de redes sociales (2025).
· Michel Desmurget presenta una tremenda cantidad de datos, estudios y bibliografía en La fábrica de cretinos digitales y Más libros y menos pantallas, libros ambos que recomiendo.
[Repito la formula del año pasado]
60 días.
75 partidas a juegos de mesa o cartas (las mismas que en 2024; en 2023, fueron 71). No tiene mucho mérito, ha habido mucho filler rápido y poquito juego sesudo o wargame.
31 cómics (en 2024 fueron 46 cómics; en 2023, fueron 37). Aunque hay que decir que, en el cómputo global del año, a estas alturas del año estoy mejor que en 2024, y que este año espero llegar más holgadamente a los 100 cómics.
10 libros, 2 sin acabar (en 2024 fueron 12 libros; en 2023, fueron 17).
19 películas (en 2024 fueron 11 películas; en 2023, fueron 16). ⬆️
0 sesiones de rol (en 2024 fueron 3 sesiones; en 2023, fueron 5). Se confirma el batacazo del rol este año: en lo que va de año no he jugado nada.
2 vídeos (los dos para mi canal). El año pasado fueron 3.
Novedad: 3 episodios de podcast (Dos Flanquean Juntos). ⬆️
De nuevo los números no mejoran los resultados del año anterior en casi todo, y de nuevo la explicación a esos datos sea es que he escrito más:
Posts: total 64 (frente a las 50 del año pasado, aunque haya algunas cosas duplicadas entre PeB e Iconotropía) ⬆️
El Desafío de las Águilas: 16 (en 2024 fueron 6) ⬆️
Papel en Blanco (total individuales más firmadas por Redacción): 19 (en 2024 fueron 27)
Iconotropía: 21 (en 2024 fueron 7) ⬆️
Cisne Negro: 8 (en 2024 fueron 9)
Immaculúdica: 0 (en 2024 fue 1), me ha quedado pendiente editar el último programa del curso de Inmacudados.
Quiero insistir en que todo este recuento no es en absoluto para fardar de nada, es simplemente que yo mismo siento que ese verano ha valido la pena de acuerdo con mi producción ociosa. Por eso llevo la cuenta y voy comparando años, viendo hacia donde han orbitado más mis intereses y mi tiempo privado. ¿Estoy enfermo?
Mejores experiencias del verano (personales de yo conmigo mismo): lectura de la Ilíada, el reencuentro con mi yo adolescente con la lectura de varias colecciones de Marvel 2099, reenganchar la escritura de poesía (17 posibles fragmentos para trabajar en un nuevo poemario), el juego de Golden Age of Piracy 1718, colaborar con Quimérico Inquilino en nuestro podcast.
Gozamos de un clima inusual durante aproximadamente diez días, luego volví el calor lentamente apretar hasta estos días, en los que es furioso, insoportable. Estamos en medio de una nueva ola de calor: la nueva normalidad del verano. No hay quien haga nada. Me repito, da igual: no tengo ánimos para hacer nada. Un día habitual consiste en levantarse relativamente pronto, sacar a los perros mientras aún no haga calor, acompañar a la peque a la escuela de verano si toca, ir a hacer la compra o lo que sea, comer; la primera mejor parte del día viene entonces: caer rendido quizá media horita en la cama con un sueño profundo y reparador, no como el de la noche, que normalmente es ligero y lleno de despertares. La tarde es difícil de pasar, pero hay que intentar mantener el perfil bajo (ut supra diximus). Finalmente, cuando el sol baja del todo vuelvo a sacar a los perros, cenamos, y viene el segundo mejor momento del día: ponerse un vaso de algún brebaje con hielo que amodorre mientras ponemos algo en la tele. Este verano estamos viendo la serie de la BBC The Durrells, que adapta la trilogía de Gerald Durrell donde cuenta la estancia de cuatro años de su familia en Corfú durante los años 30. Una serie blanca y entretenida; me ha llevado a coger de la biblioteca el libro La meva família i altres animals, del propio autor, aunque me irrita un poco el tono colonialista del escritor.
Las marcas de lecturas (y de "hacer cosas", vamos, de las que aquí hago seguimiento) van lentamente avanzando y seguramente al finalizar el verano serán las habituales. Va lentamente cocinándose mi próximo poemario, sí, siguiente, porque pensaba que Ritos nocturnos sería mi primera y última incursión en este género, aun más teniendo el escaso -nulo- feedback de los lectores, pero hete aquí que me he encontrado en esas noches en las que duermo solo arriba a causa del calor anotando versos como hice el verano anterior con la etapa final de Ritos. De momento no son poemas acabados, sino más bien apuntes, ideas para trabajar, fragmentos para versificar... Y ya tengo el título: me lo dio mi apreciado profesor Toni Bernat Vistarini cuando me presentó en Can Sales: Invocaciones. Tiene todo el sentido.
Sigo sin jugar a rol -llevo todo el año así-, agosto y su calor ha impedido casi toda la actividad en juegos de mesa o wargames... Leí Germania de Tácito en una edición bilingüe de la biblioteca y me picó el gusanillo que ya había estado meditando, de coger los libros de Latín de bachillerato y ponerme a refrescar la traducción de textos: Germania parece asequible para un nivel sencillo. Pero de nuevo me refrena el calor.
Ya apenas quedan 15 días de estas 9 semanas de vacaciones. Sin este largo parón, francamente, yo no podría seguir trabajando.
Llevamos hoy cuatro días en el que las temperaturas se han derrumbado y nos han dejado soñar con otros veranos posibles. Mientras -leo en redes- en el norte de Europa y en muchas partes del mundo hay una gran ola de calor -se ha llegado a 50º en Turquía-, al menos en Mallorca gozamos esta semana de una tregua dichosa. Las predicciones dicen que las siguientes semanas seguirán suaves, y yo me aferro a ellas. (Ya hablé de mi idea de "tiempo prestado" en cuestiones climáticas el año pasado).
Sólo hace relativamente poco -un día, dos- me siento mejor. Llevo desde inicios de mes con una severa ansiedad (falta de respiración, dolores intermitentes en el pecho, etc.). Al principio pensé que era por el viaje que hacía mi pareja e hijas, y por el que me quedaba solo unos días en casa. Estuve bastante bien esos días, pero al volver ellas todo se reanudó e inclusó aumentó. Fui a la farmacia a tomarme la tensión y estaba bien. Releo el diario del año pasado y veo que hay cosas que son fruto del calor (la pérdida de fuerzas total durante las mañanas de intensa canícula, tras volver de media hora de pasear perros, por ejemplo), pero todas estas molestias... No sé exactamente de dónde vienen y a veces me intranquilizan mucho. Pero luego veo que si estoy ocupado (como las horas que dediqué a grabar y montar el podcast de Dos Flanquean Juntos) todo eso desaparece... Por tanto, ¿todo es somatización?
Pero la verdad es que el cambio de tiempo me permite el lujo de incluso estar de mejor humor, y de ver las cosas de otra manera. Es increíble lo asqueroso que es el verano húmedo de Mallorca. Quisiera pasar toda la estación en el norte, o, si tuviera que quedarme, que desapareciera el 50% de la población y del turismo. Es increíble cómo hemos normalizado en la isla la saturación de las carreteras, de las playas, de las calles, del número de vehículos. Cuando vas a otro sitio te das cuenta. Todo por el maldito dinero de unos pocos hijos de puta.
Mis lecturas avanzan muy penosamente: estoy leyendo poco a poco, pero disfrutando mucho, la Ilíada; también Por qué leer los clásicos de Italo Calvino, pero no me está convenciendo (el prológo en cambio, es magistral). Tengo decenas y decenas de cómics pendientes de leer, y de reseñar (y eso puede que sea uno de mis factores de estrés), pero estos días he querido apartarlos para leer algo que realmente me viniera en gana, y he agarrado el Spiderman 2099 integral 1, y me lo he zampado en una tarde y una mañana. Y no es una obra maestra, pero me ha gustado. El verano sigue adelante.
No ha sido un sábado negro, sino un martes. Esta tarde hemos sabido del fallecimiento de Ozzy Osbourne, el cantante y líder de Black Sabbath. Una noticia que me ha cogido totalmente por sorpresa y me ha dejado infinitamente triste. Sólo tenía ganas de coger el teclado para dejar algunos pensamientos. Mañana me imagino que quien más quien menos querrá opinar sobre el tema. A mí me apetece ahora simplemente recordar lo que ha significado para mí la música de Ozzy.
Black Sabbath es un hito en la música, es un género en sí mismo. (Hablemos aquí sólo de los Sabbath de Ozzy, la etapa de Dio también tiene sus momentos excepcionales). Para mí, los primeros seis discos de estudio (de Black Sabbath a Sabotage) más el último de reunión (13) son geniales. Son carne de la historia de la música. La fusión entre el blues y el rock, las atmósferas lúgubres y, finalmente, la pesadez de las guitarras y el bajo hicieron de Black Sabbath algo excepcional.
Led Zeppelin se quedó dentro de mí como mi grupo favorito desde esa edad en la que los descubrí; Deep Purple... Bueno, les tengo cariño y los escuché mucho en esa época, pero son, de los tres, los que menos me han interesado. Pero Black Sabbath... Son otra liga. Imposible no caer rendido con sus álbumes.
Yo apenas sé toca el bajo eléctrico, pero sólo por sentir las notas de Hand of Doom, Solitude, Into the Void o Lord of this World en mis dedos, valió la pena comprarlo y practicar en mi habitación.
Por eso estoy TAN, pero TAN contento de que pudiera despedirse a lo grande hace un mes en el concierto Back to the Begining, que parecía otra de esas pantomimas de último-último concierto-ahora sí ya de verdad como los Scorpions, pero sin embargo algo debía de olerse Ozzy para que lo prepara tan bien. He visto algunos segundos del concierto, Ozzy está claramente enfermo, pero su entereza, su arrojo, sus ganas, y sobre todo, el amor que el público le transmite debió de ser de las mejores cosas que se haya llevado con él.
Hoy acaba una era de la música. Buenas noches, dulce príncipe, y que vuelos de ángeles (del infierno) canten sobre tu descanso. Ozzy, vivirás para siempre en tus discos.
Si estás hasta las narices de las respuestas de mierda que Google se inventa con su IA y posiciona las primeras, con este pequeño truco puedes eliminarlas de tu navegador. Es imprescindible que estés usando Ublock Origin (un bloqueador de publicidad que va de maravilla y que te recomiendo. Es más, no entiendo como puedes navegar sin un buen bloqueador). Yo lo uso en Firefox.
Ves al icono de uBlock y púlsalo. Busca el Panel de Control:
Allí buscas "Mis filtros" y pegas el siguiente:
google.com##.hdzaWe
Le das a "Aplicar cambios" ¡y a vivir! Este filtro lleva casi un año funcionando, pero ten en cuenta que con el tiempo quizá podría dejar de hacerlo. Intentaré mantener la solución actualizada. [Fuente: Reddit]
[A veces me pasa que tengo una duda técnica, y, como todos, busco en Google la solución. Y me pasa también que, meses después, vuelvo a tenerla, vuelvo a buscar pero no recuerdo cómo la encontré la primera vez. Para solucionar esto, me hago un autopost de recuerdo y espero que os pueda servir también a vosotros.]
Como ahora hace casi un año, esta semana he tenido no unas horas libres, ¡unos días! y he querido actualizar el apartado libresco de mi ahora copado por los wargames canal de Youtube. Así que en un rato que he tenido, he grabado este vídeo donde comento otros 20 libros de mi biblioteca que me gustaría empezar a leer y aún así esperan pacientes su turno. Y digo "otros 20" porque es la segunda parte de otro vídeo que puedes ver aquí.
Arranca un nuevo verano en Villa Cisne, y al contrario del año pasado, en el que las primeras semanas de julio dieron un respiro, este año el calor aprieta desde mediados de junio, y con pocos visos de que afloje. Eso me entristece y me paraliza, me quita toda la energía. Exacerba cualquier molestia física que tenga y me deja sin ganas de hacer nada. Encima, estar en casa es un suplicio con dos niñas chinchándose y dos perros soltando pelo constantemente. Cada día es una repetición de cualquier fin de semana, en el que sacar a pasear a los perros a primera hora, preparar el desayuno, retirarlo, limpiar la cocina, barrer el piso... y agonizar un rato después de gastar todas las energías, y apenas son las 9 de la mañana.
Y la rabia. La rabia en cuanto me pongo a darle vueltas a cómo se planifican nuestras ciudades, o las correcciones que éstas deberían estar siendo pensadas para contrarrestar los horribles veranos que nos quedan. Hoy ya no se pueden pensar más calles de determinada anchura sin árboles. No pueden pensarse parques basados en el cemento. Fíjaos en la foto de este pequeño parque cerca de casa: con una zona de arena y juegos... impracticable la mayoría de horas de sol de verano. Tenemos demasiado asfalto y poca madera. Hay que repensar urgentemente nuestras ciudades, nos va la vida. 
Así pues, junto a mi estimado profesor Antonio Bernat Vistarini y al editor Román Piña, hablaremos un poco de cómo se confeccionaron estos Ritos nocturnos. Será un placer veros si queréis acompañaros.
¡Ultima fecha en Palma! ¡No os la perdáis!
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Parece mentira, pero últimamente he estado hablando de mi libro en todas mis redes, excepto en este rincón medio olvidado que es Cisne Negro, el blog seminal que se mantiene bajo viento y marea en marcha.
En abril, publiqué en la editorial Sloper mi primer (¿y último?) poemario, Ritos nocturnos. ¿Poemario? ¿Pero este tío no hacía guiones de cómic, y reseñas y...? Sí.
Para hablaros de Ritos nocturnos voy a permitirme en este mi blog retrotraerme a mi infancia. Cuando me preguntaban de pequeño qué quería ser, yo pensaba "escritor", pero nunca lo dije en voz alta. Aún hoy dudaría de calificarme con ese sustantivo. Pero es innegable que la pasión de mi vida han sido las palabras, como atestigua este blog con casi 25 años, mis años de fanzineo, mi web, mis múltiples páginas de reseñas, y un largo etcétera de colaboraciones con medios modestos que me han permitido colaborar.
Desde pequeño, efectivamente, he tenido ese gusanillo de escribir. He escrito multitud de cuentos, de intentos (nunca acabados) de novelas, incluso fragmentos de teatro... y sí, poemas. Al principio, muy rimbombantes y sonrojantes, claro. Rimados, medidos, en la tradición de lo que había aprendido. Poemas de amor para la chica de la que estaba enamorado en ese momento. Sinceros, ¡ojo! Sentidos. Quizá demasiado afectados. Pero, al final y al cabo, estaban marcando un camino donde lo importante no era la meta, sino el camino que iba haciendo a cada verso.
Fue en la universidad donde mi interés por la poesía se expandió. Con los estudios de Filología pude bucear en toda la historia de la poesía en español, y sobre todo con las clases de Literatura Contemporánea y asignaturas como Comentario de Textos Poéticos pude conocer a muchos autores y mucha poesía diferente. De esa época viene mi afición por una serie de autores que me impactaron mucho, gracias a las clases del también poeta Francisco Díaz de Castro. Poetas como Francisco Brines, José Hierro, José A. Goytisolo, Gil de Biedma (releído mejor, porque en COU lo odié), y especialmente Guillermo Carnero, José María Álvarez (a los que pude ver recitar en persona) o Luis Alberto de Cuenca me dieron una visión de la poesía alineada con la vida (o la vida alineada con la poesía) que amé especialmente.
En esa época estuve haciendo mis pinitos, publicando algún que otro poema en mi propio fanzine Cisne Negro, en la revista Lázaro que publicábamos los alumnos en la Facultad; en la revista La Bolsa de Pipas e incluso en alguna que otra antología. En 2001 participé en el Certamen Art Joven de Palma para jóvenes creadores, con un poemario llamado Citerea en ruinas, que se llevó una mención especial sin premio. Creo recordar que participé en otras ocasiones, pero nunca gané nada más.
Mis años de poesía fueron especialmente de juventud, puede decirse. Una parte importante de mis lecturas poéticas (y de mis escriturancias) son de aquella época feliz y despreocupada. Leí mucho durante los años de Filología (¡lo lógico, ¿no?!), pero ojalá hubiera leído aún más. Fueron años de descubrir a Ángel González, a los novísimos, a Ana Merino, a Kavafis, a Stevenson como poeta, a Safo, la poesía tradicional japonesa, al Borges poeta... Y a muchos, muchos otros, que ahora mismo no recuerdo. Con muchos de estos y de los anteriormente citados, mi ideal me llevó a encontrar (quizá sólo a buscar) una voz que apelara a una vida pasada por el filtro de la poesía, e incluso yo diría hasta cierto punto que a poetizar la vida. Pero a poetizar en el sentido de un malditismo intelectual, de una superioridad de esa vida cerebral intensa. Y la salvación por el filtro de la belleza. Fueron años en que me identificaba con ese bastardo de Hank Moody -interpretado por David Duchovny- en Californication. Porque eso era lo que quería. Pero está claro que una cosa eran los Ideales y otra cosa lo que este tímido patológico, este ser perezoso, cobarde y amargado podía conseguir en realidad. [Seguiremos trazando las líneas de Ritos nocturnos en posteriores entradas]
Puedes comprar Ritos nocturnos en:
-En Amazon (me dejas un porcentaje extra a mí con este enlace) [AQUÍ].
-En Todostuslibros a través de tu librería cercana. [AQUÍ].
-En general, en cualquier librería si lo encargas primero (lo más probable es que no lo tengan en estock)
[Soy consciente de que esta entrada es un análisis muy de cuñado, y de que la Edad Media no fue tan oscura como la historiografía nos hacía pensar. Tomadlo como lo que es: la opinión de un humanista finisecular]
Hace años que vengo advirtiéndolo en plan abuelo Cebolleta: el día que internet pete lo perderemos todo. Sólo ahora empezamos a ver la progresiva dependencia de todo lo que está online. Películas o series que dejan de estar disponibles en la web y cuya edición física ya ha desaparecido. Incompatibilidad con formatos más antiguos. Dejan de fabricarse los últimos bluray grabables (noticia de hace poco). Videojuegos que ya no son compatibles con los sistemas operativos actuales (y quien dice videojuegos, dice documentos).
Ejemplo 1: quise ponerle a mi hija mayor, a la que le están comenzando a gustar las canciones de Michael Jackson, el episodio clásico de Los Simpson donde Homer conoce a un chalado que se cree el cantante. ¿Os acordáis, verdad? Es el 3x01, Papá, loco de atar. Muy bien, pues: en Disney+ ese episodio fue retirado (por los cargos que en su día afrontó el difunto cantante). Y para encontrar ese episodio entero... Bueno, aún no lo he encontrado. Sí, hay fragmentos en Youtube, pero el episodio, íntegro, en castellano, no está disponible en ninguna parte (o yo no he sabido dar con él). Me parece alucinante.
Ejemplo 2: hace un par de semanas me desvelé y me puse a ver una película en Filmin. Dudaba entre Fuga de Alcatraz y Un día de furia. Al final ganó la película de Michael Douglas. Hace pocos días, volvió a pasarme y fui a ver Fuga de Alcatraz. No pude, había partido del catálogo. Al parecer ahora está en otra plataforma (que no pago). Pues bien, terminé viéndola en Ok.ru, pirateada por alguna alma caritativa que tuvo a bien compartirla ahí.
A esto, sumémosle la pesadilla fascista en la que se está sumergiendo EEUU con Trump, con intervenciones y saqueos de datos personales, cierre de páginas científicas y de organismos vitales como el Centro de Control de Enfermedades, borrado de publicaciones con ciertas palabras clave (del contexto que la derecha llama woke)... Un fantasma que amenaza con recorrer Europa y todo el mundo.
Vamos de camino a un apagón digital, en el que inevitablemente perderemos todos aquellos datos y obras que por una razón u otra dejaron de estar disponibles en la red.
Por eso es sumamente importante un repositorio de datos, grandes archivos en los que almacenar (online y offline) y proteger obras que de otro modo se van a perder, ya sea por la malicia, el olvido, o la inconveniencia turbocapitalista.
En este panorama al que vamos de cabeza surge como instrumento vital la "piratería", aquella práctica contra la que tanto nos advirtieron y que hoy parece empezar a salvar todas aquellas cosas que dejan de estar disponibles pero que alguien, con buen tino, decidió guardar hace 10 años en el fondo de un disco duro externo o un dvd grabable. Ante la gran cantidad de títulos que dejan de estar disponibles, los internautas se defienden, con nuevas formas de compartir: en los Drive de Google, en grupos de Telegram... O aún más: estoy viendo un movimiento que aboga por volver a las redes p2p (emule) o a un sistema que no me gusta tanto (torrents), aunque fuera su natural evolución. Volveremos sobre nuestras bobinas de películas guardadas, os lo advierto.
Pero hay más. Relacionado con esta Edad Oscura en lo que toca a la conservación del patrimonio cultural, científico y tecnológico, nos encontramos con otro tema: el albor de la era de la IA. El saqueo por parte de estas IAG que han esquilmado sin permiso ni legalidad un gran conjunto de obras artísticas nos devuelve un regurgitado casposo y cutre, absolutamente inoriginal, previsible, aún -en 2025- muy reconocible por los patrones que sigue (aunque mejora a velocidades insospechadas). Si anteriormente era difícil encontrar imágenes libres de uso, o mejor dicho, libres de las marcas de aguas de las grandes empresas que se apropiaron de miles y miles de imágenes libres, ahora el problema se agrava con la tremenda cantidad de basura en forma de imágenes creadas con IAG.
El gran problema: en un mundo en el que rápidamente la gran mayoría de la población terminará usando estos sistemas de IAG (ahora la mayoría gratuitos, en cuestión de meses y años, todos de pago), el estándar de qué esperar de un libro, una ilustración, un cartel, y más adelante, una canción o una película cambiará. Lentamente tragaremos con las convenciones de lo que nos ofrece la IAG y entraremos en su juego. Su estética se convertirá en canon. Normalizaremos sus productos y los tendremos en todas partes. Restaremos importancia a las imágenes de personas con seis dedos o indefectiblemente bizcas. Aceptaremos el movimiento errático y pesadillesco de los vídeos montados por IAG baratas. Hoy son los ganadores de los carteles de los carnavales de la ciudad; mañana serán los de las películas (el caso reciente de la película de los 4F, que Disney ha negado que sea IA: imposible) o álbums enteros; pasado mañana el porno y las películas. Porno personalizado en el que seremos los que diremos qué escenas queremos ver y con quién, incluso con nosotros protagonizándolas. Películas clásicas en las que podremos cambiar a los actores por nuestros favoritos. Discos apócrifos de The Doors o Queen, algunos incluso con el beneplácito de la banda (Kiss los primeros).
Aceptaremos esta era descafeinada, edulcorada, en el que la puntilla la pondrá el ultracapitalismo, que aportará su grano de arena con la saturación del mercado, que impida prestarle la suficiente atención a cada producto como para verle las costuras. Lo mismo que ahora, pero acentuado: consumo ultrarrápido, cultura de usar y tirar, arte efímero con un fin exclusivamente crematístico. Pretenden hacernos creer que la IAG es una nueva era de popularización o socialización del arte, argumentando que aquellas otorgan el poder de crear a quien no tiene ni las herramientas ni los conocimientos para ello, que será como una tercera revolución de Gutenberg. Pero la realidad es que todos estos planteamientos son una mera excusa para que empresas vendan sus productos, es decir, capitalismo disfrazado de libertad. A OpenAI y a todas las empresas que se han metido en IAGs no les interesa la libertad del ser humano. Les interesa empezar a cobrar dentro de unos meses o años por sus herramientas, cuando ya creamos que no podemos pasar sin ellas. Ahora todo o casi todo es gratis, a un click o una suscripción de distancia. Pero dentro de poco no lo será, oh, claro que no. Pero mientras tanto habremos aceptado un nuevo estándar de calidad ínfima, habremos aceptado imágenes de personas con manos de muñones, con movimientos anatómicamente imposibles o que desafían las leyes de la física, textos llenos de lugares comunes y torpezas... Todo ello sin reflexionar, claro, que lo que se nos ofrece está cortado por un patrón, por un sesgo, que no controlamos, pero que en el fondo es una forma de imponer una ideología, una forma de ver e imaginar el mundo. Estandarización, homogeneización. Todo lo contrario a la libertad.
Ambos factores (la desaparición analógica y digital de los bienes culturales pre-IAG, y su sustitución por productos de ínfima calidad creados con IAG) darán lugar a una nueva Edad Oscura, en la que nos sumergiremos voluntariamente, sin casi ser conscientes, perdiendo referentes vitales acaso para la supervivencia del ser humano. Seamos francos, si hace años que los niveles de cultura decaen, ¿qué esperamos para el futuro? Toda ayuda, apoyo o suplantación que hagan las máquinas en nuestros procesos mentales es un paso más hacia una futura discapacidad mental. Así os lo digo.
Pero de esta Edad Oscura sin duda, y esta es la única nota positiva de esta reflexión, ha de surgir un nuevo Renacimiento. Un Neorrenacimiento en el que un buen día, o tras el apocalipsis y caída del sistema ultracapitalista, salgamos de este círculo vicioso y reconozcamos aquello que habíamos olvidado. Y que vuelva a valorarse el talento individual, los libros que olvidamos, el saber que fue ignorado. Un momento en que la autoría humana vuelva a ser reconocida, los grandes artistas reivindicados. Y se valorarán, si aún existen, las personas que conocen, que saben que aquello existió si aún viven, las personas-libro de Bradbury. Me explico: será el momento en que alguien le diga a ese grupo de música "mira, mejor que esta portada hecha con IAG, es ésta que te he hecho, o este cuadro del XIX que es perfecto para lo que quieres expresar". Personas que sepan recurrir a nuestra fabulosa Historia del Arte, que pongan de nuevo sobre la mesa el valor de artistas de todas las épocas y que habíamos "olvidado". Redescubriremos no sólo ya a los antiguos griegos y romanos como en el primer Renacimiento, sino a aquellos que lo protagonizaron, o a los grandes pintores del barroco, o a los músicos eternos, a los grandes escritores de todas las épocas. O a alguna oscura banda que, a día de hoy, está haciendo bolos por oscuros garitos de Seattle con una llama prometeica en su interior. O a los textos que una joven, conmovida por Safo o por Concha Méndez, ha empezado a escribir. Quiero tener fe en que la pesadilla en la que nos vamos sumiendo casi con placer algún día terminará.
No soy el primero en hacer crónica de la deriva que han hecho en los últimos años las redes. Twitter, la red social a la que me uní hace la friolera de 17 años, tras ser comprada por el ególatra bebé-hombre psicópata-multimilloranio de Elon Musk, fue empeorando mes a mes. He perdido la cuenta de downgrades que el sitio sufrió: de ser un ágora virtual en la que microbloguear, compartir enlaces, reflexiones, o incluso crear nuevos géneros litearios, Twitter (con su transformación en X) se convirtió en un estercolero tomado por bots y trols. Algunos de esos cambios: empezando por la negativa de la autentificación (check azul) hace muchos años, se pasó a que ésta fuera de pago. Además, se disoció una cosa de otra: por un lado puedes pagar por tener una cuenta de check azul, pero no tienes por qué demostrar quién eres. El resultado fue que la red se inundó de cuentas de pago que suplantaban o parodiaban cuentas reales. Con el check azul también llegó la monetización de la red, y ahí es cuando todo se vino abajo. Una masa de cuentas de pago llenó la red de contenido vacío, reacciones trol o publicaciones polémicas con la única intención de sacar dinero. Pero hubo mucho más: limitación de mensajes/día, limitación de privados, anulación de uso de Tweetdeck (cliente para gestionar varias cuentas a la vez) para cuentas no premium, intromisión en el TL de cuentas que uno no seguía, cambios automáticos de la línea "Siguiendo" a "Para ti", cuentas que uno misteriosamente dejaba de seguir sin tocar o nada (o que te dejaban de seguir), publicidad indiscriminada, cambio de filosofía en las cuentas bloqueadas (ahora sí pueden ver tu contenido, aunque no puedan interactuar contigo), estadísticas de pago, uso de comunidades de pago... Y, por si no lo he dicho ya, lenta e inexorable toma de la red por parte de cuentas de ideología neoliberal, ultraderecha y afines (por si no bastaba con la fauna terraplanista, antivacunas, anticovid, anti agenda 2030, etc.), favorecida por un algoritmo que premia la manera de pensar de su dueño. Muchos empezaron a migrar. Durante meses lo consideré, abrí cuentas en las redes alternativas, pero no me decidía a dar el salto. Eran muchos años y muchos seguidores, y eso pesa. Como en una relación tóxica, cada día aguantabas el enésimo empeoramiento de la situación, maldecías, y seguías ahí un día más. Pero las cosas empezaron a ponerse feas de verdad cuando Musk se reveló como parte integrante del futuro gobierno de Trump, candidato a la presidencia de EEUU. Y Trump ganó (posiblemente por la brutal campaña de publicidad que las redes le proporcionaron: TikTok, Facebook, Instagram... y X). Muchas cuentas oficiales de entidades importantes, universidades, periódicos, editoriales, etc., empezaban un éxodo. Personalmente mi puntilla fue ver la foto de Zuckerberg, Bezos y Musk en primera fila en la toma de posesión de Trump. 20 de enero: ahí decidí dejar X definitivamente. Horas más tarde, Musk hacía su inexcusable saludo fascista en una de sus primeras reacciones a la toma de posesión. Ya había tenido suficiente.
Sé que pensaréis, eres un ingenuo. Quedan muchas otras redes y son igual o peores (ya las he mencionado). Y tenéis razón. No voy a quedarme en X para "luchar". Es como un bar o un parque que te gusta mucho porque has pasado mucho tiempo ahí y conocido gente interesante, pero progresivamente es tomado por un montón de neonazis, y poco a poco la gente que te importa desaparece. Uno ahí no tiene nada que hacer. Lamentablemente es su coto y su cámara de eco. De ellos y de los que por ignorancia, ingenuidad o malicia siguen ahí. Pero, Josep, ¿sigues en FB, en IG...? Y la respuesta es sí. No tengo que justificarme. FB es para la familia y grupos de gente muy concreta: la verdad es que no interactúo más allá de eso. No leo el muro, no miro las actualizaciones. Publico alguna cosa, escribo o comparto enlaces en los sitios adecuados, y ya está. En IG lo mismo: mi cuenta personal es muy modesta y personal, no le importa a nadie. Y mi cuenta sobre juegos de mesa es más un sitio donde publicar e irse, no estoy muy al tanto de lo que dicen los demás. He terminado usando muchas de las redes como un contenedor donde dejar lo que hago, y ya está.
He leído ya la reacción de varias personas que han decidido, con este cambio obligado, repensar su papel en las redes. ¿Tiene sentido, tal como está, estar presente en las redes, nos lleva a algún sitio? El público está cada vez más disperso, y excepto las personas que mueven miles y miles (o centenares o millones) de seguidores, los que publicamos en las redes con algún afán (en mi caso, de divulgación), hemos visto como cada vez los lectores son menos, las interacciones merman, las estadísticas bajan y uno no puede estar constantemente tiranizado por las redes. Acabas trabajando para ellas. Esa esclavitud no la quiero. Me gusta escribir y no dejaré de hacerlo; saber que lo que uno escribe lo leen muy pocos es siempre un mazazo y motivo de consideración de dejarlo, pero repito, no podemos ser esclavizados por ello.
Tal vez, sólo tal vez, el viraje que han tomado los acontecimientos, con una gran parte de las redes moviéndose hacia posturas que no respetan los derechos fundamentales, que ponen en cuestión valores como la ciencia, la igualdad de los seres humanos, la democracia o la emergencia climática, llevará a una parte significativa de sus usuario de buscar nuevas (o viejas) formas de comunicarse. Una de las cosas que he leído es que quizá volvamos a la época de los blogs, de los feeds y de los boletines por correo. Personalmente me alegraría de ello, porque soy una persona que se maneja con las palabras. Me gusta leer y escribir. No me gusta Youtube como herramienta, no me gusta la preponderancia de la imagen en IG; ni siquiera tengo ni he tenido ni tendré Tiktok, me negué desde el principio a entrar en ese sumidero, consciente de que es donde ahora está el meollo de la acción. Me gusta leer y escribir, repito. Quiero posts, quiero artículos, quiero reflexión pausada, quiero comentarios, quiero gente pensando lo que escribe, quiero reflexiones argumentadas, llenas de significado.
Ya he escrito en otras ocasiones lo cansado que estoy del ritmo que nos impone el capitalismo y el mercado, en mi caso en el ámbito de las novedades literarias. Estoy cansado de la dictadura de las novedades, de tener siempre una pila enorme de lecturas que hacer para reseñar, cuando no es eso lo que quiero leer realmente, tener que leer y escribir contrarreloj, y lo peor: sentirse mal por no (poder) hacerlo. Estoy cansado de tener que llamar la atención constantemente de los lectores, de buscar la interacción y el engagement, de luchar contra las malas prácticas del clickbaiting que han abrazado hasta los "mejores" medios de comunicación. Todo el mundo parece haber entrado en la era Tiktok, en la que lo único que vale es un estímulo rápido, vacío, que apele a lo más básico (normalmente a un pecado capital: la ira -"mira qué dice este imbécil"-, la lujuria -"mira qué vídeo sube esta puta zorra"-, la gula -"mira qué brutal esta pizza de hamburguesa"- o una mezcla...), con el fin de vendernos algo, de una vista, de una interacción que alguien monetizará, una era en la que nosotros somos el producto. Conforme escribo me voy cabreando. Estoy hasta los cojones.
Ha llegado la hora de repensar cómo relacionarnos, qué ofrecer, qué esperar. Los tiempos nos lo ponen en bandeja. ¿Lo conseguiremos?
Me doy por satisfecho con las lecturas de 2024. He leído 45 libros; para que nadie se lleve a engaño, 15 eran títulos LIJ muy breves, 6 eran poesía y 2 teatro. He leído un poco de todo, aunque dos libros me han atascado bastante el avance, uno por su longitud (La guerra de las trincheras, lectura que me ocupó meses) y otro por su aridez relativa (¡Submarino...!).
Aunque entre los 45, como decía, hay novela, hay ensayo científico, entrevistas, reflexión pedagógica o filosofía, veréis que el top está copado, nuevamente, por mi interés por la divulgación histórica y la historia bélica.