11.4.20

Diario de lecturas (XXIII)

No sé si ya he comentado aquí que hace unos diez años empecé a interesarme por la literatura fantástica popular española, lo que se conoce como "bolsilibros", esos pequeños libros muy baratos que editaba Bruguera y que cuentan con decenas de miles (sin exagerar) de títulos. Seguro que vuestros abuelos tenían algún libro de Marcial Lafuente Estefanía por casa. No sé si hay tesis escrita sobre el tema, pero bien la valdría, porque hay una cantidad de material ingente sobre el que investigar (mi yo académico, siempre con ideas...). Bien, de manera que con los años he ido acumulando una colección modesta (si tenemos en cuenta el volumen total de libros que se publicó de todos los géneros); mis género favorito sin duda es el terror; también le doy bastante a la ciencia ficción (curiosamente no se editaron libros de fantasía heroica o medieval, habría que averiguar por qué... quizá simplemente no había lectores), pero en los últimos años también me he abierto a otros géneros, como el western (mejor si es weird western, pero eso es difícil de dilucidar sólo con la portada o el título), las historias de espías o las bélicas. A las románticas aún no me he atrevido.

A este último género llego a causa de un interés creciente en la Segunda Guerra Mundial surgido de jugar a Orquesta Negra, Secret Hitler, y Memoir 44 en mesa ut infra diximus, y de estar preparando un apasionante módulo para Pulp/Achtung Cthulhu, que espero que vea la luz para el final de la cuarentena, siendo generosos. Eso me llevó a buscar películas clásicas del género, ambientadas en este conflicto, o a seguir fanáticamente series pseudodivulgativas en canales temáticos como Ingeniería abandonada o Bases secretas nazis, que dan muchas ideas al menos para jugar a rol. 

Así que rebusco en mi colección de bolsilibros y descubro, ¡oh maravilla! que tengo un título de la colección Metralla, Los guerreros de la noche, de Rocco Sarto. Me apresuro a leerla, porque, como quizá sabréis, sólo son 95 páginas (siempre son 95 páginas) y siempre es una lectura ligera.

Y me encuentro con un libro muy bien escrito, al menos para los estándares de bolsilibro. Dos de mis autores favoritos de estas novelas son Curtis Garland y Joseph Berna. Mientras que el primero es un puro escritor pulp, el segundo escribe lo que viene a ser la versión literaria de las películas de destape de los 70 y los 80. Los libros de Berna son horribles, en ellos las chicas terminan indefectiblemente sin ropa, y con todo, el protagonista, que es un poco canalla, como si fuera una comedia de Lope siempre acaba casándose con la chica. Las novelas de Berna me gustan a pesar de ellas mismas, porque uno sabe lo que va a leer; Berna nunca decepciona porque el cumple lo que promete. Pero Rocco Sarto está a otro nivel.

Lo de Sarto es literatura que vuela más alto. Le gusta demorarse en la creación de un ambiente, en dotar a sus personajes de un marco creíble. En Los guerreros de la noche, la escena inicial nos lleva al París ocupado por los nazis, en una escena nocturna y lluviosa de manos de un tirador solitario. Los personajes no pueden desarrollarse mucho, pero se nota el esfuerzo de Sarto en hacerlos algo más que meras marionetas que se agitan al ritmo frenético de la acción. El autor utiliza un vocabulario amplio, a veces incluso sorprendente, y el uso de metáforas y comparaciones está mucho más trabajado que en otros autores. Al final puede que la anécdota del libro no pueda desarrollarse  demasiado, o que el deus ex machina o las coincidencias estén a la orden del día como características de este medio, pero me llevo una muy buena impresión de este autor. Ya he localizado otros títulos suyos en mi biblioteca. El próximo de ellos en caer será Asalto al planeta negro, de la colección Héroes del Espacio. Seguiremos informando.


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