10.4.20

Diario de la plaga: día 28

Ante todo, una reflexión que me surge: los que soñaban con una especie de postapocalipsis como en sus productos de ficción favoritos, habrán podido ensayar con esta versión softporn. ¿Nos han faltado los zombis?

Un mes de confinamiento y lo llevo bien. Han llegado las vacaciones de Semana Santa y, de esta manera, poder desconectar del trabajo, que falta me hacía. No por el trabajo en sí, si no por el cóctel explosivo que supone trabajar en casa dos adultos con dos niñas pequeñas. 

Esta imagen no se corresponde con la partida de la que hablo.
Intentamos eludir el tedio cuarenténico jugando una partida de El año tranquilo vía Whatsapp. Craso error. A pesar de haber quitado unas 18 cartas en total, la partida se hizo eterna (duró más de una semana), y nos íbamos olvidando de todo lo hecho, el mapa no se actualizaba, y al final del año tenía a algunos jugadores en medio del tedio, deseando que llegara el final. Por suerte el invierno no duró mucho. Como digo, mala idea jugar así; luego vinieron todos los palos para el sistema: que si es repetitivo, que si tiene pocas acciones... Estaba había sido mi tercera partida y sin duda fue la peor de todas. Todos los defectos que pueda tener el sistema, y que en otras partidas no cantaron tanto, se revelaron en esta forma forzada de jugar. Pero no creo que El año tranquilo sea un mal juego, al contrario: para mí sí tiene rejugabilidad y puede dar tanto de sí como los jugadores quieran (y eso que la ambientación que escogieron no era para nada tópica: quisieron ser un asentamiento en un exoplaneta que estaba a medio terraformar).

Siempre sigo en constante búsqueda de películas para todos los públicos para ver con mi hija mayor de siete años. Es bastante difícil si quieres evitar (o ya has visto) todo lo que es cine de animación, Disney, o ambas cosas a la vez. Hemos visto la mayoría de clásicos de los 80 y 90, y si veo que están de humor encasa me gusta hacer incursiones en el cine clásico. A veces las películas son un acierto (Jasón y los argonautas, La quimera del oro), a veces un gran fracaso (20.000 leguas de viaje submarino de 1954). Había leído una recomendación muy entusiasta sobre Capitanes intrépidos de 1937 y la puse esta semana.

Qué película más grande. Qué obra maestra del cine. No podía ser de otro director que Victor Fleming, el autor de El mago de Oz o Lo que el viento se llevó, adaptando un texto de Rudyard Kipling, de 1896 (ha pasado más tiempo, ¡el doble!, entre que se rodó la película y nuestro visionado, que desde que Kipling escribió el libro y Fleming lo versionó, ¿a veces estos cálculos no dan vértigo?). Un niño pijo, un pequeño mafioso casi, que lo tiene todo, hace un viaje en barco con su adinerado padre y cae por la borda. Es recogido por un barco pesquero en el que aprenderá de qué va la vida. Excepcional el personaje de Manuel, interpretado de forma magistral por Spencer Tracy (creo que le valió un Oscar), y todo un desfile de personajes carismáticos, redondos, que respiran de verdad. Una película emocionante, que te lleva a la vida de los marineros, y donde ves poco a poco el cambio del protagonista. Y el final, qué final. Arrasador. Si no lloras con ese final es que estás muerto. Con una forma de grabar, hace 73 años, que aún hoy parecería moderna, con grandes soluciones visuales... En fin, preciosa película, con un gran mensaje, llena de amor por la vida. Hay que ver esta película, poned a vuestros niños Capitanes intrépidos. Ha pasado la prueba del tiempo perfectamente.


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