10.8.15

Diario de lecturas (VIII)

Voy aprovechando el verano para liquidar algunos de los libros que tenía pendientes desde su caza en la Feria del Libro de Madrid. Los cristianimos derrotados me ha gustado bastante. Llevaba mucho tiempo buscando un libro así: una historia de los movimientos heterodoxos del cristianismo, y el historiador y experto Antonio Piñero no decepciona. El libro no es un ensayo fácil, pero sí muy interesante, sobre todo para entender cómo las disensiones dentro del cristianismo fueron muchas y sonadas casi desde su nacimiento, pasando de ser una tímida rama marginal del judaísmo a tener una sola voz con el paso de los siglos y los concilios, que fueron puliendo la teología oficial y arrinconando las heterodoxias.

Encontré en la caseta de Reino de Cordelia a Luis Alberto de Cuenca; y como no tengo ningún libro suyo firmado, y quería hablar con él, aunque sólo fuera un momento, compré El cuervo y otros poemas góticos. Muchos de los poemas incluidos en esta antología romántica y emblemático-sublime ya los había leído, pero en esta ocasión venían unidos temáticamente e ilustrados por Miguel Ángel Martín (artista, por otro lado, que no es de mi interés). Como siempre, De Cuenca demuestra estar en excelente forma poética, y el conjunto, que apela a los monstruos clásicos bien como metáfora del yo o de la relación del yo con los otros, es fantástico. Destaca el poema que da título a la compilación, una relectura del clásico de Poe en clave metapoética.

Finalmente, otro libro corto: Edgar Allan Poe y otros ensayos, de Rubén Darío. Efectivamente, el texto, que reúne sus perfiles del autor de Baltimore, junto a los del Conde de Lautréamont, León Bloy y Paul Verlaine, forma parte de Los raros, título que nunca he conseguido localizar. Darío selecciona aquí a cuatro malditos, cuatro heterodoxos geniales en los que, obviamente, se ve reflejado. Poe, divino y satúrnico, borracho pero clarividente, es uno de sus referentes. Sus cuentos de terror están directamente inspirados en él y es posiblemente el primero, o al menos, uno de los primeros, en reivindicarle en la espera hispana. Posiblemente Darío se ve representado en esa fatigosa lucha que Poe llevó contra el alcohol, porque él la sabe también suya. Pero, al contrario que él (o que Bloy o Verlaine), Poe no era creyente, una pulsión que reconoce en el Príncipe de la Poesía parisino y que le acompañaría a él en sus últimos años. De Lautreámont, Darío también es uno de los primeros en defender su obra en español (cuando el nicaragüense escribe, ni siquiera se conocía su auténtico nombre, Isidore Ducasse), pero alerta de la profunda oscuridad que alberga en su interior. Y de Bloy admira su capacidad de disidencia, de luchar contra viento y marea, y ser libre para opinar vehementemente (esto es, hasta el insulto). Los cuatro perfiles son muy breves, pero permiten conocer un poco mejor, más que a esos escritores, al propio Rubén.

Ah. Y un extra, del que obviamente volveré en Iconotropía: la reedición de Pies descalzos (Hadashi No Gen), de Keiji Nakazawa  la historia de supervivencia de Gen Nakaoka en la Hiroshima de la bomba atómica. Esta es, creo, la tercera vez que leo este manga. Y siempre que lo hago consigue emocionarme hasta las lágrimas. Increíble testimonio para legar a las futuras generaciones, no sólo sobre el sinsentido de la guerra, sino también sobre la mezquindad del ser humano y su capacidad de sobrevivir.
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